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Testimonios para la Iglesia, Tomo 5

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    Una exhortación

    Me lleno de tristeza cuando pienso en nuestra condición como pueblo. El Señor no nos ha cerrado el cielo, pero nuestro propio comportamiento extraviado nos ha separado de Dios. El orgullo, la codicia y el amor del mundo han vivido en el corazón, sin temor a ser descartados o condenados. Pecados graves y presuntuosos han encontrado cabida entre nosotros; y, sin embargo, la opinión general es que la iglesia está floreciente y rodeada de paz y prosperidad espiritual por todos sus contornos.5TPI 201.2

    La iglesia ha dejado de seguir a Cristo, su Guía, y con paso firme sigue su retiro hacia Egipto. Sin embargo, son pocos los que se alarman y asombran por su falta de poder espiritual. La duda, y aun el descreimiento de los testimonios del Espíritu de Dios, leudan la iglesia por todos lados. Así lo prefiere Satanás. Los ministros que predican el yo en lugar de Cristo lo prefieren así. Los testimonios no se leen, ni se aprecian. Dios os ha hablado. De su Palabra y de los testimonios, la luz ha brillado, y ambos han sido menospreciados y desatendidos. El resultado se ve claro en la falta entre nosotros de pureza, dedicación y fe fervorosa.5TPI 201.3

    Pregúntese cada cual en su corazón: “¿Cómo hemos caído en este estado de debilidad y disensión espiritual? ¿No hemos traído sobre nosotros mismos el enojo de Dios porque nuestras acciones no corresponden con nuestra fe? ¿No hemos estado buscando el aplauso del mundo en lugar de la presencia de Cristo y un conocimiento más profundo de su voluntad? Examinad vuestros propios corazones, juzgad vuestra propia conducta. Tomad en cuenta la compañía que escogéis. ¿Procuráis asociaros con mundanos, compañeros que no temen a Dios ni obedecen el Evangelio?5TPI 202.1

    Vuestra recreación, ¿es de tal índole que imparta vigor moral y espiritual? ¿Os conduce hacia la pureza de pensamiento y acción? La impureza cunde hoy por doquiera, hasta entre los profesos seguidores de Cristo. Hay un desenfreno de pasiones; las inclinaciones animales se fortalecen al complacerlas, mientras que la fuerza moral constantemente se debilita. Muchos participan asiduamente en diversiones mundanales y desmoralizadoras prohibidas por la Palabra de Dios. De esta manera cortan su vínculo con Dios y se unen a las filas de los amadores de placeres del mundo. Los pecados que causaron la destrucción de los antediluvianos y de las ciudades del valle existen hoy, no solamente en los países paganos, no sólo entre los que profesan un cristianismo popular, sino entre algunos de los que profesan la esperanza del retorno del Hijo del hombre. Si Dios os confrontase con estos pecados tal como aparecen ante su presencia, os llenaríais de vergüenza y terror.5TPI 202.2

    ¿Y qué ha causado esta condición alarmante? Muchos han aceptado la teoría de la verdad sin haber experimentado una verdadera conversión. Yo sé lo que digo. Son pocos los que experimentan un verdadero arrepentimiento por el pecado, que realmente sienten profundas y agudas convicciones de la depravación de su naturaleza no regenerada. El corazón de piedra no es cambiado por uno de carne. Pocos son los que están dispuestos a caer sobre la Roca y ser desmenuzados.5TPI 202.3

    No importa quiénes seamos o cómo hayamos vivido, podremos ser salvos solamente de la manera establecida por Dios. Tenemos que arrepentirnos, tenemos que caer indefensos sobre la Roca, que es Cristo Jesús. Tenemos que sentir la necesidad de un médico y del único remedio que existe para el pecado, que es la sangre de Cristo. Este remedio puede conseguirse solamente por medio del arrepentimiento para con Dios y fe en el Señor Jesucristo. En lo que a esto se refiere, la obra está todavía por comenzar en muchos de los que profesan ser cristianos y hasta ministros de Cristo. Como los fariseos de antaño, muchos de vosotros no sentís la necesidad de un Salvador. Sois autosuficientes y os exaltáis a vosotros mismos. Dijo Cristo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”. Mateo 9:13. La sangre de Cristo será de beneficio sólo para aquellos que sientan la necesidad de su poder purificador.5TPI 202.4

    ¡Qué amor y qué condescendencia inigualables se manifestaron al estar Cristo dispuesto a obrar nuestra redención, aun cuando no teníamos derecho a su divina misericordia! No obstante, nuestro gran Médico requiere de toda alma una sumisión incondicional. En ningún momento debemos recetarnos nuestro propio remedio. Cristo ha de tener en sus manos el control de la voluntad y la acción.5TPI 203.1

    Muchos no están conscientes de su condición ni del peligro que corren; y hay mucho en el carácter y el estilo de la obra de Cristo que se opone a todo principio mundanal y al orgullo del corazón humano. Jesús requiere que nos entreguemos confiadamente en sus manos y que confiemos en su amor y sabiduría.5TPI 203.2

