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Testimonios para la Iglesia, Tomo 3

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    Moisés y Aarón

    Aarón murió y fue enterrado sobre el monte Hor. Moisés, hermano de Aarón, y Eleazar, su hijo, lo acompañaron al monte. Se le impuso a Moisés el doloroso deber de quitarle a su hermano Aarón las túnicas sacerdotales y de colocárselas a Eleazar, porque Dios había dicho que él sucedería a Aarón en el sacerdocio. Moisés y Eleazar presenciaron la muerte de Aarón, y Moisés lo enterró en el monte. Esta escena sobre el monte Hor nos hace recordar algunos de los eventos más notables de la vida de Aarón.3TPI 324.1

    Aarón era un hombre de disposición afable, a quien Dios escogió para estar con Moisés y hablar en su nombre; en síntesis, para ser el portavoz de Moisés. Dios podría haber elegido a Aarón como líder, pero el que conoce los corazones, que comprende el carácter, sabía que Aarón era complaciente y que carecía de valor moral para mantenerse en defensa de lo correcto bajo toda circunstancia, al margen de las consecuencias. El deseo de Aarón de tener la buena voluntad del pueblo lo condujo a veces a cometer grandes errores. Demasiado frecuentemente cedió a sus ruegos, y al hacerlo deshonró a Dios. La misma falta de firmeza en favor de lo recto en su familia resultó en la muerte de dos de sus hijos. Aarón se destacaba por su piedad y utilidad, pero descuidó la disciplina de su familia. En vez de cumplir el deber de demandar el respeto y la reverencia de sus hijos, les permitió seguir sus inclinaciones. No los disciplinó para que fueran abnegados, sino que cedió a sus deseos. No fueron disciplinados para respetar y reverenciar la autoridad paterna. El padre era el justo soberano de su familia mientras viviera. Su autoridad no debía cesar, aun después que sus hijos crecieran y tuvieran sus propias familias. Dios mismo era el monarca de la nación, y reclamaba obediencia y honor del pueblo.3TPI 324.2

    El orden y la prosperidad del reino dependían del buen orden de la iglesia. Y la prosperidad, armonía y orden de la iglesia dependían del buen orden y la disciplina cabal de las familias. Dios castiga la infidelidad de los padres, a quienes ha confiado el deber de mantener los principios del gobierno paterno, que yacen en el fundamento de la disciplina de la iglesia y la prosperidad de la nación. Un hijo indisciplinado frecuentemente ha malogrado la paz y la armonía de una iglesia, e incitado a una nación a la murmuración y la rebelión. De modo muy solemne el Señor ha prescrito a los hijos su deber de respetar y honrar afectuosamente a sus padres. Y por otra parte les requiere a los padres que disciplinen a sus hijos y los eduquen con diligencia incesante respecto a las demandas de la Ley divina y los instruyan en el conocimiento y el temor de Dios. Estos preceptos que Dios colocó sobre los judíos con tanta solemnidad, descansan con igual peso sobre los padres cristianos. Los que descuidan la luz y la instrucción que Dios ha dado en su Palabra respecto a que eduquen a sus hijos y que manden a los de su casa después de ellos, tendrán una terrible cuenta que arreglar. El descuido criminal de Aarón en demandar el respeto y la reverencia de sus hijos resultó en la muerte de ellos.3TPI 324.3

    Dios distinguió a Aarón eligiéndolo a él y a su posteridad masculina para el sacerdocio. Sus hijos ministraron en el oficio sagrado. Nadab y Abiú fallaron en reverenciar la orden de Dios de ofrecer fuego sagrado sobre sus incensarios con el incienso ante él. Dios les había prohibido, so pena de muerte, presentar el fuego común ante él con el incienso.3TPI 325.1

    Pero aquí se ve el resultado de una disciplina laxa. Como estos hijos de Aarón no habían sido educados para respetar y reverenciar las órdenes de su padre, como ellos hacían caso omiso de la autoridad paterna, no comprendieron la necesidad de seguir explícitamente los requerimientos de Dios. Al complacer su apetito por el vino y estar bajo su estímulo excitante, su razón estaba nublada y no podían discernir la diferencia entre lo sagrado y lo común. Contrariamente a la instrucción expresa de Dios, lo deshonraron ofreciendo fuego común en vez del sagrado. Dios los visitó con su ira; salió fuego de su presencia y los destruyó.3TPI 325.2

