Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 423

impresionarlas con la importancia de idear planes y métodos para que puedan hacer dentro de sus límites la misma clase de obra que los ministros del evangelio hacen en alejadas regiones.

El trabajo de la vida es una escuela

El mundo no es un campo de croquet, en el cual nos divirtamos; es una escuela donde debemos estudiar dedicada y cabalmente las lecciones que se dan en la Palabra de Dios. Allí se aprende a recibir y a impartir. Allí se aprende a buscar las almas por los caminos y vallados de la vida. ¡Cuán fervientemente se toma parte en los juegos de este mundo! Si los que se dedican a ellos se esforzaran tan entusiastamente por la corona de la vida que es imperecedera, ¡qué victorias obtendrían! ¡Se convertirían en médicos misioneros y verían cuánto bien podrían hacer para aliviar a la humanidad doliente. ¡Qué bendición serían! Lo que necesitamos es una educación práctica. ¡Ministros y pueblo, practicad las lecciones que Cristo ha dado en su Palabra, y llegaréis a ser como Cristo en carácter!—Manuscrito 32, 1901.

La verdad debe presentarse en muchas formas

La iglesia de Cristo depende de él para su misma existencia. Sólo mediante él puede ella ganar vida y fortaleza continuas. Los miembros deben vivir constantemente en la relación más íntima y vital con el Salvador. Deben seguir en sus pasos de abnegación y sacrificio. Deben ir a los caminos y vallados de la vida para ganar almas para él, utilizando todo medio posible para hacer que la verdad aparezca en su carácter real ante el mundo.

La verdad debe presentarse en diversas formas. Algunos de posiciones elevadas la aceptarán si se les enseña en figuras y parábolas. Mientras los hombres se esfuerzan para

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