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Testimonios para la Iglesia, Tomo 3

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    Los diezmos y ofrendas

    La misión de la iglesia de Cristo consiste en salvar a los pecadores que perecen. Consiste en darles a conocer el amor de Dios hacia los hombres y ganarlos para Cristo por la eficacia de ese amor. La verdad para este tiempo debe ser proclamada hasta en los rincones oscuros de la Tierra, y esta obra puede empezar en nuestro propio país. Los que siguen a Cristo no deben vivir egoístamente; sino que, compenetrados del Espíritu de Cristo, deben obrar en armonía con él.3TPI 420.1

    La actual frialdad e incredulidad tienen sus causas. El amor al mundo y los cuidados de la vida separan al alma de Dios. El agua de la vida debe estar en nosotros, fluir de nosotros, brotar para vida eterna. Debemos manifestar externamente lo que Dios obra en nuestro interior. Si el cristiano quiere disfrutar de la luz de la vida, debe aumentar sus esfuerzos para traer a otros al conocimiento de la verdad. Su vida debe caracterizarse por el ejercicio y los sacrificios para hacer bien a otros; y entonces no habrá ya quejas de que falta el gozo.3TPI 420.2

    Los ángeles están siempre empeñados en trabajar para la felicidad de otros. Ése es su gozo. Lo que los corazones egoístas considerarían como un servicio humillante, o sea, el servir a los miserables y a las personas de carácter y posición en todo sentido inferiores, es la obra de los ángeles puros y sin pecado de los atrios reales del cielo. El espíritu abnegado del amor de Cristo es el espíritu que predomina en lo alto, y es la misma esencia de su felicidad.3TPI 420.3

    Los que no sienten placer especial en tratar de beneficiar a los demás, en trabajar, aun con sacrificio, para hacerles bien, no pueden tener el espíritu de Cristo o del cielo, porque no están unidos a la obra de los ángeles celestiales, y no pueden participar en la felicidad que les imparte un gozo excelso. Cristo ha dicho: “Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”. Lucas 15:7. Si el gozo de los ángeles consiste en ver arrepentirse a los pecadores, ¿no consistirá el gozo de los pecadores salvados por la sangre de Cristo en ver a otros arrepentirse y volverse a Cristo por su intermedio? Al obrar en armonía con Cristo y los santos ángeles, experimentaremos un gozo que no puede sentirse fuera de esta obra.3TPI 420.4

    El principio de la cruz de Cristo impone a todos los que creen, la pesada obligación de negarse ellos mismos, de impartir la luz a otros y de dar de sus recursos para extender la luz. Si están en relación con el cielo, se dedicarán a la obra en armonía con los ángeles.3TPI 421.1

    El principio de los mundanos consiste en obtener cuanto puedan de las cosas perecederas de esta vida. El amor egoísta a la ganancia es el principio que rige su vida. Pero el gozo más puro no se encuentra en las riquezas ni donde la avaricia está siempre anhelando más, sino donde reina el contentamiento y donde el amor abnegado es el principio dirigente. Son millares los que pasan su vida en la sensualidad, y cuyos corazones están llenos de quejas. Son víctimas del egoísmo y del descontento mientras en vano se esfuerzan por satisfacer sus almas con la sensualidad. Pero la desdicha está estampada en sus mismos rostros y detrás de ellos hay un desierto, porque su conducta no es fructífera en buenas obras.3TPI 421.2

    En la medida en que el amor de Cristo llene nuestros corazones y domine nuestra vida, quedarán vencidas la codicia, el egoísmo y el amor a la comodidad, y tendremos placer en cumplir la voluntad de Cristo, cuyos siervos aseveramos ser. Nuestra felicidad será entonces proporcional a nuestras obras abnegadas, impulsadas por el amor de Cristo.3TPI 421.3

    La sabiduría divina ha recalcado, en el plan de salvación, la ley de la acción y la reacción, la cual hace doblemente bendita la obra de beneficencia en todas sus manifestaciones. El que da a los menesterosos beneficia a los demás, y se beneficia a sí mismo en un grado aún mayor. Dios podría haber alcanzado su objeto en la salvación de los pecadores sin la ayuda del hombre, pero él sabía que éste no podría ser feliz sin desempeñar en la gran obra una parte en la cual cultivara la abnegación y la benevolencia.3TPI 421.4

    Para que el hombre no perdiera los bienaventurados resultados de la benevolencia, nuestro Redentor ideó el plan de alistarlo como colaborador suyo. Por un encadenamiento de circunstancias que exige manifestaciones de caridad, concede al hombre el mejor medio de cultivar la benevolencia, y lo mantiene dando habitualmente para ayudar a los pobres y fomentar el adelanto de su causa. Envía a sus pobres como representantes suyos. Por las necesidades de estos últimos, un mundo arruinado está obteniendo de nosotros talentos, recursos e influencia, destinados a presentar a los hombres la verdad por cuya falta perecen. En la medida en que atendemos estos pedidos mediante nuestro trabajo y generosidad, nos vamos asemejando a Aquel que por nosotros se hizo pobre. Al impartir, beneficiamos a otros y así acumulamos verdaderas riquezas.3TPI 422.1

    Ha habido en la iglesia una gran falta de generosidad cristiana. Los que estaban en la mejor posición para hacer progresar la causa de Dios, han hecho poco. Dios ha atraído misericordiosamente a una clase de personas al conocimiento de la verdad para que apreciara el inestimable valor de ésta en comparación con los tesoros terrenales. Jesús les ha dicho: “Seguidme”. Las está probando con una invitación a la cena que él ha preparado. Observa para ver qué carácter adquirirán, y si considerarán que sus propios intereses son de mayor valor que las riquezas eternas. Muchos de estos amados hermanos formulan, por medio de sus actos, las excusas mencionadas en la siguiente parábola:3TPI 422.2

    “Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos”. Lucas 14:16-21.3TPI 422.3

