Larger font
Smaller font
Copy
Print
Contents

Testimonios para la Iglesia, Tomo 6

 - Contents
  • Results
  • Related
  • Featured
No results found for: "".
    Larger font
    Smaller font
    Copy
    Print
    Contents

    La necesidad del mundo

    Cuando Cristo vio las multitudes que se habían reunido alrededor de él, “tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Cristo vio la enfermedad, la tristeza, la necesidad y degradación de las multitudes que se agolpaban a su paso. Le fueron presentadas las necesidades y desgracias de la humanidad de todo el mundo. En los encumbrados y los humildes, los más honrados y los más degradados, veía almas que anhelaban las mismas bendiciones que él había venido a traer; almas que necesitaban solamente un conocimiento de su gracia para llegar a ser súbditos de su reino. “Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”. Mateo 9:37, 38.6TPI 257.1

    Hoy existe la misma necesidad. Hacen falta en el mundo obreros que trabajen como Cristo trabajó a favor de los dolientes y pecadores. Hay, a la verdad, una multitud que alcanzar. El mundo está lleno de enfermedad, sufrimiento, angustia y pecado. Está repleto de personas que necesitan que se las atienda: los débiles, los impotentes, los ignorantes, los degradados.6TPI 257.2

    Muchos de los jóvenes de esta generación, aun en las iglesias, instituciones religiosas y hogares que profesan ser cristianos; están eligiendo la senda que conduce a la destrucción. Con sus hábitos intemperantes se acarrean enfermedades, y por la ambición de obtener dinero para sus costumbres pecaminosas, caen en prácticas impropias. Arruinan su salud y su carácter. Ajenos a Dios, y parias de la sociedad, esos pobres seres se sienten sin esperanza para esta vida ni para la venidera. Han quebrantado el corazón de sus padres y los hombres los declaran sin esperanza; pero Dios los mira con compasiva ternura. Él comprende todas las circunstancias que los indujeron a caer bajo la tentación. Constituyen estos seres errantes, una clase que pide que se trabaje a favor de ella.6TPI 257.3

    Lejos y cerca, no sólo entre los jóvenes sino entre los de cualquier edad, hay almas sumidas en la pobreza, la angustia y el pecado, abrumadas por un sentimiento de culpabilidad. Es obra de los siervos de Dios buscar estas almas, orar con ellas y por ellas, y conducirlas paso a paso al Salvador.6TPI 257.4

    Pero los que no reconocen los requerimientos de Dios no son los únicos que viven angustiados y necesitados de ayuda. En el mundo actual, donde predominan el egoísmo, la codicia y la opresión; muchos de los verdaderos hijos de Dios sufren necesidades y aflicción. En lugares humildes y miserables rodeados de pobreza, enfermedad y culpabilidad, incontables son los que soportan pacientemente su carga de dolor y tratan de consolar a los desesperados y pecadores que los rodean. Muchos de ellos son casi desconocidos para las iglesias y los ministros; pero son luces del Señor que resplandecen en medio de las tinieblas. El Señor los cuida en forma especial e invita a su pueblo a ayudarlos a aliviar sus necesidades. Dondequiera que haya una iglesia, debe buscarse con atención especial esta clase de personas y atenderla.6TPI 258.1

    Y mientras trabajemos por los pobres, debemos prestar atención también a los ricos, cuyas almas son igualmente preciosas a la vista de Dios. Cristo obraba en favor de todos los que querían oír su palabra. No buscaba solamente a los publicanos y parias, sino al fariseo rico y culto, al noble judío y al gobernante romano. El rico necesita que se trabaje por él con amor y temor de Dios. Con demasiada frecuencia confía en sus riquezas, y no siente su peligro. Los bienes mundanales que el Señor ha confiado a los hombres, son con frecuencia una fuente de gran tentación. Miles son inducidos así a prácticas pecaminosas que los confirman en la intemperancia y el vicio. Entre las miserables víctimas de la necesidad y el pecado se encuentran muchos que poseyeron en un tiempo riquezas. Hombres de diferentes vocaciones y posiciones en la vida, han sido vencidos por las contaminaciones del mundo, por el consumo de bebidas alcohólicas, por la complacencia de las concupiscencias de la carne; y han caído vencidos por la tentación. Mientras que estos seres caídos nos mueven a compasión y reciben nuestra ayuda, ¿no debiera dedicarse algo de atención también a los que no han descendido a esas profundidades, pero están comenzando a caminar por esa misma senda? Hay millares que ocupan posiciones de honor y utilidad que practican hábitos que significan la ruina del alma y del cuerpo. ¿No deben hacerse los esfuerzos más fervientes para aleccionarlos?6TPI 258.2