    Aarón sobrellevó su severa aflicción con paciencia y sumisión humilde. La tristeza y una aguda agonía torturaban su alma. Fue convencido de su descuido del deber. Era sacerdote del Dios Altísimo para hacer expiación por los pecados del pueblo. Era sacerdote de su casa, sin embargo se había inclinado a no tomar en cuenta la insensatez de sus hijos. Había descuidado su deber de instruirlos y educarlos en la obediencia, la abnegación y la reverencia hacia la autoridad paterna. A través de los sentimientos de una compasión errada, falló en moldear sus caracteres con una reverencia elevada por las cosas eternas. Aarón no percibió, como tampoco lo ven ahora muchos padres cristianos, que su amor equivocado y la indulgencia de sus hijos en el error, los estaba preparando para el seguro desagrado de Dios y para que su ira se descargara sobre ellos para su destrucción. En vista de que Aarón descuidó el ejercicio de su autoridad, la justicia de Dios se despertó contra ellos. Aarón tuvo que aprender que su suave reconvención sin un ejercicio firme de restricción paterna, y su ternura imprudente hacia sus hijos, eran una manifestación extrema de crueldad. Dios tomó en sus manos el trabajo de hacer justicia y destruyó a los hijos de Aarón.3TPI 325.3

    Dios llamó a Moisés para que ascendiera al monte seis días antes de recibirlo en la nube, en la presencia inmediata de Dios. La cumbre de la montaña estaba radiante con la gloria de Dios. Y sin embargo, aunque los hijos de Israel tenían a la vista esta gloria, la incredulidad les era tan natural que comenzaron a murmurar con descontento, porque Moisés estaba ausente. Mientras la gloria de Dios significaba su presencia sagrada sobre la montaña, y su dirigente estaba en estrecha conversación con Dios, ellos tendrían que haberse santificado mediante un íntimo escudriñamiento de corazón, humillación y piadoso temor. Dios había dejado a Aarón y Hur para que tomaran el lugar de Moisés. En su ausencia el pueblo debía consultar y buscar el consejo de estos hombres designados por Dios.3TPI 326.1

    Aquí se ve la deficiencia de Aarón como dirigente o gobernante de Israel. El pueblo lo acosa para que les haga dioses que vayan delante de ellos a Egipto. Aquí Aarón tenía una oportunidad para mostrar su fe y confianza inamovible en Dios, y para enfrentar con firmeza y decisión la propuesta del pueblo. Pero su deseo natural de agradar y de ceder [ante la presión del] pueblo lo condujeron a sacrificar el honor de Dios. Les pidió que le trajeran sus ornamentos, y les hizo un becerro de oro y proclamó ante el pueblo: “Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”. Éxodo 32:4. Y él hizo un altar a este dios sin sentido y proclamó que el día siguiente sería un día de fiesta al Señor. Parecía que toda restricción había sido quitada del pueblo. Ofrecieron holocaustos al becerro de oro y se apoderó de ellos un espíritu de frivolidad. Cayeron en un desenfreno vergonzoso y en borrachera; comieron, bebieron y se levantaron a jugar.3TPI 326.2

    Sólo habían pasado unas pocas semanas desde que habían hecho un pacto solemne con Dios de obedecer su voz. Habían escuchado las palabras de la Ley de Dios, pronunciadas con terrible grandeza desde el monte Sinaí, en medio de truenos, relámpagos y terremotos. Habían oído la declaración de los labios del mismo Dios: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”. Éxodo 20:2-6.3TPI 327.1

    Aarón y también sus hijos habían sido exaltados al ser llamados al monte para presenciar allí la gloria de Dios. “Y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno”. Éxodo 24:10.3TPI 327.2

    Dios había designado a Nadab y Abiú para una obra muy sagrada, por lo tanto los honró en una manera sumamente maravillosa. Les dio una visión de su gloria excelente para que las escenas que presenciaran en el monte quedasen con ellos y los capacitaran mejor para ministrar en su servicio y para rendirle ese exaltado honor y reverencia ante el pueblo, lo que les daría una concepción más clara de su carácter y despertaría en ellos la debida obediencia y reverencia a todos sus requerimientos.3TPI 327.3

    Antes que Moisés dejara a su pueblo para ir al monte, les leyó las palabras del pacto que Dios había hecho con ellos, y ellos a una voz contestaron: “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos”. Éxodo 19:8. ¡Cuán grande debe haber sido el pecado de Aarón, cuán grave a la vista de Dios!3TPI 328.1

