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Testimonios para la Iglesia, Tomo 4

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    Número 28—Testimonio para la iglesia

    Experiencias y trabajos

    La razón por la que en este tiempo envío otro Testimonio a mis queridos hermanos y hermanas es que el Señor se me ha manifestado y una vez más me ha revelado asuntos de máxima importancia para los que profesan guardar los mandamientos de Dios y esperan la venida del Hijo del hombre. Entre la visión que me fue dada el 3 de junio de 1875 y la reciente manifestación del amor y el poder de Dios han trascurrido más de tres años. No obstante, antes de abordar los asuntos que se me revelaron daré un breve apunte de mi experiencia durante los últimos dos años.4TPI 267.1

    El 11 de mayo de 1877 salimos de Oakland California, y fuimos a Battle Creek, Míchigan. Durante varios meses sufrí del corazón y padecí mucho a causa de dificultades en la respiración durante el viaje a través de las llanuras. Cuando llegamos a Míchigan las dificultades no desaparecieron. Otras personas habían ocupado nuestra casa en Battle Creek y, con los hijos en California, no teníamos parientes que pudieran ocuparse de nosotros. Sin embargo, unos amables amigos hicieron cuanto pudieron por mí; pero yo no me sentía bien porque me daban todos los cuidados que deberían haber dado a sus propias familias.4TPI 267.2

    Mi esposo recibió un telegrama que reclamaba su presencia en Battle Creek para atender un importante asunto relacionado con la causa; más específicamente, supervisar los planos del gran edificio del sanatorio. Acudimos en respuesta a esta urgente llamada y nos dedicamos con sinceridad a predicar, escribir y reunirnos con las direcciones de la Review, el colegio y el sanatorio, casi siempre trabajando hasta bien entrada la noche. Mi esposo estaba abrumado, era consciente de la importancia de esas instituciones, en especial del edificio del sanatorio, en las cuales se habían invertido más de cincuenta mil dólares. Su ansiedad mental constante preparaba el camino para una repentina caída. Ambos nos apercibimos del peligro que corríamos y decidimos viajar a Colorado para disfrutar de un retiro que nos permitiera descansar. Mientras planeábamos el viaje, pareció que una voz me decía: “Ponte la armadura. Tengo trabajo para ti en Battle Creek”. La voz parecía tan clara que involuntariamente me di la vuelta para ver quién me hablaba. No vi a nadie y, al sentir la presencia de Dios, el corazón se me inundó de ternura ante él. Cuando mi esposo entró en la estancia, le referí lo sucedido. Lloramos y oramos juntos. Habíamos dispuesto la partida para pasados tres días, pero nuestros planes habían sido cambiados.4TPI 267.3

    El 30 de mayo, los pacientes y los trabajadores del sanatorio habían planeado pasar el día en una hermosa arboleda a orillas del lago Goguac, a dos millas de Battle Creek y se me pidió que asistiera y dirigiera unas palabras a los pacientes. De haber tenido en cuenta mis sentimientos, no habría acudido; pero pensé que quizá era parte de la labor que debía llevar a cabo en Battle Creek. A la hora acostumbrada, se pusieron las mesas y se llenaron con alimentos higiénicos, compartidos con entusiasmo. A las tres de la tarde se dio inicio a los ejercicios después de haber orado y cantado. Gocé de gran libertad para hablar a las personas. Todos escucharon con el máximo interés. Cuando terminé mi discurso, el juez Graham de Wisconsin, un paciente del sanatorio, se levantó y propuso que se imprimiera la conferencia y se distribuyera entre los pacientes y otras personas para su provecho moral y físico, para que las palabras pronunciadas en ese día nunca fuesen olvidadas o no recibiesen la atención merecida. La proposición fue aprobada por unanimidad de los presentes y la predicación se publicó en un pequeño folleto que se tituló: The Sanitarium Patients at Goguac Lake [Los pacientes del sanatorio en el Lago Goguac].4TPI 268.1

