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Testimonios para la Iglesia, Tomo 5

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    La presencia de Cristo en el aula de clase

    Hermano mío, hermana mía, que el Señor os imparta sabiduría a ambos, para que sepáis cómo tratar con otras mentes. Que el Señor os enseñe las grandes cosas que él es capaz de hacer si tan sólo tenéis fe. Llevad a Jesús con vosotros, como vuestro compañero, al aula de clase. Tenedlo presente cuando habléis, para que la ley de bondad fluya de vuestros labios. No permitáis que nadie os haga cambiar de parecer acerca de este asunto. Permitid que los niños que están bajo vuestro cuidado desarrollen su propia individualidad, como también vosotros. No dejéis de conducirlos, pero nunca a la fuerza.5TPI 613.3

    Veo algunas cosas aquí en Suiza que me parece que son dignas de ser emuladas. Los maestros de las escuelas salen a menudo a acompañar a sus alumnos mientras juegan y les enseñan cómo divertirse y están disponibles para intervenir y poner fin a cualquier desorden o mal. A veces sacan a sus alumnos a una larga caminata. Me gusta esto; creo que de esta manera hay menos oportunidad de que los alumnos cedan a la tentación. Los maestros parece que se unen con los niños en sus deportes y los controlan. No puedo de ninguna manera sancionar la idea de que los niños tienen que sentir que están bajo una sospecha constante y que no pueden actuar como niños. No obstante, que los maestros se unan a las diversiones de los niños, que sean uno con ellos, y que les demuestren que anhelan su felicidad, todo lo cual infundirá confianza en los niños. Pueden ser controlados en amor, pero sin perseguirlos durante sus horas de comida y diversión con una severidad rigurosa e inflexible.5TPI 614.1

    Permítaseme observar aquí que los que nunca han tenido niños propios por lo general no son los mejor calificados para manejar sabiamente las mentes variadas de los niños y de la juventud. Están propensos a fijar una ley de la cual no hay salida posible. Los maestros deben recordar que ellos mismos fueron niños alguna vez. Deben adaptar su enseñanza a las mentes de los niños, colocándose a sí mismos en una relación de simpatía con ellos; entonces los niños podrán ser instruidos por medio de reglas y el ejemplo.5TPI 614.2

    ¡Que el Espíritu de Jesús entre para amoldar vuestros corazones, para construir vuestros caracteres, para elevar y ennoblecer vuestras almas! Cristo dijo a sus discípulos: “Si no os volvéis y os hacéis como niños, de ningún modo entraréis en el reino de los cielos”. Mateo 18:3. Existe la necesidad de poner a un lado estas reglas duras como el hierro; de bajarse de estos zancos, hacia la humildad del niño. Oh, ¡que un poco de ese espíritu de severidad pudiera convertirse en un espíritu de amor, y que la alegría y los rayos del sol pudieran reemplazar el desánimo y la pesadumbre! 5TPI 614.3

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