    Como Nicodemo, nos podemos jactar de que nuestro carácter moral no ha estado errado y que no tenemos necesidad de humillarnos ante Dios como un pecador común y corriente. Sin embargo, tenemos que conformarnos con entrar en la vida eterna tal como lo hace el primero de los pecadores. Tenemos que renunciar a nuestra propia justicia y rogar para que la justicia de Cristo nos sea imputada. Para recibir fuerza, tenemos que depender enteramente de Cristo. El yo tiene que morir. Tenemos que reconocer que todo lo que deseamos proviene de las sobreabundantes riquezas de la divina gracia. Que sea éste el lenguaje de vuestro corazón: “No a nosotros, oh Señor, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, y en nombre de tu verdad”.5TPI 203.3

    La fe genuina es seguida por el amor, y el amor por la obediencia. Todas las fuerzas y pasiones del hombre convertido son puestas bajo el control de Cristo. Su Espíritu es un poder renovador que transforma a la imagen divina a todo aquel que lo recibe. Me apena decir que sólo unos pocos de los que profesan la verdad saben lo que significa esta experiencia. Muchos siguen sus propios caminos y acarician sus pasiones pecaminosas, mientras que a la vez profesan ser discípulos de Cristo. Nunca han rendido sus corazones a Dios. Como las vírgenes insensatas, no llevaron consigo aceite en sus vasijas para sus lámparas. Mis hermanos, os digo que un gran número de los que profesan creer, y hasta enseñar la verdad, son esclavos del pecado. Las bajas pasiones contaminan la mente y corrompen el alma. Algunos que viven en la iniquidad más vil han usado la librea del cielo para poder servir a Satanás de una manera más eficaz.5TPI 203.4

    “El que es nacido de Dios no práctica el pecado”. 1 Juan 3:9; 5:8. Siente que ha sido comprado por la sangre de Cristo y que está sujeto por los votos más solemnes a glorificar a Dios tanto en su cuerpo como en su espíritu, los cuales pertenecen a Dios. El amor al pecado y el amor propio están en sujeción en su ser. Diariamente se pregunta: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” Salmos 116:12. “Señor, ¿qué quieres que haga?” El verdadero cristiano nunca se quejará de que el yugo de Cristo es una mortificación. Considera el servicio a Jesús como la libertad más plena. La ley de Dios es su delicia. En lugar de procurar rebajar los mandamientos divinos para que coincidan con sus propias deficiencias, se esmera constantemente para colocarse al nivel de la perfección de ellos.5TPI 204.1

    Una experiencia semejante ha de ser nuestra si queremos estar en pie en el día de Dios. Ahora, mientras dura el tiempo de prueba, mientras aún se oye la voz de la misericordia, es el tiempo para que nosotros desechemos el pecado. Mientras la oscuridad moral, cual mortaja cubre la tierra, la luz de los portaestandartes de Dios ha de brillar con mayor esplendor, marcando el contraste que existe entre la luz del cielo y las tinieblas satánicas.5TPI 204.2

    Dios ha hecho amplia provisión para que aparezcamos perfectos en su gracia, sin necesidad de nada, esperando la manifestación de nuestro Señor. ¿Estáis listos? ¿Tenéis puesta la vestimenta de boda? Esa vestimenta nunca encubrirá el engaño, la impureza, la corrupción o la hipocresía. Dios tiene su vista puesta en vosotros. Ella discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Podemos ocultar nuestros pecados de la vista del hombre, pero no podemos esconder nada de nuestro Hacedor.5TPI 204.3

    Dios no eximió a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nuestras culpas y lo resucitó para nuestra justificación. En el nombre de Cristo podemos presentar nuestras peticiones ante el trono de la gracia. A través de él, indignos como somos, podemos obtener todas las bendiciones espirituales. ¿Vendremos a él para que tengamos vida? ¿Cómo llegaremos a conocer por nosotros mismos la bondad y el amor de Dios? El salmista nos dice -no escuchar y saber, leer y saber, creer y saber, sino- “Gustad y ved que es bueno Jehová”. Salmos 34:8. En vez de confiar en la palabra de otra persona, gustad por vosotros mismos.5TPI 205.1

    La experiencia es conocimiento derivado del experimento. Lo que se necesita ahora es religión experimental. “Gustad y ved que es bueno Jehová”. Algunos -sí, un gran número (de personas)- tienen un conocimiento teórico de la verdad religiosa, pero nunca han sentido el poder renovador de la gracia divina en sus propios corazones. Estas personas siempre se dilatan en prestar atención a los testimonios de amonestación, reprensión e instrucción dictados por el Espíritu Santo. Creen en la ira de Dios, pero no se esfuerzan esmeradamente para escapar de ella. Creen en el cielo, pero no se sacrifican para obtenerlo. Creen en el valor del alma y que pronto cesará su redención para siempre; sin embargo, descuidan las oportunidades más preciosas de hacer las paces con Dios.5TPI 205.2

