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Mensajes Selectos Tomo 2

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    La pretensión de estar sellados y de ser santos

    En 1850 mi esposo y yo visitamos Vermont, Canadá, Nueva Hampshire y Maine. Celebramos las reuniones en forma privada. Por ese tiempo resultaba prácticamente imposible tener acceso a los no creyentes. El chasco de 1844 había confundido las mentes de muchos, y no querían escuchar ninguna explicación sobre el tema. Estaban impacientes y eran incrédulos, y muchos parecían rebeldes y se manifestaban decididamente contra su pasada experiencia adventista. Otros no se atrevían a hacer eso y no negaban la forma en que el Señor los había conducido. Estos se alegraban de oír presentar argumentos de la Palabra de Dios que armonizaran nuestra posición con la historia profética. Al escuchar una explicación del chasco que había resultado tan amargo para ellos, vieron que en realidad Dios los guiaba, y se alegraron de la verdad. Esto suscitó la más tremenda oposición de parte de los que negaban nuestra experiencia pasada.2MS 30.1

    Pero había un elemento peor aún, al que debíamos hacer frente en la clase de personas que pretendían estar santificadas, que afirmaban que no podían pecar, que estaban selladas, que eran santas y que todas sus impresiones y nociones constituían los pensamientos de Dios. Hubo almas concienzudas que fueron engañadas por la fingida piedad de estos fanáticos. Satanás había obrado arteramente para conseguir que esas personas engañadas aceptasen el sábado, porque mediante su influencia, ejercida mientras pretendían creer una parte de la verdad, él podía abrumar a la gente con muchos errores. También podía utilizarlos con ventaja para disgustar a los no creyentes, quienes sindicaban como adventistas a esas personas inconsecuentes e irrazonables. Esta clase de gente impuso a los creyentes pruebas y cruces de manufactura humana, las cuales Cristo no les había pedido que llevaran.2MS 30.2

    Pretendían sanar a los enfermos y hacer milagros. Tenían un poder Satánico y fascinador, y sin embargo eran despóticos, dictatoriales y cruelmente opresivos. El Señor nos utilizó como instrumento para reprobar a esos fanáticos y para abrir los ojos de su pueblo fiel a fin de que viese el verdadero carácter de su obra. El gozo y la paz inundaron los corazones de los que rompieron con este engaño satánico, y glorificaron a Dios al ver su infalible sabiduría manifestada al poner ante ellos la luz de la verdad y al contrastar sus frutos preciosos con las herejías y los engaños de Satanás. La verdad brilló en contraste con estos engaños como oro puro en medio de la escoria.—The Review and Herald, 20 de noviembre de 1883.2MS 31.1

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