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Mensajes Selectos Tomo 1

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    Cristo, nuestra esperanza y ejemplo

    La humillación y los angustiosos sufrimientos de Cristo en el desierto de la tentación fueron soportados en beneficio de la raza humana. En Adán se perdió todo por la transgresión. En Cristo estaba la única esperanza del hombre de recuperar el favor de Dios. El hombre se había distanciado tanto de Dios al transgredir su ley, que no podía humillarse a sí mismo ante Dios de una manera proporcional a la gravedad de su pecado. El Hijo de Dios podía entender plenamente los provocativos pecados del transgresor, y sólo él, en su carácter impecable, podía efectuar una expiación aceptable para el hombre al sufrir la sensación angustiosa del desagrado de su Padre. El dolor y la angustia del Hijo de Dios por los pecados del mundo estuvieron en proporción con su excelsitud y pureza divinas, tanto como con la magnitud de la falta.1MS 332.4

    Cristo fue nuestro ejemplo en todas las cosas. Cuando vemos su humillación en la larga prueba y ayuno en el desierto para vencer por nosotros las tentaciones del apetito, hemos de tomar esta lección para nosotros mismos cuando somos tentados. Si el poder del apetito es tan fuerte sobre la familia humana y su complacencia tan tremenda que el Hijo de Dios se sometió a sí mismo a una prueba tal, cuán importante es que sintamos la necesidad de mantener dominado el apetito por nuestra razón. Nuestro Salvador ayunó cerca de seis semanas, a fin de que pudiera ganar la victoria para el hombre en lo que atañe al apetito. Los profesos cristianos, que tienen una conciencia clara y a Cristo como su modelo delante de ellos, ¿cómo pueden rendirse a la complacencia de aquellos apetitos que tienen una influencia enervadora sobre la mente y el corazón? Es un hecho doloroso que los hábitos de complacencia propia a expensas de la salud y el debilitamiento de las facultades morales, en la actualidad están manteniendo en los grillos del cautiverio a una buena porción del mundo cristiano.1MS 333.1

    Muchos que profesan ser piadosos no investigan la razón del largo período de ayuno y sufrimiento de Cristo en el desierto. Su angustia no se debió tanto a los tormentos del hambre como a su comprensión de los terribles resultados de la complacencia del apetito y de las pasiones sobre la raza humana. Sabía que el apetito sería el ídolo del hombre y lo induciría a olvidarse de Dios, y que obstruiría directamente el camino de su salvación.1MS 333.2

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