    Tal vez lean la Biblia, pero las amenazas de ella no les causan alarma y sus promesas no los atraen. Dan su aprobación a cosas que de por sí son excelentes, pero siguen el camino que Dios les ha prohibido tomar. Saben cuál es el refugio, pero no lo aprovechan. Conocen el remedio del pecado, pero no se valen de él. Conocen el bien, pero le han perdido el gusto. Todo el conocimiento que tienen no hará otra cosa sino acrecentar su condenación. Nunca han gustado y aprendido por experiencia propia que es bueno Jehová.5TPI 205.3

    Hacerse discípulo de Cristo significa negarse a sí mismo y seguir a Jesús venga mal o bien. Hay pocos que están haciendo esto ahora. Muchos profetizan falsamente, y al pueblo le agrada que sea así; pero, ¿qué se hará al final de cuentas? ¿Cuál será el fallo cuando su obra, con todos sus resultados, sea repasada ante la vista de Dios?5TPI 205.4

    La vida cristiana es una batalla. El apóstol Pablo habla de luchas contra principados y potestades, mientras peleaba la buena batalla de la fe. Declara otra vez: “Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado”. Hebreos 12:4. Oh, no, hoy se acaricia y excusa el pecado. La aguda espada del Espíritu, la Palabra de Dios, no corta profundamente en el alma. ¿Ha cambiado la religión? ¿Se ha apaciguado la enemistad de Satanás para con Dios? En un tiempo la vida religiosa presentaba ciertas dificultades y requería abnegación. Todo esto se ha hecho muy fácil ahora. Y, ¿a qué obedece? El pueblo profeso de Dios ha contemporizado con los poderes de las tinieblas.5TPI 206.1

    Es preciso que haya un renacimiento del testimonio directo. El camino que conduce al cielo no es más suave hoy que en los días de nuestro Salvador. Hemos de abandonar todos nuestros pecados. Cada complacencia acariciada que estorba nuestra vida religiosa tiene que ser cortada. El ojo derecho o la mano derecha, si fueren causa de alguna ofensa, tendrán que ser sacrificados. ¿Estamos dispuestos a abandonar las amistades mundanas que hemos escogido? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la aprobación de los hombres? El premio de la vida eterna es de un valor infinito. ¿Nos esforzaremos y haremos sacrificios en proporción al valor del objetivo que tenemos por alcanzar?5TPI 206.2

    Toda amistad que trabamos, no importa cuán limitada sea, ejerce cierta influencia sobre nosotros. La medida en que cedamos a dicha influencia estará determinada por el grado de intimidad, la constancia del roce y nuestro amor y veneración de la persona con la cual nos asociemos. De manera que por medio del conocimiento y la asociación con Cristo, nuestro único ejemplo perfecto, podremos ser como él es.5TPI 206.3

    La comunión con Cristo, ¡cuán inefablemente preciosa es! Es nuestro privilegio disfrutar de dicha comunión si es que la procuramos, si hacemos el sacrificio necesario para obtenerla. Cuando los primeros discípulos oyeron las palabras de Cristo, sintieron su necesidad de él. Lo buscaron, lo encontraron y lo siguieron. Lo acompañaban a los hogares, en torno a las mesas, en el claustro secreto y en el campo. Lo acompañaban cual alumnos al maestro, recibiendo diariamente de sus labios lecciones de verdad santa. Lo estimaban cual siervos a su señor, para aprender sus deberes de él. Le servían contentos y alegres. Lo seguían cual soldados a su comandante, peleando la buena batalla de la fe. “Y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”. Apocalipsis 17:14.5TPI 206.4

    “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”. 1 Juan 2:6. “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. Romanos 8:9. Esta conformidad con Jesús no pasará inadvertida para el mundo. Es un tema que se notará y se comentará. El cristiano quizá no esté consciente del gran cambio, porque mientras más se asemeje a Cristo en carácter, más humildemente pensará de sí mismo; pero todos los que lo rodean lo verán y sentirán. Aquellos que han tenido la experiencia más profunda en las cosas de Dios, son los que están más lejos del orgullo y la exaltación de sí mismos. Son los que más humildemente piensan de sí mismos y los que tienen las ideas más elevadas en cuanto a la gloria y excelencia de Cristo. Piensan que el lugar más bajo en su servicio es demasiado honorable para ellos.5TPI 207.1

    Moisés no sabía que su rostro brillaba con un resplandor que hería y causaba terror a los que no habían, como él, estado en comunión con Dios. Pablo tenía una opinión bien humilde de su propio progreso en la vida cristiana. El declara: “No que ya yo lo haya alcanzado, o que ya sea perfecto”. Se refiere a sí mismo como al “primero” de los pecadores. Sin embargo, Pablo había sido muy honrado por el Señor. Fue arrebatado en santa visión hasta el tercer cielo y allí recibió revelaciones de gloria divina que no le fue permitido dar a conocer.5TPI 207.2

