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Testimonios para la Iglesia, Tomo 5

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    Los padres y la disciplina

    Se me ha mostrado que muchos de los padres que profesan creer el solemne mensaje para este tiempo no han educado a sus hijos para Dios. No han ejercido control sobre sí mismos y se han irritado contra cualquiera que procurase refrenar a sus hijos. No han sujetado a sus hijos sobre el altar del Señor diariamente por medio de una fe viva. A muchos de estos jóvenes se les ha permitido transgredir el cuarto mandamiento buscando sus propios deleites en el día santo de Dios. No han experimentado ninguna compunción de conciencia al rondar por las calles el día sábado en busca de diversión. Muchos van a donde les place y hacen lo que les viene en gana y sus padres temen tanto disgustarlos que imitando la conducta de Elí, no les imponen exigencias de ninguna clase.5TPI 34.4

    Estos jóvenes finalmente pierden todo respeto por el sábado, como también su gusto por las reuniones religiosas o por las cosas de carácter sagrado y eterno. Si sus padres los reprenden, aunque sea ligeramente, ellos se protegen relatando las faltas de algunos miembros de iglesia. En lugar de acallar la primera tentativa de esta índole, los padres más bien piensan tal como sus hijos; si éste o aquél fueran perfectos, sus hijos serían buenos. En lugar de esto, deberían enseñarles que los pecados de otros no son excusa para ellos. Cristo es el único modelo. Las faltas de muchos no excusarán ni una de sus faltas ni aminorarán su culpabilidad. Dios les ha dado una norma que es perfecta, noble y elevada. Esta la tienen que alcanzar, sin importarles el comportamiento de los demás. Pero muchos padres parecen perder su juicio y criterio por causa de su apego a sus hijos y, a través de esta juventud engreída, egoísta y mal gobernada, Satanás obra eficazmente para arruinar a los padres. Se me llamó la atención a la ira de Dios que descendió sobre los incrédulos y desobedientes del Israel antiguo. Claramente se les había encomendado el deber de instruir a sus hijos. Este encargo es igualmente obligatorio para los padres en esta generación. “Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en parábolas; evocaré los arcanos del pasado, las cosas que hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron. No las ocultaremos a nuestros hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su potencia y las maravillas que hizo”. Salmos 78:1-4.5TPI 35.1

    Los hijos son lo que los padres hacen de ellos por medio de su instrucción, disciplina y ejemplo. De ahí la tremenda importancia de que los padres sean fieles en preparar a los jóvenes para el servicio de Dios. A temprana edad se debería señalar a los hijos la santidad de las obligaciones religiosas. Esta es una parte muy importante de su educación. Nuestro deber para con Dios debe cumplirse antes que cualquier otro. La estricta observancia de la ley de Dios, como cosa de principio, debe ser enseñada y exigida. “El estableció un testimonio en Jacob, y puso una ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la comunicasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios; que guarden sus mandamientos, y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde; generación que no dispuso su corazón, ni fue fiel para con Dios su espíritu”. Salmos 78:5-8.5TPI 35.2

    Aquí se ve la gran responsabilidad que recae sobre los padres. Aquellos hijos a quienes se les permite llegar a ser hombres y mujeres de voluntad indisciplinada y pasiones descontroladas, generalmente en el futuro seguirán un comportamiento que Dios condena. Estos están ansiosos por los placeres frívolos y los compañeros irreligiosos. Se les ha permitido descuidar los deberes religiosos y acariciar las inclinaciones de un corazón carnal y, como consecuencia, Satanás controla la mente y los principios. En _____ los padres han dado amplio lugar para obrar de esta manera. La mayor parte del descarrío que ha ocurrido en ese lugar ha venido como resultado del descuido de los padres en instruir a sus hijos a vivir una vida recta y religiosa. La condición de estos hijos es lamentable. Profesan ser cristianos; pero sus padres no han asumido el peso de la responsabilidad de enseñarles cómo ser cristianos; cómo narrar las misericordias de Dios; cómo rendirle culto; cómo reflejar en sus propias vidas la vida de Cristo.5TPI 36.1