    Esta parábola representa correctamente la condición de muchos de los que profesan creer la verdad presente. El Señor les ha enviado una invitación a venir a la cena que él ha preparado para ellos con gran costo de su parte; pero los intereses mundanales les parecen de mayor importancia que el tesoro celestial. Están invitados a participar en cosas de valor eterno; pero sus fincas, sus ganados y los intereses de su hogar les parecen de importancia tanto mayor que la obediencia a la invitación celestial, que superan para ellos toda atracción divina, y hacen de esas cosas terrenales una excusa para desobedecer el mandato celestial: “Venid, que ya todo está preparado”. Estos hermanos siguen ciegamente el ejemplo de los mencionados en la parábola. Contemplan sus posesiones mundanales y dicen: “No, Señor, no puedo seguirte: te ruego que me des por excusado”.3TPI 423.1

    Estos hombres usan como excusa para no poder obedecer los requerimientos de la verdad, las mismas bendiciones que Dios les dio con el fin de probarlos para ver si darán “lo que es de Dios, a Dios”. Abrazan sus tesoros terrenales y dicen: “Debo cuidarlos; no debo descuidar las cosas de esta vida; son mías”. De este modo el corazón de esos hombres se ha endurecido como el camino trillado. Cierran la puerta de su corazón al mensajero celestial que les dice: “Venid, que ya todo está preparado”, pero la abren para dejar entrar las cargas del mundo y las preocupaciones de los negocios, y Jesús llama en vano.3TPI 423.2

    Su corazón está tan cubierto de espinas y de los cuidados de esta vida, que las cosas celestiales no pueden hallar cabida en él. Jesús invita a los cansados y cargados, y les promete descanso si quieren acudir a él. Los invita a cambiar el amargo yugo del egoísmo y la codicia que los esclaviza a Mammón, por su yugo y su carga que, según él declara, son suaves y livianos. Dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:29. Él quiere que ellos pongan a un lado las pesadas cargas de las congojas y las perplejidades mundanales y tomen su yugo de abnegación y sacrificio por los demás. Esta carga les resultará fácil. Los que se nieguen a aceptar el alivio que Cristo les ofrece, y continúen llevando el amargo yugo del egoísmo imponiendo a sus almas tareas sumamente pesadas según los planes que hacen para acumular dinero para la complacencia egoísta, no han experimentado la paz y el descanso que se hallan en llevar el yugo de Cristo y las cargas de la abnegación y la benevolencia desinteresada que Cristo llevó en su favor.3TPI 423.3

    Cuando el amor del mundo se posesiona del corazón y llega a constituir una pasión dominante, no queda lugar para la adoración a Dios, porque las facultades superiores de la mente se someten a la esclavitud de Mammón, y no pueden retener pensamientos de Dios y del cielo. La mente pierde su recuerdo de Dios, y se estrecha y atrofia por su afición a acumular dinero.3TPI 424.1

    Por causa del egoísmo y amor al mundo, estos hombres han ido perdiendo gradualmente su comprensión de la magnitud de la obra para estos postreros días. No han educado su mente para dedicarse a servir a Dios. No tienen experiencia en ese sentido. Sus propiedades han absorbido sus afectos y eclipsado la magnitud del plan de salvación. Mientras mejoran y amplían sus planes mundanales, no ven la necesidad de ampliar y extender la obra de Dios. Invierten sus recursos en cosas temporales, pero no en las eternas. Su corazón ambiciona más recursos. Dios los hizo depositarios de su ley, para que dejaran resplandecer ante otros la luz que les daba tan misericordiosamente. Pero han aumentado de tal manera sus preocupaciones y ansiedades que no tienen tiempo para beneficiar a otros con su influencia, para conversar con sus vecinos, para orar con ellos y por ellos, y para tratar de comunicarles el conocimiento de la verdad.3TPI 424.2

    Estos hombres son responsables por el bien que podrían hacer, y que no hacen, presentando como excusa las preocupaciones y cargas mundanales que embargan su mente y absorben sus afectos. Hay almas por las cuales Cristo murió, que podrían salvarse por sus esfuerzos personales y ejemplo piadoso. Hay almas preciosas que perecen por falta de la luz que Dios otorgó a los hombres para que la reflejaran sobre la senda de los demás. Pero la luz preciosa queda oculta bajo el almud y no alumbra a los que están en la casa.3TPI 424.3

    Cada uno es mayordomo de Dios. A cada uno confió el Maestro sus recursos; pero el hombre afirma que estos recursos son suyos. Cristo dice: “Negociad entre tanto que vengo”. Lucas 19:13. Está acercándose el tiempo en que Cristo requerirá lo suyo con interés. Él dirá a cada uno de sus mayordomos: “Da cuenta de tu mayordomía”. Los que han ocultado el dinero de su señor en un pañuelo, enterrándolo en la tierra, en vez de confiarlo a los banqueros, y los que han despilfarrado el dinero de su Señor gastándolo en cosas innecesarias en vez de ponerlo a interés invirtiéndolo en su causa, no recibirán la aprobación del Maestro, sino una condenación decidida. El siervo inútil de la parábola le presentó el talento a Dios y dijo: “Te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo”. Mateo 25:24, 25. Su Señor toma nota de sus palabras y declara: “Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses”. vers. 26, 27.3TPI 425.1

    Este siervo inútil no ignoraba los planes de Dios, pero se propuso firmemente estorbar el propósito de Dios, y luego le acusó de injusticia al exigir el rédito de los talentos que se le habían confiado. Esta misma queja y murmuración la formula una clase numerosa de hombres pudientes que profesan creer la verdad. Como el siervo infiel, temen que se les exija el interés del talento que Dios les prestó, para adelantar la difusión de la verdad; por lo tanto, lo inmovilizan invirtiéndolo en tesoros terrenales y sepultándolo en el mundo, y lo aseguran de tal manera que no tienen nada o casi nada para invertir en la causa de Dios. Lo han enterrado, temiendo que Dios exigiera parte del capital o del interés. Cuando, al exigírsela su Señor, traen la cantidad que les fue dada, aducen ingratas excusas por no haber confiado a los banqueros e invertido en la causa de Dios, para ejecutar su obra, los recursos que el Señor les había prestado.3TPI 425.2