    Juan el Bautista fue identificado por el Salvador como el mayor de los profetas; pero, ¡qué contraste hay entre el lenguaje de este hombre de Dios y muchos de los que profesan ser ministros de la cruz! Cuando se le preguntó si él era el Cristo, Juan dijo que era indigno de desatar las sandalias de su Maestro. Cuando sus discípulos llegaron quejándose de que la atención del pueblo se volvía hacia el nuevo Maestro, Juan les recordó que él mismo había declarado ser solamente el precursor del Prometido. A Cristo, cual novio, le corresponde el primer lugar en los afectos de su pueblo. “Mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. Juan 3:29, 30. “El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz”. Juan 3:33.5TPI 207.3

    Esta es la clase de obreros que se necesitan en la causa de Dios hoy. Los que son autosuficientes, los celosos y envidiosos, los que critican y encuentran faltas en los demás no hacen falta en su obra sagrada. No deben ser tolerados en el ministerio, aunque aparentemente hayan logrado ser de alguna utilidad. Dios no carece ni de hombres ni de medios. El llama a obreros que son fieles y verdaderos, puros y santos; a aquellos que sienten la necesidad de la sangre expiatoria de Cristo y la gracia santificadora de su Espíritu.5TPI 208.1

    Mis hermanos, a Dios le duelen vuestra envidia, vuestros celos, vuestra amargura y disensión. En todas estas cosas le estáis rindiendo obediencia a Satanás y no a Cristo. Cuando vemos hombres que son firmes en sus principios, intrépidos en el cumplimiento del deber, celosos en la causa de Dios y, sin embargo, humildes, mansos y tiernos, pacientes para con todos, perdonadores, que manifiestan el amor por las almas por las cuales Cristo murió, no es necesario que preguntemos: ¿Son ellos cristianos? Demuestran de una manera inconfundible que han estado con Jesús y han aprendido de él. Cuando los hombres manifiestan los rasgos opuestos, cuando son orgullosos, vanidosos, frívolos, amadores del mundo, avaros, no bondadosos, censuradores, no es necesario que se nos diga con quién se han estado asociando, quién es su amigo más íntimo. Puede ser que no crean en la hechicería; no obstante, tienen comunión con un espíritu maligno.5TPI 208.2

    A éstos yo diría: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de la justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz”. Santiago 3:17, 18.5TPI 208.3

    Cuando los fariseos y saduceos acudieron al bautismo de Juan, aquel intrépido pregonero de la justicia los increpó: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”. Juan 3:7, 8. Al venir en busca de Juan, estos hombres fueron inducidos por motivos indignos. Eran hombres de principios malsanos y comportamiento corrupto; sin embargo, no estaban conscientes de su verdadera condición. Llenos de orgullo y ambición, no escatimaban esfuerzo alguno por exaltarse a sí mismos y afianzar su influencia sobre el pueblo. Vinieron para recibir el bautismo por manos de Juan para poder cumplir sus propósitos con más facilidad.5TPI 208.4

    Juan leyó sus motivos, y los recibió con la escudriñadora pregunta: “¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” Si hubieran escuchado la voz de Dios que hablaba a sus corazones, lo hubiesen demostrado llevando frutos dignos de arrepentimiento. Los tales frutos no se vieron. Habían escuchado la amonestación como si fuera la voz de un mero hombre. Se vieron atraídos por el poder y la valentía con que hablaba Juan, pero el Espíritu de Dios no envió la convicción a sus corazones ni produjo en ellos fruto para vida eterna como muestra segura. No demostraban haber cambiado de corazón. Juan hubiera querido que entendiesen que sin el poder transformador del Espíritu Santo, ninguna ceremonia externa podría beneficiarles.5TPI 209.1

    La reprensión del profeta se aplica a muchos en nuestros días. No pueden negar los claros y convincentes argumentos que sostienen la verdad, pero la aceptan más como el resultado del razonamiento humano y no de la revelación divina. No están verdaderamente conscientes de su condición como pecadores ni manifiestan un verdadero quebrantamiento de corazón; pero, como los fariseos, consideran que aceptar la verdad es para ellos un acto de gran condescendencia.5TPI 209.2

    Nadie está más lejos del reino de los cielos que los formalistas que se justifican a sí mismos, llenos de orgullo por lo que han logrado, mientras que están completamente vacíos del Espíritu de Cristo; mientras la envidia, los celos, el amor por el halago y la popularidad los controlan. Pertenecen a la misma clase a la cual Juan llamó generación de víboras, hijos del maligno. Entre nosotros se encuentra este tipo de persona, invisible e insospechado. Sirven a la causa de Satanás de manera más eficaz que el libertino más vil; porque éste no disfraza su verdadero carácter, sino demuestra lo que es.5TPI 209.3