    Cuando estos niños ingresan en la escuela y se asocian con otros estudiantes, los que realmente han estado procurando ser cristianos se avergüenzan de vivir su fe en presencia de aquellos que han recibido tanta luz. Se avergüenzan de dar la impresión de que son únicos y que no ceden a sus inclinaciones, descartando así su armadura precisamente en el tiempo cuando más la necesitan, cuando los poderes de las tinieblas obran por medio de estos compañeros profanos para apartarlos lejos de Cristo. Entran por un sendero lleno de peligro sin la protección y el apoyo de los principios religiosos, porque piensan que sería difícil o desagradable llevar su religión consigo al aula de clase, al patio de recreo, y en todas sus asociaciones. Desnudan su alma haciéndola susceptible a los dardos de Satanás. ¿Dónde están los guardianes de estos jóvenes? ¿Quiénes se han asido firmemente del trono de Dios con una mano mientras abrazan a estos jóvenes con la otra para atraerlos a Cristo? Es precisamente ahí que estos jovencitos necesitan conocer el poder de la religión y ser restringidos con mano firme.5TPI 36.2

    Muchos de aquellos que por tanto tiempo han rechazado la dirección y la tutela divina, marchan apresurados por la senda de la liviandad y del placer egoísta y, más aún, hacia los actos más viles y la profanación del cuerpo. Como consecuencia, sus mentes están contaminadas y la religión les disgusta. Algunos han ido tan lejos en este curso decadente, y seguido con tanto empeño la senda de los sodomitas, que hoy día están próximos a la condenación y la voz de la reprensión y de la amonestación no tiene efecto sobre ellos. Nunca serán redimidos y sus padres son los culpables de su ruina. Los placeres degradantes por los cuales han sacrificado su salud, paz mental y vida eterna, al final resultan una amargura.5TPI 37.1

    Padres, por amor a Cristo, no erréis en vuestra más importante labor, la cual es amoldar los caracteres de vuestros hijos para el tiempo presente y para la eternidad. Un error de vuestra parte en descuidar la fiel instrucción, o en albergar ese afecto imprudente que ciega vuestros ojos hacia sus defectos y os impide refrenarlos debidamente, resultará en la ruina de ellos. El curso que seguís puede encauzarlos por un rumbo equivocado durante toda su carrera futura. Vosotros sois los que determináis por ellos lo que han de ser y lo que han de hacer por Cristo, por los hombres, y por sus propias almas.5TPI 37.2

    Tratad a vuestros hijos honesta y fielmente. Trabajad con valor y paciencia. No temáis llevar ninguna cruz, no escatiméis tiempo ni trabajo, carga o sufrimiento. El futuro de vuestros hijos dará testimonio de la calidad de vuestra labor. Vuestra fidelidad a Cristo hallará mejor expresión en el carácter simétrico de vuestros hijos que de cualquiera otra manera. Ellos son la propiedad de Cristo, comprados con su propia sangre. Si su influencia es enteramente por Cristo, son colaboradores suyos y ayudan a otros a encontrar el camino de la vida. Si descuidáis la obra que Dios os ha encomendado, vuestro comportamiento disciplinario imprudente los coloca entre la clase que esparce lejos de Cristo y fortalece el reino de las tinieblas.5TPI 37.3

    Yo hablo lo que es de mi conocimiento; cuando os digo que hay entre nuestros jóvenes, entre nuestros jóvenes educados cuyos padres son cristianos profesos, una penosa ofensa ante la vista de Dios, tan común que constituye una de las señales de los últimos días, os estoy dando testimonio de cosas que yo he visto. Es algo tan repleto de tendencias pecaminosas que merece ser sacado a luz y denunciado. Es el pecado de considerar livianamente o con desprecio los primeros votos de consagración a Dios. En medio de un interés religioso, el Espíritu Santo los conmovió a colocarse enteramente bajo la bandera ensangrentada del Príncipe Emanuel. Pero los mismos padres estaban tan lejos de Dios, tan ocupados con los negocios del mundo, o tan llenos de dudas e insatisfacción respecto a su propia experiencia religiosa, que estaban descalificados del todo para impartirles instrucción. Estos jóvenes, en su inexperiencia necesitaban una mano sabia y firme que les señalase el camino correcto y les obstruyese el camino del mal mediante el consejo y el refrenamiento.5TPI 38.1

    Una vida religiosa debe dar evidencia de ser marcadamente opuesta a una vida de mundanalidad y búsqueda del placer. Aquel que anhela ser un discípulo de Cristo ha de llevar su cruz en pos de Jesús. Nuestro Salvador no vivió para complacerse a sí mismo, y nosotros tampoco debiéramos hacerlo. Los logros espirituales elevados requerirán una consagración completa a Dios. Pero esta instrucción no ha sido impartida a la juventud porque contradiría la vida de los padres. Por lo tanto se ha dejado que los niños adquieran un conocimiento de la vida cristiana por sí solos. Al verse tentados a buscar la compañía de los mundanos y a participar de las diversiones mundanales, los padres encaprichados, no queriendo negarles ningún halago -si es que siquiera hayan tomado medida alguna-han adoptado una postura tan indefinida e indecisa que los hijos han juzgado por sí mismos que el curso de acción que deseaban seguir estaba en consonancia con la vida y carácter cristianos.5TPI 38.2

