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Testimonios para la Iglesia, Tomo 3

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    El deber del hombre hacia sus semejantes

    Se me han mostrado algunas cosas en cuanto a la familia del hermano I, que me han preocupado tan fuertemente desde que estoy en este lugar, que me atrevo a expresarlas por escrito. Se me ha mostrado, hermano I, que en su familia hay un elemento de egoísmo que se adhiere a ustedes como la lepra. Este egoísmo debe ser descubierto y vencido, porque es un pecado grave a la vista de Dios. Como familia ustedes han tenido en cuenta por tanto tiempo sus propios deseos, sus propios placeres y conveniencias, que no sienten que otros tienen derechos sobre ustedes. Sus pensamientos, planes y esfuerzos son para el beneficio de ustedes. Viven para el yo; no cultivan la benevolencia desinteresada, la cual, si la ejercitaran, aumentaría y se fortalecería hasta ser su delicia vivir para el bien de otros. Sentirían que tienen un objetivo en la vida, un propósito que les traería ganancias de mayor valor que el dinero. Ustedes necesitan tener un interés más especial por la humanidad, y al hacerlo pondrían sus almas en una conexión más estrecha con Cristo y serían imbuidos de tal manera con su Espíritu y se unirían a él con una tenacidad tan firme que nada podría separarlos de su amor.3TPI 572.1

    Cristo es la Vid viviente; y si ustedes son los sarmientos de esa Vid, el alimento vivificador que corre por ella los alimentará para que no sean improductivos o infructíferos. Ustedes, como familia y como individuos, se han vinculado abiertamente con el servicio de Cristo; y sin embargo son pesados en las balanzas del santuario y hallados faltos. Todos ustedes necesitan experimentar una transformación completa antes que puedan hacer esas cosas que los cristianos altruistas y consagrados debieran hacer. Nada sino una conversión cabal puede darles un sentido correcto de sus defectos de carácter. En gran medida, todos ustedes tienen el espíritu y amor del mundo. Dice el apóstol Juan: “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. 1 Juan 2:15. Su espíritu egoísta estrecha y empequeñece sus mentes restringiéndolas a sus propios intereses. Necesitan una religión pura e incontaminada. La sencillez de la verdad los inducirá a sentir compasión ante las aflicciones ajenas. Están aquellos que necesitan su comprensión y amor. Cultivar esos rasgos de carácter es parte del trabajo de la vida que Cristo nos ha dado a todos para que hagamos.3TPI 572.2

    Dios no lo excusará por no tomar la cruz y practicar la abnegación haciendo bien a otros con motivos desinteresados. Si se esfuerza para practicar la abnegación requerida de los cristianos, usted puede, por la gracia de Dios, estar calificado para ganar almas para Cristo. Dios tiene derechos sobre usted a los que nunca ha respondido. Hay muchos a nuestro alrededor que tienen hambre de comprensión y amor. Pero, como muchos otros, usted ha estado casi desprovisto de ese amor humilde que fluye naturalmente en compasión y solidaridad por los destituidos, los sufrientes y los necesitados. El rostro humano en sí mismo es un espejo del alma, leído por otros, y tiene una influencia reveladora sobre ellos para el bien o para el mal. Dios no nos pide a ninguno de nosotros que observemos a nuestros hermanos y nos arrepintamos de sus pecados. Nos ha dejado un trabajo para hacer, y nos pide que lo hagamos resueltamente, en su temor, con el solo propósito de buscar su gloria.3TPI 573.1

    Toda persona, ya sea fiel o no, debe dar a Dios razón de sí, no de otros. El ver faltas en otros profesos cristianos y condenar su conducta no nos excusará ni contrapesará siquiera un error nuestro. No debiéramos convertir a otros en nuestro criterio ni excusar nada en nuestra conducta porque otros han hecho mal. Dios nos ha dado nuestra propia conciencia. En su Palabra han sido expuestos grandes principios, que son suficientes para guiarnos en nuestra trayectoria cristiana y conducta general. Ustedes, mis queridos amigos, como familia, no han guardado los principios de la ley de Dios. Nunca han sentido la carga del deber que le incumbe al hombre respecto a sus semejantes.3TPI 573.2