    Cuando Moisés estaba recibiendo la ley de Dios en el monte, el Señor le informó en cuanto al pecado del rebelde Israel y le pidió que los dejara ir, para que pudiera destruirlos. Pero Moisés intercedió ante Dios en favor del pueblo. Aunque Moisés fue el hombre más manso que haya vivido, sin embargo cuando estuvieron en juego los intereses del pueblo sobre el cual Dios lo había nombrado como dirigente, perdió su timidez natural y con singular persistencia y audacia maravillosa intercedió ante Dios en favor de Israel. No consentiría en que Dios destruyera a su pueblo, aunque Dios prometió que al destruirlos exaltaría a Moisés y levantaría a un pueblo mejor que Israel.3TPI 328.2

    Moisés prevaleció. Dios le concedió su ferviente petición de no destruir a su pueblo. Moisés tomó las tablas del pacto, la Ley de los Diez Mandamientos, y descendió del monte. La jarana tumultuosa y de borrachos de los hijos de Israel llegó a sus oídos mucho antes de arribar al campamento. Cuando vio su idolatría y que habían quebrantado en la manera más manifiesta las palabras del pacto, se sintió abrumado de tristeza e indignación ante su ruin idolatría. Se sintió dominado por la confusión y vergüenza por lo que habían hecho, y allí arrojó las tablas y las rompió. Como ellos habían quebrantado su pacto con Dios, Moisés, al quebrar las tablas, les indicó que así también Dios había roto su pacto con ellos. Las tablas sobre las cuales fue escrita la Ley de Dios fueron rotas.3TPI 328.3

    Aarón, con su disposición amable, tan blando y complaciente, trató de conciliar a Moisés, como si el pueblo no hubiera cometido ningún pecado muy grande por el cual tuviera que disgustarse tan profundamente. Moisés preguntó airado: “¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal. Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro”. Éxodo 32:21-24. Aarón quería que Moisés pensara que un milagro maravilloso había transformado sus ornamentos de oro en la forma de un becerro. No le contó a Moisés que él, con otros operarios, había hecho esta imagen.3TPI 328.4

    Aarón consideró que Moisés había sido demasiado inflexible ante los deseos del pueblo. Pensaba que si Moisés hubiera sido menos firme, menos resuelto a veces, y que si hubiera hecho un compromiso con el pueblo y gratificado sus deseos, habría tenido menos problemas, y habría habido más paz y armonía en el campamento de Israel. Él, por lo tanto, había estado probando este nuevo criterio. Siguió su temperamento natural cediendo a los deseos del pueblo, a fin de evitar insatisfacción y preservar su buena voluntad, y de ese modo impedir una rebelión, que él pensó que ciertamente se produciría si no cedía a sus deseos. Pero si Aarón hubiera permanecido sin vacilar del lado de Dios; si hubiera afrontado la sugerencia del pueblo de que les hiciera dioses para que fuesen delante de ellos a Egipto, con la justa indignación y el horror que su propuesta merecía; si les hubiera mencionado los terrores del Sinaí, donde Dios había declarado su Ley en medio de tal gloria y majestad; si les hubiera recordado su solemne pacto con Dios de obedecer todo lo que él les mandara; si les hubiese dicho que a costa de su vida él no cedería a sus ruegos, habría tenido influencia sobre el pueblo para impedir una terrible apostasía. Pero cuando, en la ausencia de Moisés, se requería su influencia para ser usada en la dirección correcta, cuando tendría que haber permanecido tan firme e inflexible como lo hizo Moisés, para impedir que el pueblo siguiera un camino de pecado, su influencia fue ejercida en el lado equivocado. Fue impotente para hacer que su influencia se ejerciera para vindicar el honor de Dios en la observancia de su santa ley. Pero poniéndose en el lado equivocado ejerció una influencia poderosa. Dirigió y el pueblo obedeció.3TPI 329.1