    El que desfalca los bienes de su Señor no sólo pierde el talento que Dios le prestó, sino también la vida eterna. De él se dice: “Al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera”. vers. 30. El siervo fiel, que invierte su dinero en la causa de Dios para salvar almas, emplea sus recursos para gloria de Dios y recibirá el elogio del Maestro: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. vers. 21. ¿Cuál será el gozo de nuestro Señor? Será el gozo de ver almas salvadas en el reino de gloria. “El cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Hebreos 12:2.3TPI 426.1

    La idea de que son administradores debe tener una influencia práctica sobre todos los hijos de Dios. La parábola de los talentos, debidamente comprendida, desterrará la avaricia, a la que Dios llama idolatría. La benevolencia práctica dará vida espiritual a millares de los que nominalmente profesan la verdad, pero que actualmente lamentan las tinieblas que los circundan. Los transformará de egoístas y codiciosos adoradores de Mammón [las riquezas], en fervientes y fieles colaboradores de Cristo en la salvación de los pecadores.3TPI 426.2

    El fundamento del plan de salvación fue puesto con sacrificio. Jesús abandonó las cortes reales y se hizo pobre para que por su pobreza nosotros fuésemos enriquecidos. Todos los que participan de esta salvación, comprada para ellos a tan infinito precio por el Hijo de Dios, seguirán el ejemplo del verdadero Modelo. Cristo fue la principal piedra del ángulo y debemos edificar sobre este cimiento. Cada uno debe tener un espíritu de abnegación y sacrificio. La vida de Cristo en la tierra fue una vida de desinterés: se distinguió por la humillación y el sacrificio. ¿Y podrán los hombres, participantes de la gran salvación que Cristo vino a traerles del cielo, negarse a seguir a su Señor y compartir su abnegación y sacrificio? Dice Cristo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”. “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”. Juan 15:5, 2. El mismo principio vital, la savia que fluye a través de la vid, nutre los pámpanos para que florezcan y lleven fruto. ¿Es el siervo mayor que su señor? ¿Practicará el Redentor del mundo la abnegación y el sacrificio por nosotros, y los miembros del cuerpo de Cristo se entregarán a la complacencia propia? La abnegación es una condición esencial del discipulado.3TPI 426.3

    “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Mateo 16:24. Yo voy adelante en la senda de la abnegación. Nada requiero de vosotros, mis seguidores, sino aquello de lo cual yo, vuestro Señor, os he dado ejemplo en mi propia vida.3TPI 427.1

    El Salvador del mundo venció a Satanás en el desierto de la tentación. Venció para mostrar al hombre cómo puede vencer. Anunció en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”. Lucas 4:18, 19.3TPI 427.2

    La gran obra que Jesús anunció que había venido a hacer fue confiada a los que le siguen en la tierra. Cristo, como nuestra cabeza, nos guía en la gran obra de salvación, y nos invita a seguir su ejemplo. Nos ha dado un mensaje mundial. Esta verdad debe extenderse a todas las naciones, lenguas y pueblos. El poder de Satanás debe ser desafiado, y ser vencido por Cristo y también por sus discípulos. Una gran guerra debe reñirse contra las potestades de las tinieblas. Y a fin de que esta obra se lleve a cabo con éxito, se requieren recursos. Dios no se propone enviarnos recursos directamente del cielo, sino que confía talentos y recursos a las manos de sus seguidores, para que los usen con el fin de sostener esta guerra.3TPI 427.3

    Él ha dado a su pueblo un plan para obtener sumas suficientes con qué financiar sus empresas. El plan de Dios en el sistema del diezmo es hermoso por su sencillez e igualdad. Todos pueden practicarlo con fe y valor porque es de origen divino. En él se combinan la sencillez y la utilidad, y no requiere profundidad de conocimiento para comprenderlo y ejecutarlo. Todos pueden sentir que son capaces de hacer una parte para llevar a cabo la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede llegar a ser un tesorero del Señor, un agente para satisfacer las demandas de la tesorería. Dice el apóstol: “Cada uno de vosotros aparte algo según haya prosperado, y guárdelo”. 1 Corintios 16:2 (NRV).3TPI 427.4

    Por este sistema se alcanzan grandes objetivos. Si todos lo aceptaran, cada uno sería un tesorero de Dios vigilante y fiel, y no faltarían recursos para llevar a cabo la gran obra de proclamar el último mensaje de amonestación al mundo. La tesorería estará llena si todos adoptan este sistema, y los contribuyentes no serán más pobres por ello. Mediante cada inversión hecha, llegarán a estar más vinculados a la causa de la verdad presente. Estarán “atesorando para sí buen fundamento para lo por venir” a fin de “que echen mano de la vida eterna”. 1 Timoteo 6:19.3TPI 428.1

    Al ver los que trabajan con perseverancia y sistemáticamente que sus generosos empeños tienden a alimentar el amor a Dios y a sus semejantes, y que sus esfuerzos personales extienden su esfera de utilidad, comprenderán que reporta una gran bendición el colaborar con Cristo. La iglesia cristiana, por lo general, no reconoce el derecho de Dios de exigirle que dé ofrendas de las cosas que posee, para sostener la guerra contra las tinieblas morales que inundan al mundo. Nunca podrá la causa de Dios progresar como debiera hacerlo antes que los seguidores de Cristo trabajen activa y celosamente.3TPI 428.2

    Cada miembro individual de la iglesia debe sentir que la verdad que él profesa es una realidad, y todos deben trabajar desinteresadamente. Algunos ricos se sienten inclinados a murmurar porque la obra de Dios se extiende y se necesita dinero. Dicen que no acaban nunca los pedidos de recursos, y los motivos por solicitar ayuda se presentan uno tras otro. A los tales queremos decir que esperamos que la causa de Dios se extienda de tal manera que haya mayores ocasiones y pedidos más frecuentes y urgentes de que la tesorería supla lo necesario para proseguir la obra.3TPI 428.3

    Si el plan de la benevolencia sistemática fuera adoptado por cada persona y llevado plenamente a cabo, habría una constante provisión en la tesorería. Los ingresos afluirían como una corriente continuamente alimentada por rebosantes fuentes de generosidad. El dar ofrendas es una parte de la religión evangélica. ¿Acaso la consideración del precio infinito pagado por nuestra redención no nos impone solemnes obligaciones pecuniarias, así como el deber de consagrar todas nuestras facultades a la obra del Maestro?3TPI 429.1

