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Mensajes Selectos Tomo 3

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    Capítulo 52—La impecabilidad y la salvación

    La pretensión de impecabilidad1[Párrafos de un sermón predicado por Elena G. de White, en Santa Rosa, California, el 7 de Marzo de 1885.]

    Dice Juan, hablando del engañador que hace grandes milagros: El hará una imagen de la bestia, y hará que todos reciban su marca. ¿Queréis considerar este asunto? Escudriñad las Escrituras, y ved. Aparecerá un poder engañador, y será cuando los hombres pretendan que poseen la santificación y santidad, elevándose más y más alto y jactándose de sí mismos.3MS 403.1

    Mirad a Moisés y a los profetas; mirad a Daniel, a José y a Elías. Mirad a estos hombres, y halladme una sola frase donde ellos hayan pretendido alguna vez ser impecables. Precisamente el alma que se halla en estrecha relación con Cristo, contemplando su pureza y excelencia, caerá avergonzada delante de él.3MS 403.2

    Daniel era un hombre a quien Dios había dado gran capacidad y conocimiento, y cuando ayunó, el ángel vino a verlo y le dijo: “Tú eres muy amado”. Daniel 9:23. Y él cayó postrado delante del ángel. No dijo: “Señor, he sido muy fiel a ti, y he hecho todas las cosas para honrarte y defender tu palabra y tu nombre. Señor, tú sabes cuán fiel he sido en la mesa del rey, y cómo mantuve mi integridad cuando me echaron en el foso de los leones”. ¿Fue ésa la manera en que Daniel oró a Dios?3MS 403.3

    No; él oró y confesó sus pecados, y dijo: Escucha, Señor, y líbrame. Nos hemos apartado de tu palabra y hemos pecado. Y cuando vio al ángel, dijo: Mi gracia se tornó en corrupción. No pudo mirar la cara del ángel, y no quedaron en él fuerzas. Su fortaleza lo había abandonado. Pero cuando el ángel vino a él cayó sobre sus rodillas, y no lo pudo mirar. Luego el ángel vino a él con la apariencia de un hombre, y entonces pudo resistir la escena.3MS 404.1

    Solamente los que están lejos de Cristo pretenden ser impecables—¿Por qué existen tantos que pretenden ser santos y sin pecado? Es porque están muy lejos de Cristo. Yo nunca me he atrevido a pretender una cosa semejante. Desde el tiempo en que tenía catorce años, si llegaba a conocer la voluntad de Dios, estaba dispuesta a hacerla. Pero nunca me habéis oído decir que yo soy sin pecado. Los que obtienen una visión de la bondad y el exaltado carácter de Cristo Jesús, quien era santo y elevado, y cuya estela llena el templo, nunca dirán que están santificados. Sin embargo tenemos que encontrarnos con personas que dicen tales cosas y mucho más.—Manuscrito 5, 1885.3MS 404.2

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