Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 115

verdades sagradas de la Palabra de Dios la base de su educación. Este conocimiento superior, el conocimiento de la gloria de Dios, debe brillar en su corazón, para que la excelencia del poder pueda ser de Dios y no de los hombres...

Advertid a todo estudiante que debe estar muy despierto. Que nuestros ministros y todos los que por fe están actuando una parte para librar la mente humana del error afirmen con seguridad esta verdad en la mente: que no puede haber educación más elevada que la que procede de Aquel que dio su vida para que la humanidad pudiera unirse a la divinidad, y que el hombre caído se hiciera uno con Dios. El maestro que es tan necio como para pensar que puede dar a los estudiantes un conocimiento más perfecto que el dado por el gran Maestro, Cristo Jesús, ignora qué constituye la educación superior.—Carta 98, 1909.

La verdad fortalece el entendimiento

La Palabra de Dios, considerada y estudiada como debe ser, producirá luz y conocimiento. Su examen atento fortalecerá el intelecto. Por medio del contacto con las verdades más ennoblecedoras y puras, se ampliará la mente, y refinará el gusto.

Dependemos de la Biblia para obtener un conocimiento de la historia antigua de nuestro mundo, de la creación del hombre, y de su caída. Quitad la Palabra de Dios, y ¿qué más se puede esperar fuera de fábulas y conjeturas, además del debilitamiento del intelecto que es el resultado seguro de dar cabida al error? Necesitamos la historia auténtica del origen de la tierra, de la caída del querubín cubridor y de la introducción del pecado en nuestro mundo. Sin la Biblia, seríamos deslumbrados por falsas teorías. La mente se sujetaría a la tiranía de la superstición y la falsedad. Pero teniendo en nuestra posesión la historia auténtica del comienzo de nuestro mundo, no tenemos por qué

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