    Tendremos una deuda que saldar con el Maestro antes de mucho cuando él diga: “Da cuenta de tu mayordomía”. Lucas 16:2. Si los hombres prefieren poner a un lado los derechos de Dios y retener egoístamente todo lo que él les da, él callará por el momento y continuará probándolos con frecuencia aumentando sus bendiciones, dejando que éstas continúen fluyendo; y aquellos hombres seguirán tal vez recibiendo honores de sus semejantes, sin que la iglesia los censure; pero antes de mucho Dios les dirá: “Da cuenta de tu mayordomía”. Dice Cristo: “En cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”. Mateo 25:45. “No sois vuestros. Porque habéis sido comprados por precio”, y estáis bajo la obligación de glorificar a Dios con vuestros recursos, así como en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, que son suyos. “Comprados [sois] por precio”, “no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” 1 Corintios 6:19, 20; 1 Pedro 1:18, 19. Él pide, en compensación de los dones que nos ha confiado, que ayudemos en la obra de salvar almas. Él dio su sangre y nos pide nuestro dinero. Mediante su pobreza somos hechos ricos, y ¿nos negaremos a devolverle sus propios dones?3TPI 429.2

    Dios no depende del hombre para sostener su causa. Podría haber enviado medios directamente del cielo para suplir su tesorería, si en su providencia lo hubiera considerado mejor para el hombre. Podría haber formulado planes para que los ángeles hubiesen sido enviados a publicar la verdad al mundo sin intervención de los hombres. Podría haber escrito las verdades en el firmamento y haber dejado que éste declarara al mundo sus requerimientos en caracteres vivos. Dios no depende del oro o la plata de hombre alguno. Dice: “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados”. “Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud”. Salmos 50:10, 12. Cualquier necesidad de que intervengamos en el adelantamiento de la causa de Dios, ha sido ordenada a propósito para nuestro bien. Él nos ha honrado haciéndonos colaboradores suyos. Ordenó que fuera necesaria la cooperación de los hombres a fin de que pudieran practicar la generosidad.3TPI 429.3

    En su sabia providencia, Dios permitió que los pobres estuvieran siempre con nosotros, para que mientras presenciáramos las diversas formas de necesidad y sufrimiento en el mundo, fuéramos probados y puestos en situación de desarrollar un carácter cristiano. El Señor ha puesto a los pobres entre nosotros para despertar nuestra compasión y amor cristianos.3TPI 430.1

    Los pecadores que están pereciendo por falta de conocimiento serán dejados en la ignorancia y las tinieblas a menos que los hombres les lleven la luz de la verdad. Dios no enviará a los ángeles del cielo para hacer la obra que ha encomendado al hombre. Dio a todos una obra que hacer por esta misma razón, a saber, para que pudiera probarlos y para que ellos revelaran su verdadero carácter. Cristo pone a los pobres entre nosotros como representantes suyos. “Tuve hambre —dice—, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber”. Mateo 25:42. Cristo se identifica con la humanidad doliente en la persona de los seres humanos que sufren. Hace suyas sus necesidades y acoge sus desgracias en su seno.3TPI 430.2

    Las tinieblas morales de un mundo arruinado suplican a cada cristiano que realice un esfuerzo, que dé de sus recursos y preste su influencia para asemejarse a Aquel que aunque poseía riquezas infinitas se hizo pobre por causa nuestra. El Espíritu de Dios no puede morar con aquellos a quienes mandó el mensaje de su verdad, pero que necesitan que se les ruegue antes de sentir su deber de colaborar con Cristo. El apóstol pone de relieve el deber de dar por motivos superiores a la mera compasión humana, porque los sentimientos son conmovidos. Da realce al principio de que debemos trabajar abnegadamente y con sinceridad para gloria de Dios.3TPI 430.3

    Las Escrituras requieren de los cristianos, que participen en un plan de activa generosidad que los haga manifestar constantemente interés en la salvación de sus semejantes. La Ley moral ordenaba la observancia del sábado, que no era una carga, excepto cuando era transgredida y los hombres se veían sujetos a las penalidades que entrañaba su violación. Igualmente, el sistema del diezmo no era una carga para aquellos que no se apartaban del plan. El sistema ordenado a los hebreos no ha sido abrogado ni reducido su vigor por Aquel que lo ideó. En vez de carecer de fuerza ahora, tiene que practicarse más plena y extensamente, puesto que la salvación por Cristo debe ser proclamada con mayor plenitud en la era cristiana.3TPI 431.1

    Jesús hizo saber al joven príncipe que la condición para obtener la vida eterna consistía en poner por obra en su vida los requerimientos especiales de la Ley, que le exigían amar a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas, y a su prójimo como a sí mismo. Si bien los sacrificios simbólicos cesaron con la muerte de Cristo, la Ley original, grabada en tablas de piedra, permaneció inmutable, e impone sus exigencias al hombre de todos los tiempos. Y en la era cristiana, el deber del hombre no fue limitado, sino definido más especialmente y expresado con más sencillez.3TPI 431.2

    El evangelio, para extenderse y ampliarse, requería mayores provisiones para sostener la guerra después de la muerte de Cristo, y esto hizo que la ley de dar ofrendas fuese una necesidad más apremiante que bajo el gobierno hebreo. Dios no requiere menos ahora, sino mayores dones que en cualquier otro período de la historia del mundo. El principio trazado por Cristo es que los dones y ofrendas deben ser proporcionales a la luz y bendiciones que se han disfrutado. Él dijo: “Porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará”. Lucas 12:48.3TPI 431.3