    Los ministros del Evangelio, estadistas, autores, hombres con riquezas y talento, con gran habilidad comercial y con potencial para ser útiles, están en mortal peligro porque no ven la necesidad de mantener una estricta temperancia en todas las cosas. Debemos atraer su atención a los principios de la temperancia, no de manera mezquina o arbitraria, sino a la luz del gran propósito de Dios para la humanidad. Si se les presentaran así los principios de la verdadera temperancia, muchos de las clases altas reconocerían su valor y los aceptarían de buen grado.6TPI 259.1

    Existe otro peligro al cual están especialmente expuestos los ricos, que constituyen un campo de trabajo para el médico misionero. Son muchísimos los que prosperan en el mundo sin descender a las formas comunes del vicio; y, sin embargo, son empujados a la destrucción por el amor a las riquezas. Absortos en sus tesoros mundanales, son insensibles a los requerimientos de Dios y a las necesidades de sus semejantes. En vez de considerar su riqueza como un talento que deben usar para glorificar a Dios y elevar a la humanidad, la consideran como un medio de complacerse y glorificarse a sí mismos. Añaden una casa a otra, un terreno a otro; llenan sus hogares de lujo, mientras la escasez abunda en las calles y en derredor de ellos hay seres humanos que se hunden en la miseria, el crimen, la enfermedad y la muerte. Los que así dedican su vida a servirse a sí mismos, no están desarrollando los atributos de Dios sino los de Satanás.6TPI 259.2

    Estas personas necesitan el evangelio para apartar sus ojos de la vanidad de las cosas materiales y contemplar la belleza de las riquezas duraderas. Necesitan aprender el gozo de dar, la felicidad de convertirse en colaboradores de Dios.6TPI 259.3

    Esta clase de personas con frecuencia es la más difícil de alcanzar, pero Cristo proveerá los medios para alcanzarlas. Busquen a estas almas los obreros más hábiles, confiables y prometedores. Con la sabiduría y el tacto generados por el amor divino, con el refinamiento y la cortesía como frutos de la presencia de Cristo en el alma, trabajen por los que, deslumbrados por el brillo de las riquezas terrenales, no ven la gloria del tesoro celestial. Estudien los obreros la Biblia con ellos, grabando en sus corazones las verdades sagradas. Léanles las palabras de Dios: “Mas por él estaís vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación, y redención”. “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero, dice Jehová”. “En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia”. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” 1 Corintios 1:30; Jeremías 9:23, 24; Efesios 1:7; Filipenses 4:19. Una súplica tal, hecha con el espíritu de Cristo, no se considerará impertinente. Impresionará a muchos de los que pertenecen a las clases altas.6TPI 260.1

    Mediante esfuerzos hechos con sabiduría y amor, más de un hombre rico será despertado hasta el punto de sentir su responsabilidad para Dios. Cuando se les haga entender claramente que el Señor espera que ellos alivien como sus representantes a la humanidad doliente, muchos responderán y darán de sus recursos y su simpatía para beneficio de los pobres. Cuando sus mentes sean así apartadas de sus propios intereses egoístas, muchos serán inducidos a entregarse a Cristo. Con sus talentos de influencia y recursos se unirán, gozosamente en la obra de beneficencia, con el humilde misionero que fue agente de Dios para su conversión. Por el uso correcto de su tesoro terrenal se harán “tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe”. Se asegurarán el tesoro que la sabiduría ofrece, “riquezas duraderas, y justicia”. Proverbios 8:18.6TPI 260.2

