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Mensajes Selectos Tomo 2

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    La obra de Dios se caracteriza por la serenidad y la dignidad

    HACE dos semanas, mientras escribía, mi hijo W. C. White entró en mi habitación y declaró que había dos personas que deseaban hablar conmigo. Bajé las escaleras hasta la sala de recibo, y ahí encontré a un hombre y a su esposa que afirmaban obedecer la Palabra de Dios y creer en los testimonios. Habían tenido una experiencia inusitada durante los dos o tres años pasados. Parecían ser gente sincera.2MS 46.5

    Escuché mientras referían algunas de sus experiencias, y luego les dije algo acerca de la obra que tuvimos que hacer para enfrentar y oponernos al fanatismo poco después de transcurrida la fecha cuando esperábamos ver a nuestro Señor. Durante esos días difíciles algunos de nuestros creyentes más preciados fueron conducidos al fanatismo. Luego les dije que antes del fin veríamos extrañas manifestaciones protagonizadas por aquellos que profesaban ser dirigidos por el Espíritu Santo. Algunos considerarán como algo de mucha importancia estas manifestaciones peculiares, que no proceden de Dios, pero que están calculadas para apartar las mentes de muchos de la enseñanza de la Palabra.2MS 47.1

    En esta etapa de nuestra historia debemos tener mucho cuidado de precavernos contra todo lo que sepa a fanatismo y desorden. Debemos precavernos contra todas las manifestaciones peculiares que podrían excitar la mente de los no creyentes, y conducirlos a pensar que como pueblo nos dejamos guiar por el impulso y nos complacemos en el ruido y la confusión acompañados de conductas extravagantes. En los últimos días, el enemigo de la verdad presente producirá manifestaciones que no están en armonía con la dirección del Espíritu, sino que tienen el propósito de descarriar a aquellos que están listos a aceptar cualquier cosa nueva y extraña.2MS 47.2

    Dije a este hermano y a su esposa que la experiencia que yo había tenido en mi juventud, poco después de transcurrida la fecha de 1844, me había conducido a ser sumamente precavida en la aceptación de cualquier cosa parecida a lo que en aquel tiempo enfrentamos y reprochamos en el nombre del Señor.2MS 47.3

    No podría infligirse un daño mayor a la obra de Dios en esta época que el que le causaríamos si permitiésemos que se introdujera en nuestras iglesias un espíritu de fanatismo acompañado por conductas extrañas, que se considerarían equivocadamente como la obra del Espíritu de Dios.2MS 47.4

    A medida que este hermano y su esposa referían sus experiencias, que ellos pretendían haber tenido como resultado de haber recibido el Espíritu Santo con poder apostólico, tuve la impresión de que se trataba de una copia de aquello a lo cual habíamos tenido que hacer frente y corregir en nuestros primeros días de existencia.2MS 48.1

    Hacia el final de nuestra entrevista, el Hno. L propuso que oráramos juntos, pensando que posiblemente durante la oración su esposa experimentaría aquello que me habían descrito, y que entonces yo estaría en condiciones de discernir si eso procedía del Señor o no. No pude consentir en ello, porque se me ha indicado que cuando una persona ofrece exhibir tales manifestaciones peculiares, eso constituye una clara evidencia de que no se trata de la obra de Dios.2MS 48.2

    No debemos permitir que estos incidentes nos desanimen. De tiempo en tiempo nos veremos frente a casos tales. No demos lugar a ejercitaciones extrañas que ciertamente alejan la mente de la dirección profunda del Espíritu Santo. La obra de Dios se ha caracterizado siempre por la serenidad y la dignidad. No podemos permitirnos aprobar ninguna cosa que produzca confusión y debilite nuestro fervor con respecto a la gran obra que Dios nos ha encomendado realizar en el mundo, a fin de prepararlo para la segunda venida de Cristo.—Carta 338, 1908.2MS 48.3