Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 411

lo que vale. Deben elegirse puntos un tanto alejados de las ciudades ruidosas. Los que trabajan en las grandes ciudades necesitan ventajas especiales, para que no se les pida que sacrifiquen la vida o la salud en forma innecesaria.

Escribo estas cosas porque se me ha mostrado la importancia de que nuestros obreros eviten en lo posible cualquier cosa que ponga en peligro su salud. Necesitamos ejercer el mejor juicio en estos asuntos. A los hombres y mujeres débiles o ya de edad, no se los debe enviar a trabajar en ciudades insalubres y atestadas. Que trabajen donde no sacrifiquen innecesariamente la vida. A nuestros hermanos que llevan la verdad a las ciudades no se les debe obligar a poner en peligro su salud en el ruido, el bullicio y la confusión, si se pueden obtener lugares retirados [para que vivan].

Los que están empeñados en la obra difícil y exigente de las ciudades deben recibir el mayor aliento posible. Que no estén sujetos a críticas injustas de parte de sus hermanos. Debemos atender a los obreros del Señor que están llevando la luz de la verdad a los que están en las tinieblas del error. Se nos ha presentado una alta norma.

Todo ministro del evangelio debe ser amigo de los pobres, los afligidos y los oprimidos entre los creyentes del pueblo de Dios. Cristo siempre fue amigo de los pobres, y los intereses del pobre se deben proteger sagradamente. Muy a menudo ha habido una impresionante escasez de la compasión y el interés misericordioso de Cristo hacia los pobres y los afligidos. El amor, el amor sagrado y refinado, debe ejercerse en favor de los pobres y desafortunados.—Carta 168, 1909.

Hay que redimir el tiempo

Los terribles desastres que están sacudiendo las grandes

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