    Los primeros discípulos respondían a las bendiciones de la era cristiana mediante obras de caridad y benevolencia. El derramamiento del Espíritu de Dios, después que Cristo dejó a sus discípulos y ascendió al cielo, los condujo a la abnegación y al sacrificio propio para salvar a otros. Cuando los santos pobres de Jerusalén se hallaban en angustia, Pablo escribió a los cristianos gentiles acerca de las obras de benevolencia y dijo: “Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia”. 2 Corintios 8:7. Aquí la generosidad es puesta al lado de la fe, del amor y de la diligencia cristiana. Los que piensan que pueden ser buenos cristianos y a la vez cerrar sus oídos y corazones a los llamados que Dios dirige a su liberalidad, están terriblemente engañados. Hay quienes profesan tener gran amor por la verdad, y, por lo menos de palabra, tienen interés en verla adelantar, pero no hacen nada para ello. La fe de los tales es muerta; no se perfecciona por las obras. El Señor no cometió nunca el error de convertir a un alma y dejarla bajo el poder de la avaricia.3TPI 432.1

    El sistema del diezmo se remonta hasta antes del tiempo de Moisés. Ya en los días de Adán, se requería de los hombres que ofrecieran a Dios donativos de índole religiosa, es decir, antes que el sistema fuera dado a Moisés en forma definida. Al cumplir lo requerido por Dios, debían manifestar, mediante sus ofrendas, aprecio por las misericordias y las bendiciones de Dios para con ellos. Esto continuó durante las generaciones sucesivas y fue practicado por Abraham, quien dio diezmos a Melquisedec, sacerdote del Altísimo. El mismo principio existía en los días de Job. Mientras Jacob estaba en Bet-el, peregrino, desterrado y sin dinero, se acostó una noche, solitario y abandonado, teniendo una piedra por almohada, y allí prometió al Señor: “De todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”. Génesis 28:22. Dios no obliga a los hombres a dar. Todo lo que ellos dan debe ser voluntario. Él no quiere que afluyan a su tesorería ofrendas que no se presenten con buena voluntad.3TPI 432.2

    El Señor quiso poner al hombre en estrecha relación consigo, e infundirle compasión y amor por sus semejantes, imponiéndole la responsabilidad de realizar acciones que contrarrestaran el egoísmo y fortaleciesen su amor por Dios y el hombre. El plan de una liberalidad sistemática fue ideado por Dios para beneficio del hombre, quien se inclina a ser egoísta y a cerrar su corazón a las acciones generosas. El Señor requiere que se hagan donativos en tiempos determinados, para establecer el hábito de dar y para que la benevolencia se considere como un deber cristiano. El corazón, abierto por un donativo, no debe tener tiempo de enfriarse egoístamente y cerrarse antes que se otorgue el próximo. La corriente ha de fluir continuamente, manteniéndose abierto el conducto por medio de actos de generosidad.3TPI 433.1

    En cuanto a la cantidad requerida, Dios ha especificado que sea la décima parte de los ingresos. Esto queda a cargo de la conciencia y generosidad de los hombres, cuyo juicio debe ejercerse libremente en este asunto del diezmo. Y aunque queda librado a la conciencia, se ha trazado un plan bastante definido para todos. No se requiere compulsión alguna.3TPI 433.2

    En la dispensación mosaica, Dios pedía de los hombres que dieran la décima parte de todas sus ganancias. Les confiaba las cosas de esta vida, como talentos que debían devolver perfeccionados. Ha requerido la décima parte, y la exige como lo mínimo que le debemos devolver. Dice: Os doy las nueve décimas, y os pido una; es mía. Cuando los hombres retienen el diezmo, roban a Dios. Además del diezmo, se requerían ofrendas por el pecado, ofrendas de paz y de agradecimiento a Dios.3TPI 433.3

    Todo lo que se retiene de lo que Dios pide, o sea el diezmo, queda registrado en los libros del cielo como un robo hecho a él. Los que lo cometen defraudan a su Creador, y cuando se les presenta este pecado de negligencia, no es suficiente que cambien su conducta y empiecen desde entonces a obrar según el debido principio. Esto no corregirá las cifras escritas en los registros celestiales por su desfalco de la propiedad que se les ha confiado para que la devuelvan al Prestamista. Deben arrepentirse de su infidelidad para con Dios, y de su vil ingratitud.3TPI 433.4

    “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Malaquías 3:8-10. Aquí se promete que si se traen todos los diezmos al alfolí, Dios derramará su bendición sobre los obedientes.3TPI 434.1

    “Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos”. vers. 11, 12. Si todos los que profesan la verdad cumplen con los requerimientos de Dios en cuanto a dar el diezmo, que Dios llama suyo, la tesorería estará ampliamente provista para llevar a cabo la gran obra de salvar a los hombres.3TPI 434.2

    Dios da al hombre los nueve décimos, mientras reclama un décimo para fines sagrados, así como dio al hombre seis días para su trabajo y se reservó y puso aparte el séptimo día para sí. Porque, como el sábado, el diezmo de las entradas es sagrado. Dios se lo ha reservado. Él llevará a cabo su obra en la tierra con las entradas procedentes de los recursos que confió al hombre.3TPI 434.3

    Dios exigía que su antiguo pueblo asistiera a tres asambleas anualmente. “Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios le hubiere dado”. Deuteronomio 16:16, 17. Nada menos que una tercera parte de sus entradas se consagraba a fines sagrados y religiosos.3TPI 434.4

    Cuandoquiera que los hijos de Dios, en cualquier época de la historia del mundo, ejecutaron alegre y voluntariamente el plan de la benevolencia sistemática y de los dones y ofrendas, han visto cumplirse la permanente promesa de que la prosperidad acompañaría todas sus labores en la misma proporción en que le obedecieran. Siempre que reconocieron los derechos de Dios y cumplieron con sus requerimientos, honrándole con su sustancia, sus alfolíes rebosaron; pero cuando robaron a Dios en los diezmos y las ofrendas, tuvieron que darse cuenta de que no sólo le estaban robando a él, sino que se defraudaban ellos mismos; porque él limitaba las bendiciones que les concedía en la proporción en que ellos limitaban las ofrendas que le llevaban.3TPI 435.1

