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Notas biográficas de Elena G. de White

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    Exhortaciones a la fidelidad

    Muy penoso me era decirles a los que andaban en error lo que se me había mostrado respecto a ellos. Me causaba mucha angustia ver a otros turbados o afligidos. Y cuando me veía obligada a declarar los mensajes, a menudo los suavizaba y los hacía parecer tan favorables para las personas a quienes concernían como me era posible, y después me retiraba a la soledad para llorar en agonía de espíritu. Me fijaba en aquellos que parecían no tener que cuidar sino de sus propias almas, y pensaba que, de hallarme yo en su situación, no me quejaría. Me era muy penoso referir los explícitos y terminantes testimonios recibidos de Dios. Anhelosamente aguardaba el resultado, y si los reprendidos se rebelaban contra la reprensión y después se oponían a la verdad, yo me preguntaba: ¿Habré dado debidamente el mensaje? ¿No podía haber algún medio de salvarlos? Y entonces se oprimía tan angustiosamente mi alma, que muchas veces la muerte habría sido para mí una mensajera bienvenida, y la tumba un dulce lugar de reposo.NBEW 98.3

    No me daba cuenta de que, con estas dudas y preguntas, quebrantaba mi fidelidad; ni advertía el peligro y el pecado de semejante conducta, hasta que fui transportada en visión a la presencia de Jesús. Me dirigió una mirada de desaprobación y apartó de mí su rostro. No es posible describir el terror y la agonía que sentí entonces. Postré mi rostro en el suelo ante él sin poder articular una palabra. ¡Oh, cuánto anhelaba ocultarme y esconderme de aquel terrible ceño! Entonces pude percatarme en parte de lo que sentirán los perdidos cuando griten a las montañas y a las peñas: “Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero”. Apocalipsis 6:16.NBEW 99.1

    Al rato, un ángel me mandó que me levantara, y es difícil describir lo que vieron mis ojos. Ante mí había una hueste, de cabellos desgreñados y vestidos desgarrados, en cuyos semblantes se retrataban el horror y la desesperación. Se me acercaron y restregaron sus vestiduras contra las mías. Miré después mi vestido y lo vi manchado de sangre. De nuevo caí como muerta a los pies del ángel que me acompañaba, y sin poder alegar excusa alguna, deseaba alejarme de aquel lugar santo.NBEW 99.2

    El ángel me puso en pie y dijo: “Este no es ahora tu caso; pero has visto esta escena para que sepas cuál será tu situación si descuidas declarar a los demás lo que el Señor te ha revelado. Pero si eres fiel hasta el fin, comerás del árbol de la vida y beberás del agua del río de vida. Habrás de sufrir mucho; pero la gracia de Dios es suficiente”.NBEW 99.3

    Entonces me sentí con ánimo para hacer cuanto el Señor exigiese de mí, a fin de lograr su aprobación y no experimentar su terrible enojo.NBEW 99.4

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