    “Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo:3TPI 573.3

    “Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”. Lucas 10:25-37.3TPI 574.1

    Aquí nuestro Salvador, de la manera más sencilla, expresa claramente las condiciones para heredar la vida eterna. El hombre que fue herido y robado representa a aquellos que necesitan nuestro interés, comprensión y apoyo. Si descuidamos los casos de los necesitados y desafortunados cuya situación viene a nuestro conocimiento, no importa quiénes puedan ser, no tenemos seguridad de la vida eterna; porque no satisfacemos las demandas que Dios nos hace. No manifestamos compasión y comprensión por la gente porque quizás ellos no son amigos ni parientes nuestros. Han sido hallados transgresores del segundo gran mandamiento, del cual dependen los últimos seis mandamientos. Cualquiera que ofende en un punto es culpable de todos. Aquellos que no abren sus corazones a las necesidades y sufrimientos de la humanidad no abrirán sus corazones a las demandas de Dios como se las declara en los primeros cuatro preceptos del Decálogo. Los ídolos reclaman el corazón y los afectos, y Dios no es honrado ni reina supremo.3TPI 574.2

    Ustedes, como familia, han fracasado tristemente. En el sentido más estricto, no son observadores de los mandamientos. Pueden ser enteramente exactos en algunas cosas, sin embargo descuidan los asuntos más importantes: el juicio, la misericordia y el amor de Dios. Aunque las costumbres del mundo no son nuestro criterio, sin embargo se me ha mostrado que la comprensión compasiva y la benevolencia del mundo hacia los desafortunados en muchos casos avergüenzan a los profesos seguidores de Cristo. Muchos manifiestan indiferencia hacia aquellos a quienes Dios ha colocado entre ellos con el propósito de probarlos, y revelar lo que está en sus corazones. Dios lee. Él anota cada acto de egoísmo, cada acto de indiferencia hacia los afligidos, las viudas y los huérfanos; y anota junto a sus nombres: “Culpables, deficientes, transgresores de la ley”. Seremos recompensados según hayan sido nuestras obras. Cualquier descuido del deber hacia los necesitados y los afligidos es un descuido del deber hacia Cristo en la persona de sus santos.3TPI 575.1

    Cuando los casos de todos pasen en revista ante Dios, no se formulará la pregunta: ¿Qué profesaron?, sino, ¿qué hicieron? ¿Han sido hacedores de la Palabra? ¿Han vivido egoístamente, o han practicado obras de benevolencia, actos de bondad y amor, dando preferencia a otros antes que a ustedes mismos, y negándose para poder bendecir a otros? Si el registro muestra que ésta ha sido su vida, que sus caracteres se han distinguido por la ternura, la abnegación y la benevolencia, recibirán la bendita certeza y bendición de Cristo: “Bien hecho”. “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Mateo 25:34. Cristo se ha apenado y ha sido herido debido a su manifiesto amor egoísta y su indiferencia hacia las aflicciones y necesidades de otros.3TPI 575.2

    Muchas veces nuestros esfuerzos en favor de otros pueden ser pasados por alto y aparentemente perderse. Pero esto no debiera ser ninguna excusa para que nos cansemos de hacer el bien. Cuán a menudo Jesús ha venido para encontrar fruto en las plantas que están bajo su cuidado y no ha encontrado sino hojas. Podemos chasquearnos ante el resultado de nuestros mejores esfuerzos, pero esto no debiera inducirnos a ser indiferentes ante las aflicciones de otros y a no hacer nada. “Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová; maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron al socorro de Jehová, al socorro de Jehová contra los fuertes”. Jueces 5:23. ¡Cuán a menudo Cristo se chasquea con aquellos que profesan ser sus hijos! Les ha dado evidencias inequívocas de su amor. Él se hizo pobre, para que mediante su pobreza nosotros pudiéramos ser enriquecidos. Murió por nosotros para que pudiéramos no perecer, sino tener vida eterna. ¿Qué habría pasado si Cristo se hubiera negado a llevar nuestra iniquidad porque fue rechazado por muchos y porque tan pocos apreciaron su amor y las bendiciones infinitas que vino a traerles? Necesitamos estimular los esfuerzos pacientes y cuidadosos. Ahora se necesita el valor, no el abatimiento perezoso ni la murmuración malhumorada. Estamos en este mundo a fin de trabajar para el Maestro y no para analizar nuestras inclinaciones y placeres, con el fin de servirnos y glorificarnos a nosotros mismos. ¿Por qué, entonces, tenemos que ser inactivos y desanimarnos porque no vemos los resultados inmediatos que deseamos?3TPI 575.3