    Algunos dirán que ésta es una de las leyes rigurosas que pesaban sobre los hebreos. Pero ésta no era una carga para el corazón voluntario que manifestaba amor a Dios. Únicamente cuando la naturaleza egoísta se fortalecía por la retención de aquellos recursos, el hombre perdía de vista lo eterno y estimaba los tesoros terrenales más que las almas. El Israel de Dios de estos últimos tiempos tiene necesidades aun más urgentes que el de antaño. Debe realizarse una obra grande e importante en breve tiempo. Nunca fue el propósito de Dios que la ley del sistema del diezmo no rigiera entre su pueblo; sino que, al contrario, quiso que el espíritu de sacrificio se ampliara y se profundizara para la obra final.3TPI 435.2

    No se debe hacer de la benevolencia sistemática una compulsión sistemática. Lo que Dios considera aceptable son las ofrendas voluntarias. La verdadera generosidad cristiana brota del principio del amor agradecido. El amor a Cristo no puede existir sin que se manifieste en forma proporcional hacia aquellos a quienes él vino a redimir. El amor a Cristo debe ser el principio dominante del ser, que rija todas las emociones y todas las energías. El amor redentor debe despertar todo el tierno afecto y la devoción abnegada que pueda existir en el corazón del hombre. Cuando tal sea el caso, no se necesitarán llamados conmovedores para quebrantar su egoísmo ni despertar sus simpatías dormidas para arrancar ofrendas en favor de la preciosa causa de la verdad.3TPI 435.3

    Jesús nos compró a un precio infinito. Toda nuestra capacidad y nuestra influencia pertenecen en verdad a nuestro Salvador y deben ser dedicadas a su servicio. Consagrándoselas, manifestamos nuestra gratitud por haber sido redimidos de la esclavitud del pecado por la preciosa sangre de Cristo. Nuestro Salvador está siempre obrando por nosotros. Ascendió al cielo e intercede a favor de los rescatados por su sangre. Intercede delante de su Padre y presenta las agonías de la crucifixión. Alza sus manos heridas e intercede por su iglesia para que sea guardada de caer en la tentación.3TPI 436.1

    Si nuestra percepción fuera avivada hasta poder comprender esta maravillosa obra del Salvador en pro de nuestra salvación, ardería en todo corazón un amor profundo y ardiente. Entonces nuestra apatía y fría indiferencia nos alarmarían. Una devoción y generosidad absolutas, impulsadas por un amor agradecido, impartirán a la más pequeña ofrenda, al sacrificio voluntario, una fragancia divina que hará inestimable el don. Pero después de haber entregado voluntariamente a nuestro Redentor todo lo que podemos darle, por valioso que sea para nosotros, si consideramos nuestra deuda de gratitud a Dios tal cual es en realidad, todo lo que podamos haber ofrecido nos parecerá muy insignificante y pobre. Pero los ángeles toman estas ofrendas que a nosotros nos parecen deficientes, y las presentan como una fragante oblación delante del trono, y son aceptadas.3TPI 436.2

    Como discípulos de Cristo, no nos damos cuenta de nuestra verdadera situación. No tenemos opiniones acertadas respecto de nuestra responsabilidad como siervos de Cristo. Él nos ha adelantado el salario en su vida de sufrimiento y en su sangre derramada, para ligarnos así en servidumbre voluntaria. Todas las cosas buenas que tenemos son un préstamo de nuestro Salvador. Nos ha hecho mayordomos. Nuestras ofrendas más ínfimas, nuestros servicios más humildes, presentados con fe y amor, pueden ser dones consagrados para salvar almas en el servicio del Maestro y para promover su gloria. El interés y la prosperidad del reino de Cristo deben superar toda otra consideración. Los que hacen de sus placeres e intereses egoístas los objetos principales de su vida, no son mayordomos fieles.3TPI 436.3

    Los que se nieguen personalmente con el fin de hacer bien a otros y se consagren con todo lo que tienen al servicio de Cristo, experimentarán la felicidad que en vano busca el egoísta. Dice nuestro Salvador: “Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:33. La caridad “no busca lo suyo”. 1 Corintios 13:5. Es el fruto de aquel amor desinteresado y de aquella benevolencia que caracterizaron la vida de Cristo. Si la ley de Dios está en nuestro corazón, subordinará nuestros intereses personales a las consideraciones elevadas y eternas.3TPI 437.1

    Cristo nos ordena que busquemos primeramente el reino de Dios y su justicia. Tal es nuestro primero y más alto deber. Nuestro Maestro amonestó expresamente a sus siervos a que no acumularan tesoros en la tierra; porque al hacerlo su corazón se fijaría en las cosas terrenales antes que en las celestiales. Por esta razón muchas pobres almas han dejado naufragar su fe. Contrariaron directamente las órdenes expresas de nuestro Señor, y permitieron que el amor al dinero llegara a ser la pasión dominante de su vida. Son intemperantes en sus esfuerzos para adquirir recursos. Están tan embriagados con su insano deseo de riquezas como el borracho por la bebida.3TPI 437.2

    Los cristianos se olvidan de que son siervos del Maestro; de que le pertenecen ellos mismos, su tiempo y todo lo que tienen. Muchos son tentados y la mayoría se deja vencer por las engañosas incitaciones que Satanás les presenta para invertir su dinero en lo que les reportará el mayor provecho en pesos y centavos. Sólo unos pocos consideran las obligaciones que Dios les ha impuesto de hacer que su principal ocupación consista en suplir las necesidades de su causa, y de atender sus propios deseos en último término. Son pocos los que invierten dinero en la causa de Dios en proporción a sus recursos. Muchos lo han inmovilizado en propiedades que deben vender antes de poder invertirlo en la causa de Dios y darle así un uso práctico. Se valen de ello como una excusa para hacer tan sólo poco en la causa de su Redentor. Han enterrado su dinero tan literalmente como el hombre de la parábola. Roban a Dios el diezmo, que reclama como suyo, y al robarle, se despojan del tesoro celestial.3TPI 437.3

    El plan de la benevolencia sistemática no oprime penosamente a ningún hombre. “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”. 1 Corintios 16:1, 2. Los pobres no quedan excluidos del privilegio de dar. Ellos, tanto como los pudientes, pueden tener una parte en esta obra. La lección que Cristo dio con respecto a las dos blancas de la viuda, nos demuestra que la ofrenda voluntaria más ínfima de los pobres, si se da con un corazón lleno de amor, es tan aceptable como los mayores donativos de los ricos.3TPI 438.1

