Larger font
Smaller font
Copy
Print
Contents

Mensajes Selectos Tomo 2

 - Contents
  • Results
  • Related
  • Featured
No results found for: "".
    Larger font
    Smaller font
    Copy
    Print
    Contents

    Apéndice 2—Factores importantes en la elección de cónyuge

    (Una declaración de los fideicomisarios de la Corporación Editorial Elena G. de White)

    En la sección “Una palabra al lector”, que aparece en los dos tomos de MENSAJES SELECTOS, se ha visto que ambos libros están constituidos por consejos, dados a través de los años, que habían llegado a los miembros de la iglesia por medio de folletos, de artículos publicados en periódicos y en la forma de mensajes mecanografiados, pero que no se encuentran en los nueve tomos de Testimonies, publicados por Elena G. de White antes de su muerte. La edición inglesa de Selected Messages que apareció en 1958 ha proporcionado a la iglesia un conjunto de consejos oportunos. En los tres tomos del Comprehensive Index to the Writings of Ellen G. White aparecen referencias a este material.2MS 545.1

    Una cantidad de páginas de estos dos tomos, y muchas páginas de los demás libros de Elena G. de White, y además, no pocos de los testimonios personales dirigidos a diferentes individuos, se refieren al importante asunto de la elección de cónyuge. Estos consejos establecen principios atinentes a la felicidad y el éxito en el matrimonio, y a la felicidad y el bienestar de los hijos. Estos también señalan situaciones que pueden dificultar el éxito de la unión conyugal. La Sra. de White asegura que “Jesús quiere ver matrimonios y hogares felices”. El hogar adventista, 85. En otro de sus libros, ella exhorta: “La elección de esposo o de esposa debe ser tal que asegure del mejor modo posible el bienestar físico, intelectual y espiritual de padres e hijos”.—El Ministerio de Curación, 276.2MS 545.2

    Estos pasajes recuerdan constantemente a la iglesia cuál debe ser la influencia del hogar. La Sra. de White instó a los que pensaban unirse en matrimonio a considerar seriamente la influencia de la unión que esperaban realizar. Los contrayentes debían dejar de lado el egoísmo, la codicia y las decisiones carentes de perspicacia. (Véase la nota de pie de página.) Exhortó a hombres y mujeres que planeaban casarse a “distinguir entre lo que es agradable y lo que es provechoso”. Carta 4, 1901. Observó que “de la hora de su casamiento data para muchos hombres y mujeres el éxito o el fracaso en esta vida, así como sus esperanzas para la venidera”.—EEl hogar adventista, 34.2MS 545.3

    La sierva del Señor sostuvo que la compatibilidad tiene una importancia fundamental en la felicidad del matrimonio. Escribió, además, que “una vida miserable” puede ser el resultado de una unión de dos personas “que no se adaptan el uno al otro”. Historia de los Patriarcas y Profetas, 187. En un mensaje dirigido a los jóvenes, ella declaró: “Hoy está el mundo lleno de miserias y pecado a consecuencia de los matrimonios mal concertados. En muchos casos se requieren sólo pocos meses para que el esposo o la esposa se percaten de que sus temperamentos nunca podrán armonizar y el resultado es que reina en el hogar la discordia, cuando sólo deberían existir el amor y la armonía del cielo”.—Mensajes para los Jóvenes, 450.2MS 546.1

    Ella advirtió contra la “gran disparidad de edad” entre los que pensaban casarse, la que podía acarrear “una grave alteración de salud para el más joven”, y podía perjudicar a los hijos, en su vigor físico e intelectual”.—El Ministerio de Curación, 276.2MS 546.2

    La Sra. de White destacó como factor importante el estado de salud de los que piensan casarse. “Hombres enfermos con frecuencia han ganado los afectos de mujeres que aparentemente estaban sanas, y porque se amaban mutuamente se sentían con total libertad de casarse, sin que uno ni otro considerasen que mediante su unión la esposa tendría que soportar sufrimiento a causa de la enfermedad del marido”. Y a continuación ella lleva este asunto a su conclusión lógica: “Si esto afectase únicamente a los que participan en el matrimonio, el pecado no sería tan grande. Pero obligan a sus hijos a sufrir a causa de las enfermedades que les transmiten” (Véase la página 487 de este tomo de MENSAJES SELECTOS).2MS 546.3

    La capacidad de los contrayentes para mantenerse en buena condición financiera también fue presentada por la Sra. de White como un requisito para el éxito en el matrimonio. Señaló que hay quienes “no han adquirido una propiedad”, y que no poseen “fortaleza física o energía mental para adquirir una propiedad”, “que han tenido apuro por casarse y han asumido responsabilidades cuya importancia desconocían”. Pero son los hijos los que con frecuencia sacan la peor parte, porque “los que tienen serias deficiencias en su capacidad para sus negocios y que están menos capacitados para abrirse paso en el mundo, por lo general llenan su casa de hijos”, los que “no son alimentados y vestidos adecuadamente, y no reciben educación física ni mental” (Véanse las p. 484 y 485 de este tomo).2MS 546.4

