Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 277

Cristo nos tratara como nos tratamos entre nosotros, ninguno de nosotros sería salvo. ¡Oh, cuántos se perderán debido a que nunca dijeron las palabras que debieron expresar con delicada tolerancia!—Carta 20, 1892.

El estudiante lento

Los estudiantes que al principio parecen ser torpes y lentos, al final pueden progresar más que los que son naturalmente vivos o más rápidos. Si son metódicos y perseverantes en su labor, alcanzarán mucho más que otros. Los que forman hábitos de paciencia, de laboriosidad persistente, lograrán más que los que son rápidos, vivaces y de mente brillante; que aunque entienden un punto con rapidez, con igual prontitud lo olvidan. Los alumnos pacientes, aunque lentos para aprender, adelantarán más que los que aprenden tan rápidamente que no necesitan estudiar.—Manuscrito 115, 1903.

Actitud del instructor

Aunque los estudiantes deben estar dispuestos a empezar con responsabilidades menores y a dar evidencia de que se puede confiar en ellos, él [el instructor] debe sentir por ellos el más afectuoso cariño. No debe desalentarse por la ignorancia de ellos, sino darles crédito por todas las buenas cualidades que poseen. Al educarse a sí mismo en este sentido, obtiene una experiencia inestimable: una experiencia que necesita para convertirse en un cristiano práctico.

Si los estudiantes cometen errores, no piense él que no merecen otra prueba, como si hubieran cometido pecados imperdonables. Debe señalarles sus errores en forma amable, y ellos, a su turno, se mostrarán agradecidos por contar con un amigo tan fiel que les hace ver sus faltas y les enseña cómo corregirlas. Desechar a los que yerran, o tratarlos fríamente, no sería actuar como Cristo se portó con él.

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