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Testimonios para la Iglesia, Tomo 6

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    Una obra como la de Cristo

    Al atender a los niños no debemos obrar simplemente por deber; sino por amor, porque Cristo murió para salvarlos; compró estas almas que necesitan nuestro cuidado, y espera que las amemos como él nos amó en nuestros pecados y extravíos. El amor es el medio por el cual Dios obra para atraer el corazón hacia sí; porque “Dios es amor”. Este principio es el único que resulta eficaz en cualquier empresa de misericordia. Lo finito debe unirse con el Infinito.6TPI 286.1

    Esta obra en favor de los necesitados requerirá dedicación, abnegación y sacrificio personal. Pero ¿qué es un pequeño sacrificio comparado con el sacrificio que Dios hizo por nosotros en la dádiva de su Hijo unigénito?6TPI 286.2

    Dios nos imparte su bendición para que la compartamos con otros. Cuando le pedimos nuestro pan cotidiano, él se fija en nuestra intención para ver si nos proponemos compartirlo con quienes lo necesitan más que nosotros. Cuando oramos: “Dios, sé propicio a mí pecador”, procura detectar si manifestaremos compasión con el prójimo. Expresamos nuestra relación con Dios si somos misericordiosos como lo es nuestro Padre celestial.6TPI 286.3

    Dios da constantemente. ¿Y a quiénes concede sus dones? ¿A los que tienen un carácter intachable? Él “Que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”. Mateo 5:45. No obstante el carácter pecaminoso de la humanidad, a pesar de que tan a menudo agraviamos el corazón de Cristo y no merecemos el perdón, cuando se lo pedimos él no nos rechaza. Nos ofrece gratuitamente su amor con esta exhortación: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado”. Juan 13:34.6TPI 286.4

    Hermanos y hermanas, os pido que consideréis cuidadosamente este asunto. Pensad en las necesidades de los huérfanos. ¿No se conmueven vuestros corazones cuando presenciáis sus sufrimientos? Ved si no podéis hacer algo para atender a estos seres desamparados. En la medida en que podáis hacerlo, dad hogar a los que no lo tienen. Esté cada uno listo para ayudar en dicha obra. El Señor dijo a Pedro: “Apacienta mis corderos”. Es una orden, y al abrir nuestros hogares a los huérfanos, contribuimos a que se cumpla. No permitamos que Jesús se frustre con nosotros.6TPI 287.1

    Tomemos estos niños y presentémoslos a Dios como una ofrenda fragante. Pidamos su bendición sobre ellos, y luego moldeémoslos de acuerdo a la orden de Cristo. ¿Aceptará nuestro pueblo este santo cometido? A causa de nuestra piedad superficial y ambición mundana, ¿dejaremos que esos seres por quienes Cristo murió sufran y vayan por malos caminos?6TPI 287.2

    La Palabra de Dios contiene abundantes instrucciones sobre el trato que debemos dar a la viuda, al huérfano y al pobre doliente y menesteroso. Si todos las obedecieran, el corazón de la viuda cantaría de gozo; los pequeñuelos hambrientos serían alimentados; se vestiría a los indigentes; y revivirían los que están a punto de perecer. Los seres celestiales nos observan y cuando, motivados por nuestro celo por la honra de Cristo nos coloquemos en el camino de la providencia divina, estos mensajeros celestiales nos impartirán un nuevo poder espiritual para que podamos subsanar las dificultades y triunfar sobre todos los obstáculos.6TPI 287.3

    ¡Qué bendición recibirán los que trabajen! Para muchos que son ahora indolentes, egoístas y centrados en sí mismos, esto sería como resucitar. Reviviría entre nosotros la caridad celestial, la sabiduría y el celo.6TPI 287.4

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