    Dios requiere que rindamos fruto digno de arrepentimiento. Sin tal fruto, nuestra profesión de fe no tiene valor. El Señor es capaz de levantar verdaderos creyentes entre los que nunca han oído su nombre. “No penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras”. Mateo 3:9.5TPI 210.1

    Dios no depende de hombres que no están convertidos de corazón y vida. Nunca favorecerá a un hombre que práctica la iniquidad. “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego”. Mateo 3:10.5TPI 210.2

    Aquellos que alaban y lisonjean al ministro, además de descuidar las obras de justicia, dan evidencia inconfundible de estar convertidos al ministro y no a Dios. Preguntamos: “¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” Mateo 3:7; Lucas 3:7. En el mensaje que Dios envió, ¿escuchasteis la voz del Espíritu Santo o una mera voz de hombre? La clase de fruto dará evidencia de la naturaleza del árbol.5TPI 210.3

    El formalismo exterior no es capaz de purificarnos; ninguna ordenanza, administrada por los hombres más santos, puede tomar el lugar del bautismo del Espíritu Santo. El hará esta obra en el corazón. Todos los que no han experimentado su poder regenerador, son como tamo entre el trigo. El Señor tiene su aventador en la mano y limpiará bien su era. En el día venidero, él hará diferencia “entre el que sirve a Dios y el que no lo sirve”.5TPI 210.4

    El Espíritu de Cristo se manifestará en todos aquellos que han nacido de Dios. La disensión y la contienda no pueden surgir entre los que son controlados por su Espíritu. “Purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová”. Isaías 52:11. La iglesia raras veces perseguirá una norma más elevada que la que han establecido sus ministros. Necesitamos un ministerio convertido y un pueblo convertido. Los pastores que cuidan de las almas como quienes han de dar cuenta conducirán al rebaño por los senderos de paz y santidad. Su éxito en esta obra será proporcional a su propio crecimiento en gracia y en el conocimiento de la verdad. Cuando los maestros están santificados en espíritu, alma y cuerpo, pueden inculcarle al pueblo la importancia de dicha santificación.5TPI 210.5

    Se logra poco cuando se habla de asuntos religiosos de manera casual o se ora por bendiciones espirituales cuando no hay verdadera hambre en el alma y una fe viviente. La muchedumbre curiosa que se apiñaba en torno de Cristo no derivaba ningún poder vital de aquel encuentro; pero, cuando aquella pobre y sufrida mujer en su gran necesidad extendió su mano y tocó el borde del manto de Jesús, sintió la virtud sanadora. El suyo fue un toque de fe. Cristo reconoció aquel toque y decidió allí enseñar una lección para beneficio de sus seguidores hasta el fin del tiempo. El sabía que había salido virtud de él, y volviéndose en medio del gentío, dijo: “¿Quién me ha tocado mis vestidos?” Sorprendidos por su pregunta, sus discípulos contestaron: “Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?” Marcos 5:30, 31.5TPI 211.1

    Jesús fijó su vista sobre la que lo había hecho. Estaba llena de temor. La embargaba un gran gozo, ¿pero sería posible que se hubiera extralimitado? Sabiendo lo que había sido hecho dentro de ella, salió temblorosa, se arrojó a los pies de Jesús y le contó la verdad. Cristo no la reprochó. Tiernamente le dijo: “Ve en paz, y queda sana de tu azote”. Mateo 5:34.5TPI 211.2

    Aquí se distinguió el contacto casual del toque de fe. La oración y la predicación, sin el ejercicio de una fe viva en Dios, serán en vano; pero el toque de la fe nos abre la mina divina de poder y sabiduría; y, de esta manera, por medio de instrumentos de barro, Dios lleva a cabo las maravillas de su gracia.5TPI 211.3

    Estamos en gran necesidad de esta fe viva hoy día. Es preciso que tengamos la seguridad de que Cristo es de veras nuestro, que su Espíritu purifica y refina nuestros corazones. Si los ministros de Cristo tuvieran una fe genuina acompañada de la mansedumbre y el amor, ¡cuán grande obra llevarían a cabo! ¡Qué fruto se vería para la gloria de Dios!5TPI 211.4

    ¿Qué puedo deciros, hermanos míos, que os despierte de vuestra seguridad carnal? Se me han mostrado vuestros peligros. En la iglesia hay creyentes e incrédulos. Cristo presenta estas dos clases en su parábola de la vid y sus sarmientos. Exhorta así a quienes le siguen: “Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer”. Juan 15:4, 5.5TPI 211.5