    Hay otro asunto que fue objeto de consejos. Se trata del casamiento de hombres y mujeres que tienen diferencias étnicas y culturales. Este tema se presentó cuatro veces en manuscritos y publicaciones. Dos de las cuatro declaraciones acerca de este punto aparecen en este volumen, en las p. 394 y 395. Estas fueron escritas en 1896 y en 1912, y se eligieron para ser publicadas en este volumen porque presentan los principios básicos implicados, y de ese modo muestran cuál es la razón por la que no hay que estimular tales matrimonios. Se declara que estas uniones pueden crear fácilmente “controversias y confusión”. Otra razón que ella señaló para desalentar tales casamientos parece ser la “desventaja” que éstos imponen sobre los descendientes, lo que puede llevar a los hijos a sentir “rencor hacia los padres que les dieron esa herencia para toda la vida”.*En cuanto a las otras dos declaraciones concernientes a los matrimonios mixtos, la primera aparece como núcleo de un mensaje fundamental presentado por Elena G. de White, el 21 de marzo de 1891, a los dirigentes de la iglesia, en el que ella los instaba a trabajar en favor de la gente de color de los Estados Unidos. (Quien se interese en esta declaración, puede encontrarla en toda su extensión en The Southern Work, 9-18, edición de 1966.) En ella la sierva del Señor estableció con rasgos inequívocos la fraternidad de todos los seres humanos, y dijo claramente que en el culto todos estaban en igualdad delante de Dios. Al mismo tiempo dio una advertencia. En esta declaración, leída por ella ante los dirigentes de la iglesia, encontramos estas líneas:
    “Como iglesia, somos culpables de pecado porque no hemos realizado más esfuerzo en favor de la salvación de las almas entre la gente de color... No tenéis permiso de Dios para excluir a la gente de color de vuestros lugares de culto. Tratadlos como propiedad de Dios, porque lo son tanto como vosotros mismos. Deberían ser miembros de la iglesia juntamente con los hermanos blancos. Habría que realizar todo el esfuerzo posible para borrar el terrible mal que se les ha causado. Al mismo tiempo no deberíamos llevar las cosas a los extremos y tornarnos fanáticos en relación con esto. Habrá algunos que pensarán que es conveniente derribar toda muralla de separación y hablarán de casarse con gente de color, pero esto no es lo que debe enseñarse o predicarse”. The Southern Work, 15, edición de 1966.
    La otra presentación acerca de este punto se encuentra en una carta escrita el 8 de enero de 1901, que contiene un consejo dado a un joven cuyos planes se habrían concretado en el casamiento de una persona de raza caucásica con otra de raza negra. Los consejos que dió en esa oportunidad son similares a los contenidos en su comunicación de 1912, y que aparecen en la página 395 de este volumen. Pero Elena G. de White afiade expresiones dignas de que sean objeto de meditación:
    “No se una en matrimonio con una señorita que luego tendrá motivo para lamentar para siempre el paso dado...
    “Oh, cuán codiciosos, egoístas y faltos de percepción son los seres humanos. Desconfíe de su propio juicio y dependa del juicio de Dios. Distinga entre lo que es agradable y lo que es provechoso. Cumpla sumisamente la voluntad de Dios. Si Ud. va en pos de sus propios caminos y si obedece su propia voluntad, encontrará espinas y cardos” Elena G. de White—Carta 4, 1901.
    2MS 547.1

    Aunque estos cuatro mensajes que contienen palabras de consejo fueron escritos en un momento definido, para hacer frente a ciertas situaciones que imperaban en una zona geográfica particular, ¿no podrían servir, sin embargo, para alertar a los que piensan casarse, con relación a circunstancias y factores que podrían poner en peligro la unión conyugal y legar a los hijos una herencia debido a la cual algunos se sentirán agraviados?2MS 548.1

    Estos consejos figuran entre los que se han dado al creyente con respecto a una experiencia significativa que tiene abarcantes proyecciones en la vida, y señalan un proceder que contiene en menor grado factores que podrían conducir a problemas angustiosos y que podrían perjudicar o destruir la unión conyugal. Tal como dice Elena G. de White: “Jesús quiere ver matrimonios y hogares felices”.2MS 548.2

    Las declaraciones repetidas, formuladas por Elena G. de White oralmente y en sus escritos, muestran claramente que de ninguna manera se trata de una desigualdad entre las razas. Ella siempre sostuvo que existe una estrecha fraternidad entre todos los seres humanos, y que en los libros del cielo el nombre de una persona perteneciente a una raza está junto al nombre de otra persona perteneciente a otra raza. Léase cuidadosamente el Apéndice 3, titulado: “La fraternidad de los seres humanos”.—Los fideicomisarios.2MS 548.3

    Larger font
    Smaller font
    Copy
    Print
    Contents