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Mensajes Selectos Tomo 2

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    Todos deberían saber que hacer por sí mismos

    Su pregunta es: ... “En casos urgentes ¿deberíamos llamar a un médico mundano debido a que los médicos del hospital están tan ocupados que no disponen de tiempo para dedicar a los pacientes de afuera?”... Si los médicos están tan ocupados que no pueden tratar a los enfermos fuera de la institución, sería más conveniente que todos se educasen en el uso de remedios sencillos, que arriesgarse a emplear drogas que se expenden con nombres muy largos para ocultar sus verdaderas cualidades. Nadie necesita ignorar los remedios de Dios: fomentos con agua caliente y compresas de agua caliente y fría. Es importante familiarizarse con el beneficio de una dieta en caso de enfermedad. Todos deberían saber qué hacer por sí mismos. Pueden llamar a alguien que entienda de enfermería, pero cada uno debería tener un conocimiento cabal de la morada en que vive. Todos deberían saber qué hacer en caso de enfermedad.2MS 332.2

    Si yo estuviera enferma, no estaría más dispuesta a llamar a un médico practicante de la medicina en general de lo que estaría a llamar a un abogado.*La Sra. White se refiere aquí al “practicante general” de 1897, en las regiones apartadas de Australia, desde donde escribió estas palabras. El lector debe recordar que, hasta la segunda década del siglo veinte, la preparación de los médicos no estaba sometida, en general, a regulaciones, y con frecuencia era escasa. Con frecuencia se trataba de aprendices respaldados, en el mejor de los casos, por un corto período de preparación en una escuela de medicina más o menos ortodoxa. La profesión médica carecía de normas bien establecidas. El recurso principal en las medicaciones del médico ordinario consistía en drogas tóxicas, a menudo prescriptas en grandes dosis.
    Los hechos siguientes demuestran positivamente que las declaraciones de la Sra. White no deberían utilizarse para descalificar la labor de los médicos de formación seria y que practican concienzudamente su profesión:
    1. Sus numerosas declaraciones acerca de la elevada vocación y las serias responsabilidades del médico.
    2. Su práctica de consultar a médicos calificados, según testimonios de documentos publicados y de miembros de su familia.
    3. Su consejo a una obrera asociada que estaba enferma, instándola a que “dejara que los médicos” “hiciesen [por ella] lo que debía hacerse” (véanse las p. 287-332 de este volumen), y a que comiera, “porque su médico terrenal quiere que coma” (pp. 289).
    4. Sus numerosos consejos dirigidos a médicos practicantes, presentados en El ministerio de curación, Counsels on Health [Consejos sobre la salud] y Medical Ministry [El ministerio médico].
    5. La dirección procedente de su pluma en el establecimiento de una facultad de medicina en Loma Linda, destinada a proporcionar “una educación médica que capacite” a sus egresados “para aprobar los exámenes requeridos por la ley a todos los que se desempeñan como médicos adecuadamente calificados” (Elena G. de White, Manuscrito 7, 1910 [publicado en el Pacific Union Recorder, 3 de febrero de 1910]). (Véase The Story of Our Health Message [La historia de nuestro mensaje de salud], pp. 386; 1955).
    No tocaría sus remedios secretos, a los que dan nombres en latín. Estoy decidida a saber, en claro inglés, el nombre de cada cosa que introduzca en mi organismo.
    2MS 332.3

    Los que convierten la ingestión de drogas en una práctica, pecan contra su inteligencia y ponen en peligro toda su vida futura. Hay hierbas que son inofensivas, cuyo uso ayudará a superar muchas dificultades aparentemente serias. Pero si todos se preocupasen de tener un conocimiento aceptable de sus necesidades corporales, la enfermedad sería rara en vez de ser tan común. Una onza de prevención vale más que una libra de cura (Manuscrito 86, 1897 [Manuscrito General, “Los principios de la reforma pro salud”, escrito en Cooranbong, Australia]).2MS 333.1

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