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Testimonios Selectos Tomo 2

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    Capítulo 24—Pedro librado de la cárcel

    Este capítulo está basado en Hechos 12.

    “Y en el mismo tiempo el rey Herodes echó mano a maltratar algunos de la iglesia.”2TS 140.1

    El gobierno de Judea estaba entonces en manos de Herodes Agripa, bajo Claudio, emperador romano. Herodes ocupaba también el puesto de tetrarca de Galilea. Profesaba ser prosélito de la fe judaica, y aparentaba mucho celo por seguir las ceremonias de la ley. Deseoso de obtener el favor de los judíos, y en la esperanza de asegurarse así sus cargos y honores, procedió a llevar a cabo los deseos de ellos persiguiendo la iglesia de Cristo, despojando de casas y bienes a los creyentes. Pues a Jacobo, hermano de Juan, en la cárcel, y mandó al verdugo matarle por espada, como otro Herodes había hecho decapitar al profeta Juan. Viendo que tales esfuerzos agradaban a los judíos, encarceló también a Pedro.2TS 140.2

    La muerte de Jacobo causó gran pesar y consternación entre los creyentes. Cuando Pedro también fué encarcelado, toda la iglesia se puso a orar y ayunar.2TS 140.3

    El acto de Herodes al dar muerte a Jacobo fué aplaudido por los judíos, aunque algunos se quejaron de la manera privada en que habíase llevado a cabo, aseverando que una ejecución pública habría intimidado más cabalmente a los creyentes y quienes simpatizaban con ellos. Herodes, por lo tanto, siguió custodiando a Pedro con la intención de complacer aun más a los judíos con el espectáculo público de su muerte. Pero hubo quienes sugirieron que no sería cosa segura sacar al veterano apóstol para ejecutarlo públicamente en Jerusalén. Temían que al verle ir a la muerte, la multitud se compadeciese de él.2TS 140.4

    Los sacerdotes y ancianos temían también que Pedro hiciese uno de esos poderosos llamados que con frecuencia habían incitado al pueblo a estudiar la vida y carácter de Jesús, llamamientos que ellos no habían podido rebatir con todos sus argumentos. El celo de Pedro en defensa de la causa de Cristo había inducido a muchos a decidirse por el evangelio, y los magistrados temían que si se le daba oportunidad de defender su fe en presencia de la multitud que había acudido a la ciudad para adorar, su liberación sería exigida del rey.2TS 141.1

    Mientras que, por diversos pretextos, la ejecución de Pedro fué postergada hasta después de la pascua, los miembros de la iglesia tuvieron tiempo para examinar profundamente sus corazones y orar con fervor. Oraban sin cesar por Pedro; porque les parecía que la causa no podría pasarlo sin él. Se daban cuenta de que habían llegado a un punto en que, sin la ayuda especial de Dios, la iglesia de Cristo quedaría destruida.2TS 141.2

    Finalmente fué señalado el día de la ejecución de Pedro, pero las oraciones de los creyentes siguieron ascendiendo al cielo; y mientras que todas sus energías y simpatías se expresaban en fervientes pedidos de ayuda, los ángeles de Dios velaban sobre el encarcelado apóstol.2TS 141.3

    Recordando cómo en ocasión anterior los apóstoles habían escapado de la cárcel, Herodes había tomado esta vez dobles precauciones. Para evitar toda posibilidad de que se le libertase, se había puesto a Pedro bajo la custodia de dieciséis soldados que, en diversas guardias, cuidaban de él día y noche. En su celda, había sido colocado entre dos soldados, y estaba ligado por dos cadenas, aseguradas a la muñeca de ambos soldados. No podía moverse sin que ellos lo supieran. Manteniendo las puertas cerradas con toda seguridad y delante de ellas una fuerte guardia, se había eliminado toda oportunidad de escapar por medios humanos. Pero la situación extrema del hombre es la oportunidad de Dios.2TS 141.4

    Pedro estaba encerrado en una celda cortada en la peña viva, cuyas puertas se hallaban atrancadas con fuertes cerrojos y barras; y los soldados de guardia eran responsables de la custodia de su preso. Pero los cerrojos y las barras y la guardia romana, que eliminaban eficazmente toda posibilidad de ayuda humana, estaban destinadas a hacer más completo el triunfo de Dios en la liberación de Pedro. Herodes estaba alzando la mano contra el Omnipotente, y había de resultar totalmente derrotado. Por la manifestación de su poder, Dios iba a salvar la preciosa vida que los judíos se proponían quitar.2TS 142.1