    Una vez iniciados de esta forma, por lo general continúan así hasta que el elemento mundano prevalece y se burlan de sus antiguas convicciones. Desprecian la sencillez que manifestaban cuando sus corazones estaban tiernos, y buscan excusas para evadir las exigencias sagradas de la iglesia y del Redentor crucificado. Los que son de esta índole nunca alcanzarán a ser lo que pudieran haber sido, por haber ahogado la conciencia y embotado las más sagradas y tiernas emociones. Si después de años se convierten en seguidores de Jesús, todavía llevarán en sus almas las cicatrices causadas por su irreverencia hacia las cosas sagradas.5TPI 39.1

    Los padres no ven estas cosas. No anticipan el resultado de su proceder. No sienten que sus hijos necesitan el cuidado más tierno, la disciplina más cuidadosa en lo que respecta a la vida divina. No los ven como lo que son en un sentido especial: la propiedad de Cristo, comprados por su sangre, trofeos de su gracia, instrumentos útiles en las manos de Dios para ser usados en el adelanto de su reino. Satanás en todo momento procura arrebatar a estos jóvenes de las manos de Cristo, y los padres no disciernen que el gran adversario está implantando sus estandartes infernales a su mismo lado. Están tan ciegos que creen que es el estandarte de Cristo.5TPI 39.2

    Por medio de la indolencia, el escepticismo o autogratificación, Satanás seduce a los jóvenes y los aparta de la senda estrecha de santidad preparada para que los redimidos del Señor transiten por ella. Por lo general no abandonan repentinamente este camino. Se los gana poco a poco. Al dar un mal paso, pierden el testimonio que el Espíritu da de que son aceptados por Dios. Por consiguiente, caen en un estado de desánimo y desconfianza. No les agradan los servicios religiosos porque la conciencia los condena. Han caído en la red de Satanás y hay sólo una vía de escape. Deben retraerse y con humildad de alma confesar y desechar su proceder indiferente. Que renueven su primera experiencia de la cual hicieron caso omiso, que muestren aprecio por cada aliento divino y permitan que aquellas santas emociones, que sólo el Espíritu de Dios puede inspirar, reinen en su corazón. La fe en el poder de Cristo impartirá fuerza sostenedora y luz guiadora.5TPI 39.3

    Esta instrucción práctica en la experiencia religiosa es lo que los padres cristianos deben estar preparados para impartir a sus hijos. Dios lo requiere de vosotros y menospreciáis vuestro deber si dejáis de hacer esta obra. Instruid a vuestros hijos en lo concerniente a los métodos de disciplina escogidos por Dios y las condiciones para el éxito en la vida cristiana. Enseñadles que no pueden servir a Dios mientras sus mentes están sobrecargadas con los cuidados de la vida; pero no les permitáis abrigar el pensamiento de que no tienen que trabajar y que pueden emplear sus momentos libres ociosamente. La Palabra de Dios es clara respecto a este punto. Jesús, la Majestad del cielo, ha dejado un ejemplo para la juventud. El trabajó arduamente en el taller de Nazaret para ganarse el pan cotidiano. Se sometía a sus padres y no pretendía ejercer control sobre su propio tiempo ni hacer su propia voluntad. Siguiendo una vida de fácil complacencia un joven nunca logrará alcanzar la verdadera excelencia como hombre o como cristiano. Dios no nos promete una vida de holgura, honor o riqueza en servicio suyo. Pero nos asegura que todas las bendiciones necesarias serán nuestras, “con persecuciones”, y en el mundo venidero la “vida eterna”. Cristo no acepta nada menos que una consagración completa al servicio suyo. Esta es la lección que todos tenemos que aprender.5TPI 40.1

    Aquellos que estudian la Biblia, buscan el consejo de Dios y dependen de Cristo serán habilitados para actuar sabiamente en todo tiempo y bajo toda circunstancia. Los buenos principios relucirán en la vida de manera real. Permítase solamente que la verdad para este tiempo sea recibida de corazón y que se convierta en el fundamento del carácter, y ella producirá una firmeza de propósito incapaz de ser debilitada por las atracciones del placer, la veleidosidad de las costumbres, el desprecio de los que aman al mundo, y los clamores del corazón por la complacencia propia. Primero ha de esclarecerse la conciencia y ponerse la voluntad bajo sujeción. El amor por la verdad y la justicia ha de reinar en el alma, para que reluzca el carácter que el cielo puede aprobar.5TPI 40.2