    La clausura del curso académico del colegio de Battle Creek estaba cercana. Me sentía muy inquieta por los alumnos, muchos de los cuales no se habían convertido o se habían apartado de Dios. Deseaba hablarles y hacer un esfuerzo para su salvación antes de que se esparcieran de regreso a sus hogares. Sin embargo me sentía demasiado débil para trabajar por ellos. Después de la experiencia que he relatado, tenía todas las evidencias que podía haber pedido para estar segura de que Dios me sostendría en la tarea de la salvación de los alumnos.4TPI 268.2

    Se convocaron reuniones en la casa de adoración en beneficio de los alumnos. Durante una semana trabajé por ellos, dirigiendo reuniones cada tarde y el sábado y el primer día de la semana. Al ver que los alumnos del colegio llenaban casi por completo la casa de adoración, mi corazón fue tocado. Quise grabar en ellos que una vida de pureza y oración no sería un obstáculo para que obtuviesen un conocimiento preciso de las ciencias, sino que eliminaría muchas trabas que obstaculizan su crecimiento en el conocimiento. Al unirse al Salvador entrarían en la escuela de Cristo y, si eran alumnos diligentes, el vicio y la inmoralidad serían expulsados de en medio de ellos. Finalmente, cuando eso sucediera, el conocimiento se acrecentaría. Todos los que son alumnos de la escuela de Cristo se destacan tanto en la calidad como en la extensión de su educación. Les presenté a Cristo como el gran Maestro, la fuente de toda sabiduría, el mayor educador que el mundo jamás haya conocido.4TPI 269.1

    “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría”. Proverbios 9:10. Cuando conozca a Dios y sus exigencias el alumno abrirá su entendimiento y comprenderá sus responsabilidades para con Dios y para con el mundo. En ese momento entenderá que sus talentos deben desarrollarse de tal manera que produzcan los mejores resultados. Eso no será una realidad a menos que todos los principios y los preceptos de la religión impregnen su educación en la escuela. En ningún caso deberá separar a Dios de sus estudios. En su persecución del conocimiento busca la verdad y toda verdad viene de Dios, que es la fuente de la verdad. Los alumnos virtuosos e imbuidos del Espíritu de Cristo aprehenderán el conocimiento con todas sus facultades.4TPI 269.2

    El colegio de Battle Creek fue fundado con el propósito de enseñar ciencias y, al mismo tiempo, llevar a los alumnos al Salvador, origen de todo el conocimiento verdadero. La educación adquirida sin la religión de la Biblia está privada de resplandor y gloria. Quería grabar en las mentes de los alumnos el hecho de que, desde el punto de vista educacional, nuestra escuela debe adoptar una posición más elevada que otras instituciones de enseñanza, abriendo ante los jóvenes visiones, metas y objetivos para la vida más nobles, educándolos para que tengan un correcto conocimiento de los deberes humanos y los intereses eternos. El gran objetivo de la fundación de nuestro colegio fue dar visiones correctas y mostrar la armonía de la ciencia con la religión de la Biblia.4TPI 269.3

    El Señor me dio fuerzas y bendijo nuestros esfuerzos. Un gran número se adelantó para orar. Algunos de ellos, a causa de la negligencia y la falta de oración, había perdido la fe y la evidencia de su vinculación con Dios. Muchos testificaron que al dar ese paso recibían la bendición de Dios. Como resultado de las reuniones un gran número se presentó para el bautismo.4TPI 270.1

    Puesto que los actos de clausura del año académico de Battle Creek tendrían lugar en el lago Goguac, se decidió que el bautismo se administrara allí. La congregación que se había reunido mostró gran interés por los servicios que tuvieron lugar, los cuales fueron conducidos con la más alta solemnidad y se cerraron con la sagrada ordenación. Yo hablé al inicio y al final de los actos. Mi esposo llevó a catorce de lo preciosos jóvenes dentro del lago y los sepultó con el Señor en el bautismo. Varios de los que se presentaron como candidatos para el bautismo escogieron recibirlo en sus hogares. Así fueron los memorables servicios de clausura de ese curso académico de nuestra amada escuela.4TPI 270.2

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