    Cuando Aarón dio el primer paso en la dirección equivocada, fue imbuido del espíritu que había movido al pueblo, y asumió la iniciativa y dirigió como un general, y el pueblo fue singularmente obediente. Aquí Aarón sancionó en forma decidida los pecados más graves, porque esto era menos difícil que estar en defensa de lo correcto. Cuando se desvió de su integridad al aprobar los pecados del pueblo parecía inspirado con una decisión, seriedad y celo nuevos para él. Su timidez pareció desaparecer repentinamente. Con un celo que nunca había manifestado en erguirse en defensa del honor de Dios contra el error, tomó los instrumentos para convertir el oro en la imagen de un becerro. Ordenó que se edificara un altar y, con una certeza digna de mejor causa, proclamó al pueblo que el día de mañana sería un día de fiesta al Señor. Los trompeteros llevaron la palabra de la boca de Aarón e hicieron sonar la proclamación en compañía de los ejércitos de Israel.3TPI 330.1

    La serena certidumbre de Aarón en un curso equivocado de conducta le dio mayor influencia sobre el pueblo que la que podría haber tenido Moisés al conducirlos en el curso correcto y sofocar su rebelión. ¡Qué ceguera espiritual terrible había descendido sobre Aarón que llamó a la luz tinieblas y a las tinieblas luz! ¡Qué presunción la de él al proclamar una fiesta al Señor disimulando su adoración idólatra de una imagen de oro! Aquí se ve el poder que Satanás tiene sobre las mentes que no están plenamente controladas por el Espíritu de Dios. Satanás había colocado su bandera en medio de Israel, la que fue exaltada como la bandera de Dios.3TPI 330.2

    “Israel—dijo Aarón sin vacilación o vergüenza—, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”. Éxodo 32:4. Aarón influyó sobre los hijos de Israel para que fueran a mayores extremos en su idolatría de lo que se les había ocurrido. Ya no les preocupaba que tal vez la gloria ardiente como llama de fuego sobre el monte hubiera consumido a su dirigente. Pensaban que tenían un general que les convenía muy bien a ellos, y estaban listos para hacer cualquier cosa que él sugiriese. Sacrificaron a su dios de oro; ofrecieron ofrendas de paz, y se entregaron al placer, la jarana y la borrachera. Llegaron a la conclusión de que no habían tenido tantos problemas en el desierto porque estuvieran equivocados, sino que, después de todo, la dificultad estaba con su dirigente. No era el tipo correcto de hombre. Era demasiado inflexible y continuamente les echaba en cara sus pecados, advirtiendo, reprobando y amenazándolos con el desagrado de Dios. Había llegado un nuevo orden de cosas, y estaban complacidos con Aarón y complacidos con ellos mismos. Pensaban: ¡Si Moisés sólo hubiera sido tan amable y blando como Aarón, qué paz y armonía habrían prevalecido en el campamento de Israel! Ahora no les preocupaba si Moisés alguna vez descendía del monte o no.3TPI 330.3

    Cuando Moisés vio la idolatría de Israel y se despertó su indignación ante su vergonzoso olvido de Dios hasta el punto de que lanzó las tablas de piedra y las rompió, Aarón permaneció mansamente, soportando la censura de Moisés con plausible paciencia. El pueblo estaba encantado con el espíritu amable de Aarón y sentía disgusto ante la conducta precipitada de Moisés. Pero Dios ve no como el hombre ve. No condenó el ardor y la indignación de Moisés contra la vil apostasía de Israel.3TPI 331.1

    El verdadero general toma entonces su posición del lado de Dios. Ha venido directamente de la presencia del Señor, donde intercedió ante él para que aparte su ira de su pueblo errante. Ahora tiene otra obra que hacer, como ministro de Dios, para vindicar su honor ante el pueblo y para hacerles ver que el pecado es pecado, y que la justicia es justicia. Tiene una obra que hacer para contrarrestar la terrible influencia de Aarón. “Se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví. Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy sobre vosotros”. Éxodo 32:26-29.3TPI 331.2

    Aquí Moisés define la consagración genuina como obediencia a Dios, para levantarse en vindicación de lo correcto y mostrar una disposición para ejecutar el propósito de Dios en los deberes más desagradables, mostrando que las demandas de Dios son más elevadas que las demandas de amigos o las vidas de los familiares más cercanos. Los hijos de Leví se consagraron a Dios para ejecutar su justicia en contra del crimen y el pecado.3TPI 332.1