    *****

    Al observar nuestra vida, los habitantes del mundo se forman una opinión de Dios y de la religión de Cristo. Todos los que no lo conocen necesitan que los principios elevados y nobles de su carácter se mantengan constantemente delante de ellos en la vida de quienes le conocen. Satisfacer esta necesidad, llevar la luz del amor de Cristo a los hogares de los grandes y los humildes, de los ricos y los pobres, es el elevado deber y precioso privilegio del misionero médico.6TPI 261.1

    “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mateo 5:13), dijo Cristo a sus discípulos; y con estas palabras hablaba a sus obreros de hoy. Si sois la sal, hay propiedades preservadoras en vosotros, y la belleza de vuestro carácter ejercerá una influencia salvadora. 6TPI 261.2

    *****

    Aunque un hombre se haya hundido hasta las mismas profundidades del pecado, hay posibilidad de salvarlo. Muchos han perdido el sentido de las realidades eternas, perdido la semejanza de Dios, y no saben si tienen un alma que salvar. No tienen fe en Dios ni confianza en el hombre. Pero pueden comprender y apreciar los actos de verdadera simpatía y de ayuda. Su corazón se conmueve cuando ven a uno que, sin esperar alabanza terrenal ni compensación, llega a sus miserables hogares para atender a los enfermos, alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos y guiarlos tiernamente a Aquel de cuyo amor y compasión el obrero humano es tan sólo el mensajero. Al ver esto, sus corazones son conmovidos, aflora la gratitud y comienza a arder la fe en su corazón. Ven que Dios se interesa en ellos y están dispuestos a escuchar cuando se les explica su Palabra.6TPI 261.3

    En esta obra de restauración se requerirá esfuerzo esmerado. No se debe enseñar a estas personas doctrinas extrañas que las asusten; pero a medida que se les ayuda físicamente, se les debe presentar la verdad para este tiempo. Hombres, mujeres y jóvenes necesitan conocer la ley de Dios con sus amplios requerimientos. No son las penurias, el trabajo o la pobreza lo que degrada a la humanidad; es el pecado, la desobediencia a la ley de Dios. Los esfuerzos hechos para rescatar a los perdidos y degradados no tendrán valor a menos que los requerimientos de la ley de Dios y la necesidad de serle fieles se grave en la mente y el corazón. Dios no ordenó nada que no sea necesario para vincular a la humanidad consigo. “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma... El precepto de Jehová, puro, que alumbra los ojos”. “Por la palabra de tus labios” dice el salmista, “yo me he guardado de las sendas de los violentos” Salmos 19:7, 8; 17:4 (NVI).6TPI 261.4

    Los ángeles están ayudando en esta obra de restaurar a los caídos, y hacerlos volver a quien dio su vida para redimirlos, y el Espíritu Santo coopera con el ministerio de los agentes humanos para despertar las facultades morales obrando sobre el corazón, reprendiéndolo y convenciéndolo de pecado, de justicia y de juicio.6TPI 262.1

    A medida que los hijos de Dios se dediquen a esta obra, muchos se asirán de la mano extendida para salvarlos. Serán constreñidos a apartarse de sus malos caminos. Algunos de los rescatados podrán, por la fe en Cristo, ascender a elevados puestos de servicio, y llevar responsabilidades en la obra de salvar almas. Conocen por experiencia propia las necesidades de aquellos por quienes trabajan, y saben cómo ayudarles; saben cuáles son los mejores medios para recobrar a los que perecen. Están agradecidos a Dios por las bendiciones recibidas. El amor vivifica sus corazones y sus energías se fortalecen para levantar a otros que no podrían hacerlo sin ayuda. Aceptando la Biblia como guía y al Espíritu Santo como su ayudador y consolador hallan nuevas oportunidades. Cada una de esas almas que se añade al equipo de los obreros, provista de materiales e instrucción que le permita convertir a otras personas para Cristo; colaborará con los que le llevaron la luz de la verdad. Así se honrará a Dios y progresará su verdad. 6TPI 262.2

    *****

    El mundo se convencerá, no tanto por lo que el púlpito enseña, sino por lo que la iglesia vive. El predicador anuncia la teoría del Evangelio, pero su poder se demuestra por la piedad práctica de la Iglesia.6TPI 263.1

    Larger font
    Smaller font
    Copy
    Print
    Contents