    Tenemos ejemplos notables del poder sustentador de los firmes propósitos religiosos. Ni siquiera el temor a la muerte pudo obligar al exánime David a beber del agua de Belén, la cual hombres valientes habían arriesgado sus vidas para obtener. La profunda fosa de los leones no le impidió a Daniel hacer sus oraciones diarias, como tampoco pudo el horno ardiente inducir a Sadrac y sus compañeros a postrarse ante el ídolo erigido por Nabucodonosor. Los jóvenes de principios firmes se abstendrán de los placeres, desafiarán el dolor, y afrontarán aún la fosa de los leones y el ardiente horno de fuego antes que ser hallados desleales a Dios. Fijaos en el carácter de José. Su virtud fue severamente probada, pero el triunfo de la misma fue completo. Sobre cada punto el joven noble resistió la prueba. Manifestó los idénticos principios inconmovibles en cada prueba. El Señor estaba con él y su palabra era ley.5TPI 40.3

    Tal firmeza y principios intachables brillan con más esplendor en contraste con la debilidad e ineptitud de los jóvenes de este tiempo. Con muy pocas excepciones, ellos son vacilantes, variables conforme al cambio de circunstancias y de ambiente, una cosa hoy y otra mañana. Al verse confrontados con las atracciones del placer o la gratificación egoísta, sacrifican la conciencia por lograr el deleite codiciado. ¿Podrá confiarse en tal persona? ¡Nunca! En ausencia de la tentación, se comportará con tal decoro que vuestras dudas y sospechas parecerán injustas; pero al presentársele la oportunidad traicionará vuestra confianza. Hay defecto en el corazón. En el preciso momento cuando más se requiere la firmeza y los principios, encontraréis que cede y, si no se convierte en un Arnold*Benedict Arnold: General revolucionario norteamericano que se convirtió en un traidor: 1741-1801. o en un Judas, es porque le falta la debida oportunidad.5TPI 41.1

    Padres, debe ser vuestra primera preocupación obedecer el llamado del deber y emprender de alma y corazón la obra que Dios os ha encomendado. Si fracasáis en todo lo demás, sed minuciosos, sed eficientes en esto. Si vuestros hijos surgen puros y virtuosos de la disciplina del hogar, si ocupan aunque sea el lugar más pequeño y humilde en el plan de Dios para el bienestar del mundo, vuestra vida jamás podrá considerarse como un fracaso o repasarse con remordimiento alguno.5TPI 41.2

    La idea de que hay que ceder a las maneras de niños perversos es un error. Eliseo, al mismo comienzo de su obra, fue ridiculizado y escarnecido por la juventud de Betel. Era un hombre de gran mansedumbre, pero el Espíritu de Dios lo impelió a pronunciar una maldición sobre sus detractores. Habían escuchado acerca de la ascensión de Elías e hicieron de este evento solemne el objeto de sus burlas. Eliseo dio a entender que ni mayores ni menores habían de burlarse de él con respecto a su llamado sagrado. Cuando le dijeron que ascendiera, así como lo había hecho Elías anteriormente, los maldijo en el nombre del Señor. El terrible juicio que recayó sobre ellos provenía del Señor. Después de esto, Eliseo no tuvo más problemas en su misión. Por espacio de cincuenta años entró y salió por el portón de Betel e iba y venía de ciudad en ciudad paseando entre muchedumbres de lo peor y más ordinario, de jóvenes ociosos y disolutos, pero nadie volvió a mofarse de él o tener en menos sus calificaciones como profeta del Altísimo. Este solo instante de terrible severidad al comienzo de su carrera bastó para que lo respetaran durante el resto de su vida. Si hubiera dejado pasar inadvertida la mofa, lo hubiesen ridiculizado, vilipendiado y aún lo hubiese asesinado la chusma, y su misión de instruir y salvar la nación de su gran peligro hubiera quedado frustrada.5TPI 42.1

    Aun la bondad debe tener sus límites. La autoridad debe ser sostenida mediante una severidad firme, de lo contrario será recibida por muchos con burla y desdén. La supuesta ternura, el halago y el engreimiento que algunos padres manifiestan hacia sus hijos, es el peor mal que puede sobrevenirles. La firmeza, la decisión, los requerimientos claros, son esenciales en toda familia. Padres, reanudad vuestras responsabilidades descuidadas; educad a vuestros hijos en conformidad con el plan de Dios “para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9.5TPI 42.2

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