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Testimonios para la Iglesia, Tomo 6

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    La palabra de Dios tiene que ser suprema

    El pueblo de Dios considerará a los gobiernos humanos como que han sido confirmados divinamente; enseñará que se les debe obedecer como un derecho sagrado, dentro del ámbito de la legitimidad; sin embargo, cuando sus edictos estén en conflicto con los mandamientos de Dios, la Palabra de Dios deberá prevalecer por encima de toda ley humana. “Así dice Jehová” no debe supeditarse a un “Así dice la iglesia” o “Así dice el estado”. La corona de Cristo debe colocarse por encima de las diademas de los gobernantes terrenales.6TPI 402.1

    El principio que debemos poner en alto en este tiempo, es el mismo que enarbolaron los seguidores del Evangelio en los tiempos de la Reforma. Cuando los príncipes se reunieron en la Dieta de Spira en el año 1529, parecía que las esperanzas del mundo iban a ser sofocadas. Ante aquella asamblea se presentó el decreto del emperador que restringía la libertad religiosa y prohibía propagar las doctrinas de la Reforma. ¿Aceptarían los príncipes alemanes aquel decreto? ¿Debía ser apagada la luz del Evangelio ante las multitudes que estaban todavía en la oscuridad? Temas de gran importancia para el mundo estaban en juego. Quienes habían aceptado la fe de la Reforma se reunieron, y la decisión unánime fue: “Rechacemos el decreto. En asuntos de conciencia, la mayoría no debe decidir”.6TPI 402.2

    El estandarte de la verdad y de la libertad religiosa que aquellos reformadores hicieron ondear, se nos ha entregado en este último conflicto. La responsabilidad de este gran don descansa sobre quienes Dios ha bendecido con el conocimiento de su Palabra. Debemos considerar la Palabra de Dios como la autoridad suprema. Debemos aceptar sus verdades y hacerlas nuestras. Podremos apreciarlas únicamente si las buscamos mediante el estudio personal.6TPI 402.3

    Cuando convirtamos la Palabra de Dios en la guía de nuestras vidas, se contestará en nosotros la oración de Cristo: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. Juan 17:17. Reconocer la verdad en palabra y en acción, será nuestra confesión de fe. Únicamente así podrán los demás confirmar que creemos en la Biblia.6TPI 402.4

    Los reformadores cuya protesta hizo que se nos conociera como “protestantes”, creían que Dios los había llamado a llevar el Evangelio al mundo. Para cumplir con este mandato estuvieron dispuestos a sacrificar sus posesiones, su libertad y sus vidas. ¿Seremos en este último gran conflicto tan fieles a nuestro cometido, como lo fueron los reformadores a la de ellos?6TPI 403.1

    La verdad para aquel tiempo se llevó a todo rincón del mundo en medio de la persecución y la muerte. La Palabra de Dios se llevó al pueblo. Todas las clases sociales, los encumbrados y el populacho, ricos y pobres, letrados e ignorantes, la estudiaron con entusiasmo. Quienes recibieron la luz se convirtieron a su vez en mensajeros. En aquellos días la verdad se llevó a la gente gracias a la imprenta. La pluma de Lutero era poderosa, y sus escritos, esparcidos por doquier, agitaron al mundo. Las mismas opciones están a nuestra disposición, multiplicadas por cien. Las Biblias y las diversas publicaciones en numerosos idiomas que presentan la verdad para este tiempo, están a nuestro alcance y pueden llevarse rápidamente a cualquier parte del mundo. Debemos proclamar a los hombres el último mensaje de advertencia de Dios, y ¡cuánta diligencia debemos manifestar en el estudio de la Biblia y en nuestro celo al difundir la luz!6TPI 403.2

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