    Ya llegó la noche precedente a la propuesta ejecución. Un poderoso ángel es enviado del cielo para rescatar a Pedro. Las pesadas puertas que guardan al santo de Dios se abren sin ayuda de manos humanas. Pasa el ángel del Altísimo, y las puertas se cierran sin ruido tras él. Entra en la celda, donde yace Pedro, durmiendo el apacible sueño de la confianza perfecta.2TS 142.2

    La luz que rodea al ángel llena la celda, pero no despierta al apóstol. Antes de sentir el toque de la mano angélica y oir una voz que le dice: “Levántate prestamente,” no se despierta lo suficiente para ver su celda iluminada por la luz del cielo, y a un ángel de gloria de pie delante de él. Mecánicamente obedece la palabra que se le dirige, y mientras se levanta y alza las manos, se da vagamente cuenta de que las cadenas han caído de sus muñecas.2TS 142.3

    La voz del mensajero celestial le vuelve a decir: “Cíñete, y átate tus sandalias,” y Pedro vuelve a obedecer mecánicamente, con la asombrada mirada fija en el visitante, y creyendo estar soñando o en una visión. Una vez más el ángel ordena: “Rodéate tu ropa, y sígueme.” Se dirige hacia la puerta, seguido por Pedro, tan locuaz de costumbre, ahora mudo de asombro. Pasan por encima de la guardia, y llegan a la pesada puerta cerrada con cerrojos, la cual se abre de por sí, y vuelve a cerrarse inmediatamente, mientras que los guardas de adentro y afuera están inmóviles en sus puestos.2TS 142.4

    Llegan a la segunda puerta, también guardada de adentro y de afuera. Se abre como la primera, sin chirrido de goznes ni ruido de cerrojos. Ellos pasan, y vuelve a cerrarse silenciosamente. De la misma manera pasan por la tercera puerta, y se encuentran en la calle abierta. Ni una palabra es pronunciada; ni se oyen pisadas. El ángel se desliza adelante, rodeado de un deslumbrante esplendor, y Pedro, aturdido, y aun creído de que está soñando, sigue a su libertador. Así pasan por una calle, y luego, cumplida la misión del ángel, éste desaparece súbitamente.2TS 143.1

    La luz celestial se desvanece, y Pedro se encuentra en profundas tinieblas; pero a medida que sus ojos se acostumbran a ellas, parecen disminuir gradualmente, y descubre que se halla solo en la calle silenciosa, recibiendo el frío soplo del aire nocturno en la frente. Se da cuenta de que está libre, en una parte conocida de la ciudad; reconoce el lugar que a menudo ha frecuentado, y por el que esperaba pasar por última vez a la mañana siguiente.2TS 143.2

    Entonces trató de recordar los sucesos de los pocos momentos pasados. Recordó que se había dormido, atado entre dos soldados, despojado de sus sandalias y ropa exterior. Examinó su persona, y vió que estaba completamente vestido y ceñido. Sus muñecas, hinchadas por efecto de los crueles hierros, estaban libres de cadenas. Se percató de que su libertad no era un engaño, ni un sueño ni visión, sino una bendita realidad. Por la mañana había de ser llevado a la ejecución; pero he aquí que un ángel le había librado de la cárcel y de la muerte. “Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo el pueblo de los judíos que me esperaba.”2TS 143.3

    El apóstol se dirigió en seguida a la casa donde estaban reunidos sus hermanos, y donde en ese mismo momento estaban orando fervientemente por él. “Y tocando Pedro a la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar, llamada Rhode: la cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo, sino corriendo adentro, dió nueva de que Pedro estaba al postigo. Y ellos le dijeron: Está loca. Mas ella afirmaba que así era. Entonces ellos decían: Su ángel es.2TS 144.1

    “Más Pedro perseveraba en llamar: y cuando abrieron, viéronle, y se espantaron. Mas él haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel.” Y Pedro “salió, y partió a otro lugar.” El gozo y la alabanza llenaron los corazones de los creyentes, porque Dios había oído y contestado sus oraciones, y había librado a Pedro de las manos de Herodes.2TS 144.2