    Hay gran diferencia entre una supuesta unión y una conexión real con Cristo por la fe. Una profesión de fe en la verdad pone a los hombres en la iglesia, pero esto no prueba que tienen una conexión tal con la vid viviente. Se nos da una regla por la cual se puede distinguir al verdadero discípulo de aquellos que aseveran seguir a Cristo, pero no tienen fe en él. La una clase da fruto, la otra no es fructífera. La una está con frecuencia sometida a la podadera de Dios, para que pueda dar más fruto; la otra, como ramas secas, queda pronto separada de la vid viviente.5TPI 212.1

    Siento profunda solicitud porque nuestros hermanos conserven entre sí el testimonio viviente; y que la iglesia se mantenga pura del elemento incrédulo. ¿Podemos concebir una relación más estrecha e íntima con Cristo que la presentada en estas palabras: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”? Las fibras del sarmiento son casi iguales que las de la vid. La comunicación de la vida, fuerza y carácter fructífero del tronco a los sarmientos, se mantiene constante y sin obstrucción. La raíz envía su nutrición por el sarmiento. Tal es la relación que sostiene con Cristo el verdadero creyente. Permanece en Cristo y obtiene de él su nutrición.5TPI 212.2

    Esta relación espiritual puede establecerse únicamente por el ejercicio de la fe personal. Esta fe debe expresar de nuestra parte una suprema preferencia, perfecta confianza y entera consagración. Nuestra voluntad debe entregarse completamente a la voluntad divina. Nuestros sentimientos, deseos, intereses y honor deben identificarse con la prosperidad del reino de Cristo y el honor de su causa, recibiendo nosotros constantemente la gracia de él y aceptando Cristo nuestra gratitud.5TPI 212.3

    Cuando se ha formado esta intimidad de conexión y comunión, nuestros pecados son puestos sobre Cristo, su justicia nos es imputada. El fue hecho pecado por nosotros, para que pudiésemos ser hechos justicia de Dios en él. Tenemos acceso a Dios por él; somos aceptos en el Amado. Quien quiera que por sus palabras o acciones perjudique al creyente, hiere con ello a Jesús. Quien quiera que dé una copa de agua fría a un discípulo porque es hijo de Dios, será considerado por Cristo como habiéndosela dado a él mismo.5TPI 212.4

    Cuando Cristo estaba por abandonar a sus discípulos, les dio el hermoso emblema de su relación con los creyentes. Había estado presentándoles la íntima comunión consigo mismo por la cual podrían mantener la vida espiritual cuando su presencia visible se retrajese. Para grabar la lección en sus mentes, les presentó la vid como el símbolo más llamativo y apropiado de esa comunión.5TPI 213.1

    Los judíos habían considerado siempre la vid como la más noble de las plantas, y una figura de todo lo que era poderoso, excelente y fructífero. “La vid -parece querer decir nuestro Señor- que vosotros estimáis tan altamente, es un símbolo. Yo soy la realidad; yo soy la vid verdadera. Como nación apreciáis la vid; como pecadores debierais apreciarme a mí por encima de todas las cosas terrenales. El sarmiento no puede vivir separado de la vid; tampoco podéis vivir vosotros a menos que permanezcáis en mi”.5TPI 213.2

    Todo seguidor de Cristo tiene un interés tan profundo en esta lección como los discípulos que escucharon sus palabras. En su apostasía, el hombre se enajenó de Dios. La separación es grande y temible; pero Cristo ha hecho provisión para una vez más unirnos con él. El poder del mal está tan identificado con la naturaleza humana, que ningún hombre puede vencer, excepto mediante la unión con Cristo. A través de esta unión recibimos fuerza moral y espiritual. Si tenemos el Espíritu de Cristo, rendiremos el fruto de la justicia, un fruto que será una honra y una bendición para la humanidad y glorificará a Dios.5TPI 213.3

    El Padre es el cuidador de la viña. Con destreza y misericordia poda toda rama que da fruto. Quienes comparten el sufrimiento y el reproche de Cristo ahora, compartirán su gloria en el más allá. El “no se avergüenza de llamarlos hermanos”. Hebreos 2:12. Sus ángeles ministran en su favor. Su segunda aparición será como Hijo del hombre y de esta manera, aun en su gloria, se identifica con la humanidad. A los que se han unido a él les dice: “Aunque olvide ella [la madre, al hijo que dio a luz], yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”. Isaías 49:15, 16.5TPI 213.4

    Oh, ¡qué maravillosos privilegios se nos otorgan!5TPI 213.5

    ¿No nos esforzaremos con todo empeño para formar esta alianza con Cristo, único medio por el cual se pueden obtener estas bendiciones? ¿No nos desprenderemos de nuestros pecados por medio de la justicia, y de nuestras iniquidades volviéndonos al Señor? El escepticismo y la deslealtad se han difundido por todas partes. Cristo preguntó: “Cuando el Hijo del hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?” La permanencia de nuestra fe es la condición de nuestra unión.5TPI 213.6

