Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 248

de director médico de un sanatorio hará una gran labor. Pero en el renglón religioso esta labor debe ser siempre de tal naturaleza que presente ante los pacientes el antídoto divino para aliviar las almas cargadas de pecado. Todos los médicos deben comprender que tal obra debe hacerse con ternura y sabiduría. En nuestras instituciones, donde se interna a los pacientes mentales para darles tratamiento, las palabras alentadoras de la verdad dirigidas al afligido a menudo serán el medio de restaurar la mente e infundir paz en el alma.

Cuando el director médico pasa por alto la parte espiritual de la obra, descuida su deber, y muestra un ejemplo errado a los auxiliares más jóvenes que están aprendiendo a hacer la obra de un médico cristiano. Estos estudiantes descuidan la parte más esencial de la obra. Temo que esto resultará en una pérdida que nunca se podrá remediar.—Carta 20, 1902.

Aprendamos a trabajar como él lo hizo

Debe reconocerse a Dios como el Artífice Maestro en todos nuestros sanatorios. Al familiarizarse con su vida, los médicos y auxiliares deben aprender a trabajar como él lo hizo. Él era la Majestad del cielo, el Rey de la gloria. Pero, vestido con la túnica de la humanidad, se colocó a la cabeza de la raza caída. Se humilló a sí mismo, y se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Asumió la naturaleza humana para hacer posible que el hombre fuera partícipe de la naturaleza divina.

El médico que procura representar a Cristo no asumirá prerrogativas que el Maestro no le ha otorgado. No buscará gobernar a sus semejantes; recordará que es un colaborador de Dios. Representará al Invisible en espíritu, palabra y acción.—Manuscrito 136, 1902.

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