    Cuando tuvo noticia del libramiento de Pedro, Herodes quedó exasperado y enfurecido. Acusando de infidelidad a los guardas de la cárcel, ordenó que se les diese muerte. Herodes sabía que ningún poder humano había rescatado a Pedro, pero estaba resuelto a no reconocer que un poder divino había frustrado su designio, y desafió insolentemente a Dios.2TS 144.3

    Poco después que Pedro fuera librado de la cárcel, Herodes fué a Cesarea. Mientras estaba allí, dió una gran fiesta, con el fin de suscitar la admiración y conquistar el aplauso del pueblo. A esta fiesta asistieron los amadores de placeres de muchos lugares, y se banqueteó mucho y bebió mucho vino. Con gran pompa y ceremonia se presentó Herodes ante el pueblo, y se dirigió a él en un elocuente discurso. Vestido de un manto resplandeciente de plata y oro, que reflejaba los rayos del sol en sus relumbrantes pliegues, y deslumbraba los ojos de los espectadores, era de imponente figura. La majestad de su aspecto y la fuerza de sus palabras bien escogidas ejercieron poderoso influjo sobre la asamblea. Sus sentidos estaban ya pervertidos por la gula y el vino, y se quedaron deslumbrados por los atavíos de Herodes y encantados por su porte y oratoria; de manera que con frenético entusiasmo, le tributaron adulación, declarando que ningún mortal podía presentar tal aspecto y disponer de tan sorprendente elocuencia. Dijeron, además, que aunque siempre le habían respetado como gobernante, de ahora en adelante le adorarían como dios.2TS 144.4

    Algunos de aquellos cuya voz estaba ahora glorificando a un vil pecador, habían elevado, tan sólo pocos años antes, el clamor frenético: ¡Quita a Jesús! ¡Crucifícale, crucifícale! Los judíos se habían negado a recibir a Jesús, cuyas vestiduras, bastas y a menudo sucias del viajar, cubrían un corazón lleno de amor divino. Sus ojos no podían discernir, bajo el exterior humilde, al Señor de vida y gloria, aun cuando el poder de Cristo se había revelado ante ellos en obras que ningún hombre podía hacer. Pero estaban dispuestos a adorar como dios al altanero rey, cuyos magníficos vestidos de plata y oro cubrían un corazón corrompido y cruel.2TS 145.1

    Herodes sabía que no merecía ninguna de las alabanzas y homenajes que se le tributaban, y sin embargo aceptó la idolatría del pueblo como si le fuera debida. Su corazón latía locamente de triunfo, y una expresión de orgullo satisfecho se notaba en su semblante, mientras oía el clamor: “Voz de dios, y no de hombre.”2TS 145.2

    Pero de repente le sobrecogió un cambio espantoso. Su rostro se puso pálido como la muerte, y convulsionado por la agonía. Gruesas gotas de sudor brotaron de sus poros. Quedó un momento de pie como transido de dolor y terror; luego, volviendo su semblante lívido hacia sus horrorizados amigos, exclamó en tono hueco de desesperación: Aquel que ensalzasteis como dios está herido de muerte.2TS 146.1

    Se le sacó de la escena de orgía y pompa sufriendo la angustia más torturante. Instantes antes había recibido alabanzas y culto de una vasta muchedumbre; ahora se daba cuenta de que se hallaba en las manos de un Gobernante mayor que él. Se sintió invadido de remordimiento: recordó su implacable persecución de los discípulos de Cristo; su cruel orden de matar al inocente Jacobo, y su propósito de dar muerte al apóstol Pedro; recordó cómo en su mortificación e ira frustrada había ejercido una venganza irrazonable contra los guardas de la cárcel. Sintió que Dios estaba obrando con él, el perseguidor implacable. No hallaba alivio del dolor corporal ni de la angustia mental, ni esperaba recibirlo.2TS 146.2

    Herodes conocía la ley de Dios que dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí;” 1Éxodo 20:3. y sabía que al aceptar la adoración del pueblo, había llenado la medida de su iniquidad, y atraído sobre sí la justa ira de Jehová.2TS 146.3