    La unión con Cristo mediante una fe viviente es duradera; toda otra unión perecerá. Cristo nos escogió a nosotros primero pagando un precio infinito por nuestra redención; y el verdadero creyente escoge a Cristo como el primero, el último y el mejor en todo; pero esta unión tiene su precio. El ser orgulloso entra en una unión de dependencia total. Todos los que entran en esta unión han de sentir su necesidad de la sangre expiatoria de Cristo. Han de experimentar un cambio de corazón. Han de someter su voluntad a la voluntad de Dios. Se llevará a cabo una obra dolorosa de desprendimiento tanto como de acercamiento. El orgullo, el egoísmo, la vanidad, la mundanalidad -el pecado en todas sus formas—han de vencerse si hemos de entrar en unión con Cristo. La razón por la que muchos encuentran la vida cristiana tan lamentablemente dura y porque son tan veleidosos y variables, es que procuran vincularse a sí mismos con Cristo sin haberse primero desprendido de sus ídolos acariciados.5TPI 214.1

    Después que se ha formado la unión con Cristo, se ha de preservar sólo mediante la oración constante y el esfuerzo incansable. Hemos de resistir, negar y conquistar el yo. Por la gracia de Cristo, por medio del valor, la fe, y la vigilancia podremos ganar la victoria.5TPI 214.2

    Los creyentes se hacen uno con Cristo, pero una rama no puede ser sostenida por otra. El alimento ha de obtenerse a través de una conexión vital con la vid. Hemos de sentir que dependemos totalmente de Cristo. Hemos de vivir por fe en el Hijo de Dios. Eso es lo que significa la amonestación: “Permaneced en mí”. La vida que vivimos en la carne no es para cumplir la voluntad humana o para complacer a los enemigos del Señor, sino para servir y honrar a Aquel que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros. Un mero asentimiento a esta unión, sin que los afectos estén desprendidos del mundo, sus placeres y disipaciones, sólo alienta al corazón hacia la desobediencia.5TPI 214.3

    Como pueblo estamos tristemente desprovistos de fe y amor. Nuestros esfuerzos son del todo demasiado débiles para un tiempo de peligro como el que estamos viviendo. El orgullo y la complacencia propia, la impiedad y la iniquidad que nos rodean ejercen cierta influencia sobre nosotros. Pocos comprenden la importancia que tiene el rehuir, hasta donde sea posible, todas las compañías que no favorecen la vida religiosa. Al elegir su ambiente, pocos son los que dan la primera consideración a la prosperidad espiritual.5TPI 215.1

    Los padres acuden con sus familias a las ciudades, porque se imaginan que allí es más fácil ganarse la vida que en el campo. Los hijos, no teniendo qué hacer cuando no están en la escuela, se educan en la calle. De las malas compañías adquieren hábitos de vicio y disipación. Los padres ven todo esto, pero la corrección de su error requeriría un sacrificio y permanecen donde están, hasta que Satanás obtiene pleno dominio de sus hijos. Mejor es sacrificar cualesquiera consideraciones mundanales, o aun todas ellas, antes que poner en peligro las almas preciosas confiadas a vuestro cuidado. Serán asaltadas por tentaciones, y se les debe enseñar a arrostrarlas; pero es vuestro deber suprimir toda influencia, romper todo hábito, cortar todo vínculo que os impidan realizar la entrega más libre, abierta y cordial de vosotros mismos y vuestras familias a Dios.5TPI 215.2

    En vez de la ciudad atestada, buscad algún lugar retraído, donde vuestros hijos estarán, hasta donde se pueda, protegidos de la tentación, y allí educadlos para ser útiles. El profeta Ezequiel enumera así las causas que condujeron al pecado y la destrucción de Sodoma: “Soberbia, hartura de pan, y abundancia de ociosidad tuvo ella y sus hijas; y no corroboró la mano del afligido y del menesteroso”. Ezequiel 16:49. Todos los que quieran escapar a la suerte de Sodoma, deben rehuir la conducta que trajo los juicios de Dios sobre aquella ciudad perversa.5TPI 215.3

    Hermanos míos, estáis despreciando los más sagrados requerimientos de Dios porque descuidáis el consagraros vosotros y vuestros hijos a él. Muchos de vosotros estáis descansando en una falsa seguridad, absortos en intereses egoístas, y atraídos por los tesoros terrenales. No teméis mal alguno. El peligro parece estar muy lejos. Llegaréis engañados y seducidos a vuestra ruina eterna, a menos que os despertéis y con penitencia y profunda humillación, volváis al Señor.5TPI 215.4

    Una y otra vez se os ha dirigido la voz del cielo. ¿Le obedeceréis? ¿Escucharéis al Testigo fiel que os aconseja procurar el oro probado en el fuego, la vestidura blanca y el colirio? El oro son la fe y el amor; la vestidura blanca es la justicia de Cristo; el colirio es el discernimiento espiritual que os habilitará para rehuir los ardides de Satanás, para notar el pecado y aborrecerlo, para ver la verdad y obedecerla.5TPI 216.1

