Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 324

oración ferviente y obrando en sabiduría divina. Mientras hagáis esto, veréis que Dios otorgará el Espíritu Santo para convencer, y el poder de la verdad para convertir el alma.

Se me ha mostrado que miles de hombres ricos han descendido a la tumba sin conocer la verdad, porque se los ha juzgado por la apariencia y se los ha pasado por alto como objetivos inalcanzables. El Señor desea que se cambie este orden de cosas. Que hombres de juicio entren a la obra, hombres que aún no han hecho nada de esto porque les ha parecido algo prohibitivo e imposible. Es una obra grande e importante, y Dios habilitará con sabiduría a personas que la lleven a cabo.

No será un toque casual o accidental el que hará que estas almas adineradas, amantes del mundo y adoradoras de la mundanalidad, sean atraídas a Cristo. Debe disponerse de esfuerzo personal decidido de parte de hombres y mujeres que estén imbuidos con el espíritu misionero, que no fracasen y que no se desanimen. El mensajero de Dios debe tener siempre en mente que el universo celestial ha estado esperando por mucho tiempo para cooperar con los agentes humanos en esta obra que se ha rehuido y descuidado.—Carta 47, 1894.

Valor de la obra médica

Algunos son completamente incapaces de entender la importancia de que los misioneros sean también médicos misioneros. Un ministro del evangelio tendrá un éxito doble en su labor si comprende cómo tratar la enfermedad. Se me ha dado luz creciente sobre este asunto. Algunos, que no ven la ventaja de educar a los jóvenes para ser médicos tanto de la mente como del cuerpo, dicen que el diezmo no debiera utilizarse para apoyar a los médicos misioneros, quienes dedican su tiempo a tratar a los enfermos. En respuesta a tales declaraciones, se me instruye a

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