    En las balanzas del santuario, los donativos de los pobres, presentados por amor a Cristo, no se estiman según la cantidad dada, sino según el amor que motiva el sacrificio. Las promesas de Jesús llegarán a ser tan ciertamente una realidad para el pobre generoso, que tiene poco que ofrecer, pero lo dan con liberalidad, como para el pudiente que da de su abundancia. El pobre hace un sacrificio de lo poco que posee y lo siente en realidad. Se niega algunas de las cosas que necesita para su comodidad, mientras que el rico da de su abundancia y no siente ninguna necesidad, no se niega nada de lo que realmente le hace falta. Por lo tanto, tiene la ofrenda del pobre un carácter sagrado que no se encuentra en la ofrenda del rico, porque éste da de su abundancia. La providencia de Dios organizó todo el plan de la benevolencia sistemática para beneficio del hombre. Su providencia nunca se paraliza. Si los siervos de Dios entran por las puertas que él les abre, todos trabajarán activamente.3TPI 438.2

    Los que retienen lo que pertenece a la tesorería de Dios, y acumulan sus recursos para sus hijos, ponen en peligro el interés espiritual de estos últimos. Ponen su propiedad, que es una piedra de tropiezo para ellos, en el camino de sus hijos, para que también tropiecen con ella para perdición. Muchos cometen una gran equivocación respecto de las cosas de esta vida. Economizan, privándose ellos mismos y a otros, del bien que podrían recibir por el uso correcto de los medios que Dios les ha prestado, y se tornan egoístas y avarientos. Descuidan sus intereses espirituales, y su desarrollo religioso se atrofia; todo por el afán de acumular riquezas que no pueden usar. Dejan su propiedad a sus hijos, y en nueve casos de cada diez es para sus herederos una maldición aun mayor de lo que ha sido para ellos. Los hijos, confiados en las propiedades de sus padres, con frecuencia no alcanzan a tener éxito en esta vida, y generalmente fracasan completamente en lo que respecta a obtener la vida venidera. El mejor legado que los padres pueden dejar a sus hijos es un conocimiento del trabajo útil y el ejemplo de una vida caracterizada por la benevolencia desinteresada. Por una vida tal demuestran el verdadero valor del dinero, que debe ser apreciado únicamente por el bien que realizará al aliviar las necesidades propias y ajenas y al adelantar la causa de Dios.3TPI 438.3

    Algunos están dispuestos a dar de acuerdo con lo que tienen, y piensan que Dios no tiene más derecho sobre ellos porque no tienen grandes recursos. No tienen entradas de las cuales puedan ahorrar después de gastar en lo necesario para su familia. Pero muchos de ellos pueden preguntarse: ¿Estoy dando de acuerdo a lo que podría haber tenido? Dios quiso que pusieran a contribución las facultades de su cuerpo y mente. Algunos no han perfeccionado al máximo la habilidad que Dios les ha dado. El trabajo ha sido asignado al hombre. Se lo relacionó con la maldición, porque así lo hizo necesario el pecado. El bienestar físico, mental y moral del hombre hace necesaria una vida de trabajo útil. “En el trabajo no seáis perezosos” (Romanos 12:11 (NRV)), es la recomendación del inspirado apóstol Pablo.3TPI 439.1

    Nadie, sea rico o pobre, puede glorificar a Dios por una vida de indolencia. Todo el capital que tienen muchos pobres está constituido por su tiempo y su fuerza física, y con frecuencia los malgastan por amor a la comodidad y a la indolencia negligente, de manera que no tienen nada que llevarle a su Señor en diezmos y ofrendas. Si los cristianos carecen de sabiduría para hacer que su trabajo rinda la mayor utilidad y para hacer una aplicación juiciosa de sus facultades físicas y mentales, deben tener mansedumbre y humildad para recibir el consejo de sus hermanos, a fin de que el mejor juicio de ellos supla sus deficiencias. Muchos pobres que están ahora conformes con no hacer nada para beneficiar a sus semejantes y para adelantar la causa de Dios, podrían hacer mucho si quisieran. Ellos son responsables delante de Dios por su capital de fuerza física, tanto como el rico lo es por su capital de dinero.3TPI 439.2

    Algunos que debieran hacer ingresar recursos en la tesorería de Dios, quieren recibir de ella. Hay quienes son pobres ahora y podrían mejorar su condición por un empleo juicioso de su tiempo, evitando las especulaciones, como la explotación de patentes de invención y refrenando su inclinación a confiar en tales especulaciones para obtener recursos de una manera más fácil que por el trabajo paciente y perseverante. Si los que han tenido éxito en la vida estuvieran dispuestos a recibir instrucción, podrían adquirir hábitos de abnegación y economía estricta y tener la satisfacción de ser dispensadores de caridad en vez de receptores de ella. Hay muchos siervos perezosos. Si hicieran cuanto está a su alcance, experimentarían una bendición tan grande al ayudar a otros que en realidad se darían cuenta de que “más bienaventurado es dar que recibir” Hechos 20:35.3TPI 440.1

    Debidamente dirigida, la generosidad ejercita las energías mentales y morales de los hombres y los estimula a una acción muy saludable para beneficiar a los necesitados y adelantar la causa de Dios. Si los que tienen recursos se dieran cuenta de que son responsables delante de Dios de cada peso que gastan, sus supuestas necesidades serían mucho menores. Si la conciencia estuviera despierta, testificaría contra los gastos inútiles para satisfacer el apetito, el orgullo, la vanidad, el amor a las diversiones, y reprocharía el despilfarro del dinero del Señor que debiera haberse dedicado a su causa. Pronto los que malgastan los bienes de su Señor tendrán que darle cuenta de su conducta.3TPI 440.2