    El letargo mortífero del mundo paraliza vuestros sentidos. El pecado ya no os parece repulsivo porque Satanás os ha enceguecido. Pronto se han de derramar los juicios de Dios sobre la tierra. “Escapa por tu vida” (Génesis 19:17), es la amonestación de los ángeles de Dios. Se oyen otras voces que dicen: “No os excitéis; no hay causa de alarma especial”. Los que se sienten cómodos en Sion claman: Paz y seguridad, mientras que el cielo declara que una rápida destrucción está por sobrecoger al transgresor. Los jóvenes, los frívolos, los que aman los placeres, consideran estas advertencias como cuentos ociosos, y las rechazan como una broma. Los padres se inclinan a creer que sus hijos tienen razón en el asunto, y todos siguen durmiendo tranquilos. Así sucedió cuando fue destruido el mundo antiguo, y cuando Sodoma y Gomorra fueron consumidas por el fuego. En la noche anterior a su destrucción, las ciudades de la llanura se revolcaban en el placer. Se burlaron de Lot por sus temores y advertencias. Pero fueron estos escarnecedores los que perecieron en las llamas. Esa misma noche se cerró para siempre la puerta de la misericordia para los impíos y descuidados habitantes de Sodoma.5TPI 216.2

    Dios es quien tiene en sus manos el destino de las almas. No será siempre burlado; no permitirá que se juegue siempre con él. Sus juicios ya están sobre la tierra. Fieras y espantosas tempestades siembran la destrucción y la muerte en su estela. El incendio devorador arrasa el bosque desierto y la ciudad atestada. La tempestad y el naufragio aguardan a los que viajan en el mar. Accidentes y calamidades amenazan a todos los que viajan por tierra. Los huracanes, los terremotos, la espada y el hambre se siguen en rápida sucesión. Sin embargo, los corazones de los hombres se endurecen. No reconocen la voz de advertencia de Dios. No quieren huir al único refugio que hay para protegerse de la tormenta que se prepara.5TPI 216.3

    Muchos de los que han sido colocados sobre las murallas de Sion, para observar con ojo de águila la inminencia del peligro y elevar la voz de amonestación, están ellos mismos dormidos. Los mismos que debieran ser los más activos y vigilantes en esta hora de peligro, están descuidando su deber y trayendo sobre sí mismos la sangre de las almas.5TPI 217.1

    Mis hermanos, cuidado con el corazón pecaminoso dominado por la incredulidad. La Palabra de Dios es clara y exacta en sus restricciones; como interfiere con vuestra complacencia egoísta, no la obedecéis. Los testimonios de su Espíritu os llaman la atención a las Escrituras, señalan vuestros defectos de carácter, y reprenden vuestros pecados; por lo tanto, no les hacéis caso. Y para justificar vuestro comportamiento caracterizado por el amor al placer, empezáis a dudar si los testimonios son de Dios. Si obedecierais sus enseñanzas, os convenceríais de su procedencia divina. Recordad que vuestra incredulidad no afecta su veracidad. Si provienen de Dios, ellos permanecerán. Aquellos que procuran disminuir la fe del pueblo de Dios en los testimonios, que han estado en la iglesia por los últimos 36 años, están peleando contra Dios. No es el instrumento a quien despreciáis, sino a Dios, quien os ha hablado mediante amonestaciones y reprensiones.5TPI 217.2

    En la instrucción dada por nuestro Salvador a sus discípulos hay palabras de amonestación que se aplican de una manera especial a nosotros: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería ni embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día” Lucas 21:34. Velar, orar, obrar, esta es la verdadera vida de fe. “Orad en todo tiempo”, es decir, estad siempre en el espíritu de oración, y entonces estaréis listos para la venida de vuestro Señor.5TPI 217.3

    Los centinelas son responsables por la condición del pueblo. Al permitirle la entrada al orgullo, la envidia, la duda, y otros pecados, habrá contienda, odio y toda obra mala. Jesús, el manso y humilde, pide que le permitáis entrar como huésped; pero teméis darle la entrada. El nos ha hablado tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento; todavía nos habla mediante su Espíritu y sus providencias. Sus instrucciones tienen como propósito hacer que los hombres sean leales a Dios y a sí mismos.5TPI 217.4

    Jesús asumió la naturaleza humana para dejar a la humanidad un modelo completo y perfecto. Es su intención hacernos como él es, leales en todo propósito, sentimiento y pensamiento: leales de corazón, alma y vida. Esto es cristianismo. Nuestra naturaleza caída ha de ser purificada, ennoblecida, y consagrada mediante la obediencia a la verdad. La fe cristiana nunca armonizará con los principios mundanos; la integridad cristiana se opone a todo engaño y fingimiento. El que alberga más el amor de Cristo en el corazón, el que refleja la imagen del Salvador más perfectamente, es a la vista de Dios la persona más leal, más noble y honorable sobre la faz de la tierra. 5TPI 218.1

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