    El mismo ángel que había bajado de los atrios celestiales para librar a Pedro, había sido mensajero de ira y juicio para Herodes. El ángel hirió a Pedro para despertarle de su sueño; pero fué con un golpe diferente cómo hirió al perverso rey, humillando su orgullo y haciendo caer sobre él el castigo del Todopoderoso. Herodes murió en gran agonía mental y corporal, bajo el justo castigo de Dios.2TS 146.4

    Esta demostración de la justicia divina tuvo una poderosa influencia sobre el pueblo. Fueron propagadas por todos los países las nuevas de que el apóstol de Cristo había sido librado de la cárcel y de la muerte mientras que su perseguidor había sido herido por la maldición de Dios, y ellas constituyeron el medio de conducir a muchos a creer en Cristo.2TS 147.1

    La experiencia de Felipe, dirigido por un ángel del cielo para que fuese adonde había de encontrarse con uno que buscaba la verdad; la de Cornelio, visitado por un ángel que le llevó un mensaje de Dios; de Pedro que, encarcelado y condenado a muerte, fué sacado a un lugar seguro por un ángel; todos estos casos demuestran cuan íntima es la relación que existe entre el cielo y la tierra.2TS 147.2

    El recuerdo de estas visitas angélicas debe proporcionar fuerza y valor a aquel que trabaja por Dios. Hoy día, tan ciertamente como en el tiempo de los apóstoles, los mensajeros celestiales recorren toda la anchura y longitud de la tierra, tratando de consolar a los tristes, proteger a los impenitentes, ganar los corazones de los hombres a Cristo. No podemos verlos personalmente; pero no obstante ellos están constantemente con nosotros, para dirigirnos, guiarnos y protegernos.2TS 147.3

    El cielo se acerca a la tierra por esa escalera mística, cuya base está firmemente plantada en la tierra, mientras que su cumbre llega al trono del Infinito. Los ángeles están constantemente ascendiendo y descendiendo por esta escalera 2Esta escalera es Cristo. Véase Génesis 28:12, 13; Juan 1:51. de deslumbrante resplandor, llevando las oraciones de los menesterosos y angustiados al Padre celestial, y trayendo bendición y esperanza, valor y ayuda, a los hijos de los hombres. Esos ángeles de luz crean una atmósfera celestial en derredor del alma, elevándonos hacia lo invisible y eterno.2TS 147.4

    “El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende.” 3Salmos 34:7. Dios envía a sus ángeles a salvar a sus escogidos de la calamidad, a protegerlos de “pestilencia que ande en obscuridad,” y de “mortandad que en medio del día destruya.” 4Salmos 91:6. Repetidas veces los ángeles han hablado con los hombres como un hombre habla con su amigo, y los han guiado a lugares seguros.2TS 148.1

    La obra de los ángeles consiste en acercarse a los que son probados, sufren o son tentados. Trabajan incansablemente en favor de aquellos por quienes Cristo murió. Se lleva al cielo informe de todo esfuerzo que de nuestra parte hagamos con éxito para despejar las tinieblas y difundir el conocimiento de Cristo. Y al ser relatado el hecho delante del Padre, el gozo conmueve a toda la hueste celestial.2TS 148.2

    Los principados y las potestades de los cielos están contemplando la guerra que, bajo circunstancias aparentemente desalentadoras, están riñendo los siervos de Dios. Se verifican nuevas conquistas, se ganan nuevos honores a medida que los cristianos, congregándose en derredor del estandarte de su Redentor, salen a pelear la buena batalla de la fe. Todos los ángeles celestiales están al servicio de los humildes y creyentes hijos de Dios; y cuando el ejército de obreros canta aquí en la tierra sus himnos de alabanza, el coro celestial se une a él para tributar loor a Dios y a su amadísimo Hijo.2TS 148.3

    Necesitamos comprender más plenamente la misión de los ángeles. Sería bueno recordar que cada verdadero hijo de Dios cuenta con la cooperación de los seres celestiales. Ejércitos invisibles de luz y poder acompañan a los mansos y humildes que creen y aceptan las promesas de Dios. Hay a la diestra de Dios querubes y serafines, y ángeles poderosos en fortaleza, y “son todos espíritus administradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de salud.” 5Hebreos 1:14.2TS 149.1

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