    Nuestra tarea es trabajar en la viña del Señor, no meramente para nosotros mismos, sino para el bien de otros. Nuestra influencia es una bendición o una maldición para otros. Estamos aquí para formar caracteres perfectos para el Cielo. Tenemos algo que hacer además de quejarnos y murmurar frente a las providencias de Dios, y de recriminarnos a nosotros mismos. Nuestro adversario no nos permitirá descansar. Si somos ciertamente los hijos de Dios seremos hostigados y asediados severamente, y no necesitamos esperar que Satanás o aquellos bajo su influencia nos traten bien. Pero hay ángeles sumamente poderosos que estarán con nosotros en todos nuestros conflictos si tan sólo somos fieles. Cristo conquistó a Satanás en nuestro favor en el desierto de la tentación. Él es más poderoso que Satanás, y en breve lo aplastará bajo nuestros pies.3TPI 576.1

    Ustedes, como familia y como individuos, se han excusado de prestar un servicio ferviente, activo, en la causa de su Maestro. Han sido demasiado indolentes y han dejado que otros lleven muchas de las cargas más pesadas que ustedes podrían y deberían haber llevado. Su fuerza espiritual y sus bendiciones estarán en proporción al trabajo de amor y a las buenas obras que realicen. La orden del apóstol Pablo es: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. Gálatas 6:2. La observancia de los mandamientos de Dios requiere de nosotros buenas obras, abnegación, sacrificio propio y devoción para el bien de otros; no es que nuestras buenas obras solas puedan salvarnos, pero seguramente no podemos ser salvos sin buenas obras. Después que hemos hecho todo lo que somos capaces de hacer, tenemos que decir entonces: No hemos hecho nada más que nuestro deber, y a lo sumo somos siervos inútiles, indignos del favor más pequeño de Dios. Cristo debe ser nuestra justicia y la corona de nuestro regocijo.3TPI 577.1

    La justicia propia y la seguridad carnal los han cercado como un muro. Como familia ustedes poseen un espíritu de independencia y orgullo. Este elemento los separa de Dios. Es una falta, un defecto, que debe ser visto y vencido. Para ustedes es casi imposible ver sus errores y faltas. Tienen una opinión demasiado buena de ustedes mismos, y les resulta difícil ver los errores de sus vidas y quitarlos mediante la confesión. Se sienten inclinados a justificar y defender su conducta en casi todo, ya sea bueno o malo. Mientras no es demasiado tarde para corregir los errores, acerquen sus corazones a Jesús mediante la humillación y la oración, y procuren conocerse a ustedes mismos. Están perdidos a menos que se despierten y trabajen con Cristo. Ustedes se encierran en una armadura fría, insensible, carente de comprensión. Hay poca vida y calor en la relación que tienen con otros. Viven para ustedes, no para Cristo. Son insensibles e indiferentes hacia las necesidades y condiciones de otros menos afortunados que ustedes. En torno a ustedes están aquellos que tienen hambre del alma y que ansían un amor expresado en palabras y hechos. La comprensión y los verdaderos sentimientos de tierno interés en otros traerían a sus almas bendiciones que ustedes nunca han experimentado todavía y que los pondrían en estrecha relación con nuestro Redentor, cuyo advenimiento al mundo fue con el propósito de hacer bien y cuya vida hemos de imitar. ¿Qué están haciendo por Cristo? “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán”. Lucas 13:24.3TPI 577.2

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