    Aarón y Moisés pecaron ambos al no dar gloria y honor a Dios en las aguas de Meriba. Ambos estaban cansados y se sintieron provocados por las continuas quejas de Israel y, en un momento cuando Dios iba a desplegar misericordiosamente su gloria ante el pueblo, para suavizar y subyugar sus corazones y para conducirlos al arrepentimiento, Moisés y Aarón se atribuyeron el poder de abrir la roca para ellos. “¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?” Números 20:10. Aquí había una oportunidad de oro para santificar al Señor en medio de ellos, para mostrarles a los israelitas la paciencia de Dios y su tierna compasión hacia ellos. Habían murmurado contra Moisés y Aarón porque no habían podido encontrar agua. Moisés y Aarón consideraron estas murmuraciones como una gran prueba y un deshonor para ellos, olvidando que era Dios a quien el pueblo estaba agraviando. Era en contra de Dios que estaban pecando y a quien estaban deshonrando, no en contra de aquellos que fueron nombrados por Dios para ejecutar su propósito. Estaban insultando a su mejor Amigo al acusar a Moisés y Aarón por sus calamidades; estaban murmurando contra la providencia de Dios.3TPI 332.2

    Este pecado de estos nobles dirigentes fue grande. Sus vidas podrían haber sido ilustres hasta el fin. Habían sido grandemente exaltados y honrados; sin embargo, Dios no excusa el pecado de aquellos que están en posiciones exaltadas antes de hacerlo con aquellos que están en posiciones más humildes. Muchos cristianos profesos consideran a hombres que no reprueban o condenan el error como hombres de piedad y ciertamente cristianos, mientras que piensan que aquellos que se mantienen valientemente en defensa de lo recto y no ceden su integridad ante influencias no consagradas, carecen de piedad y de un espíritu cristiano.3TPI 332.3

    Aquellos que permanecen en defensa del honor de Dios y mantienen la pureza de la verdad a cualquier costo tendrán múltiples pruebas, como ocurrió con nuestro Salvador en el desierto de las tentaciones. Mientras que aquellos que tienen temperamentos complacientes, que no tienen valor para condenar el error, pero guardan silencio cuando se necesita su influencia para mantenerse en defensa de lo recto contra cualquier presión, pueden evitar muchos dolores de cabeza y eludir muchas perplejidades, pero también perderán una muy rica recompensa, si no sus propias almas. Aquellos que están en armonía con Dios y que mediante la fe en él reciben fuerza para resistir el error y mantenerse en defensa de lo correcto, siempre tendrán conflictos severos y frecuentemente tendrán que permanecer casi solos. Pero obtendrán victorias preciosas mientras dependan de Dios. La gracia divina será su fuerza. Su sensibilidad moral será aguda y clara, y sus facultades morales podrán resistir las influencias erróneas. Su integridad, como la de Moisés, será del carácter más puro.3TPI 333.1

    El espíritu blando y condescendiente de Aarón, y su deseo de agradar al pueblo, cegaron sus ojos a los pecados de ellos y a la enormidad del crimen que estaba sancionando. Su conducta al apoyar con su influencia el error y el pecado en Israel costó la vida de tres mil hombres. En contraste con esto está la conducta de Moisés. Después de haber evidenciado al pueblo que no podían jugar impunemente con Dios; después que les hubo mostrado el justo desagrado de Dios a causa de sus pecados, dando el terrible decreto de matar a amigos y parientes que persistían en su apostasía; después del acto de justicia para alejar la ira de Dios, sin tener en cuenta los sentimientos de afecto hacia los amigos y familiares que continuaron obstinados en su rebelión; después de esto, Moisés estaba preparado para otro trabajo. Demostró quién era el verdadero amigo de Dios y el amigo del pueblo.3TPI 333.2

    “Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro. Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado. Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón”. Éxodo 32:30-35.3TPI 334.1

    Moisés suplicó a Dios en favor del Israel pecador. No trató de empequeñecer su pecado ante Dios; no los excusó en su pecado. Reconoció francamente que habían cometido un gran pecado y que se habían hecho dioses de oro. Luego pierde su timidez, y su interés en Israel está tan estrechamente entretejido con su vida que acude osadamente ante Dios y ora para que él perdone a su pueblo. Si su pecado es tan grande, implora, que Dios no puede perdonarlos, si sus nombres deben ser borrados de su libro, ora al Señor para que también borre su nombre. Cuando el Señor renovó su promesa a Moisés, que su ángel iría delante de él conduciendo al pueblo a la Tierra Prometida, Moisés supo que su petición había sido concedida. Pero el Señor le aseguró a Moisés que si era provocado para visitar al pueblo por sus transgresiones, seguramente los castigaría también por este grave pecado. Pero si de ahí en adelante fueran obedientes, él borraría este gran pecado de su libro.3TPI 334.2

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