    Si los que profesan ser cristianos usaran menos de su fortuna para adornar su cuerpo y hermosear sus propias casas, y en sus mesas hubiesen menos lujos extravagantes y malsanos, podrían colocar sumas mucho mayores en la tesorería del Señor. Imitarían así a su Redentor, quien dejó el cielo, sus riquezas y su gloria, y por amor de nosotros se hizo pobre, a fin de que pudiéramos tener las riquezas eternas. Si somos demasiado pobres para devolver fielmente a Dios los diezmos que él requiere, somos ciertamente demasiado pobres para vestirnos costosamente y comer con lujo; porque malgastamos así el dinero de nuestro Señor en cosas perjudiciales para agradarnos y glorificarnos a nosotros mismos. Debemos inquirir diligentemente: ¿Qué tesoro nos hemos asegurado en el reino de los cielos? ¿Somos ricos para con Dios?3TPI 441.1

    Jesús dio a sus discípulos una lección respecto de la avaricia. “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. Lucas 12:16-21.3TPI 441.2

    La duración y felicidad de la vida no consiste en la cantidad de nuestras posesiones terrenales. Este rico insensato, en su egoísmo supremo, había amontonado tesoros que no podía emplear. Vivía solamente para sí mismo. Se extralimitó en los negocios, obtuvo ganancias ilícitas y no practicó la misericordia ni el amor de Dios. Robó a los huérfanos y a las viudas, o defraudó a sus semejantes para aumentar su creciente reserva de bienes mundanales. Podía haberse hecho tesoros en los cielos en bolsas que no envejecen, pero por su avaricia perdió ambos mundos. Los que humildemente usan para gloria de Dios los recursos que él les ha confiado, recibirán antes de mucho su tesoro de la mano del Maestro con la bendición: “Bien, buen siervo y fiel;... entra en el gozo de tu señor”. Mateo 25:21.3TPI 441.3

    Cuando consideramos el sacrificio hecho para la salvación de los hombres, nos embarga el asombro. Cuando el egoísmo clama por la victoria en el corazón de los hombres, y ellos se sienten tentados a retener la proporción que deben dedicar a cualquier buena obra, deben fortalecer sus principios de lo recto por el pensamiento de que el que era rico en el tesoro inestimable del cielo, se apartó de todo ello y se hizo pobre. No tuvo dónde reclinar su cabeza. Y todo este sacrificio fue hecho en nuestro favor, para que obtuviéramos las riquezas eternas.3TPI 442.1

    Cristo asentó los pies en la senda de la abnegación y el sacrificio, que todos sus discípulos deben recorrer si quieren ser finalmente exaltados con él. Acogió en su propio corazón las tristezas que el hombre debe sufrir. Con frecuencia la mente de los mundanos se embota. Pueden ver tan sólo las cosas terrenales, que eclipsan la gloria y el valor de las cosas celestiales. Hay hombres que rodearán la tierra y el mar para obtener ganancias terrenales, y sufrirán privaciones y padecimientos para alcanzar su objetivo, y, sin embargo, se apartan de los atractivos del cielo y no consideran las riquezas eternas. Los que se hallan comparativamente en la pobreza son los que hacen más para sostener la causa de Dios. Son generosos con lo poco que poseen. Han fortalecido sus impulsos generosos por la liberalidad continua. Como sus gastos casi equivalían a sus entradas, su pasión por las riquezas terrenales no tuvo cabida u oportunidad de fortalecerse.3TPI 442.2

    Pero son muchos los que, al comenzar a juntar riquezas materiales, calculan cuánto tardarán en poseer cierta suma. En su afán de acumular una fortuna, dejan de enriquecerse para con Dios. Su generosidad no se mantiene a la par con lo que reúnen. A medida que aumenta su pasión por las riquezas, sus afectos se entrelazan con su tesoro. El aumento de su propiedad fortalece el intenso deseo de tener más, hasta que algunos consideran que el dar al Señor el diezmo es una contribución severa e injusta. La inspiración ha declarado: “Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas”. Salmos 62:10. Muchos han dicho: “Si fuera tan rico como Fulano, multiplicaría mis donativos para la tesorería de Dios. No haría otra cosa con mi riqueza sino emplearla para el adelantamiento de la causa de Dios”. Dios ha probado a algunos de éstos dándoles riquezas; pero con éstas las tentaciones se hicieron más intensas, y su generosidad fue mucho menor que en los días de su pobreza. Un deseo ambicioso de mayores riquezas absorbió su mente y corazón, y cometieron idolatría.3TPI 442.3

    El que regala a los hombres riquezas infinitas y una vida eterna de bienaventuranzas en su reino como recompensa de la obediencia fiel, no aceptará un corazón dividido. Estamos viviendo en medio de los peligros de los últimos días, cuando se manifiesta todo lo que puede apartar de Dios la mente y los afectos. Podremos discernir y apreciar nuestro deber únicamente cuando lo consideremos a la luz que irradia de la vida de Cristo. Así como el Sol sale por el oriente y baja por el occidente, llenando el mundo de luz, así el que sigue verdaderamente a Cristo será una luz para el mundo. Saldrá al mundo como una luz brillante y resplandeciente, para que aquellos que están en tinieblas sean iluminados y calentados por los rayos que despida. Cristo dice de los que le siguen: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder”. Mateo 5:14.3TPI 443.1

    Nuestro gran Ejemplo era abnegado, y ¿debe la conducta de los que profesan seguirle ser tan contraria a la suya? El Salvador lo dio todo por el mundo que perecía, sin retenerse a sí mismo siquiera. La iglesia de Dios está dormida. Sus miembros están debilitados por la inacción. De todas partes del mundo nos llegan voces que nos dicen: “Pasad y ayudadnos”, pero no hay movimiento en respuesta. De vez en cuando se realiza un débil esfuerzo; algunos manifiestan que quisieran ser colaboradores del Maestro; pero con frecuencia se deja a los tales trabajar casi solos. Nuestro pueblo tiene un solo misionero*Estas palabras fueron escritas en 1875 poco después de que J. N. Andrews fuera enviado a Europa y antes de que las misiones llegaran a algo asumido como propio por todos miembros de la iglesia. en todo el amplio campo de los países extranjeros.3TPI 443.2

    La verdad es poderosa, pero no se la pone en práctica. No es suficiente colocar solamente dinero sobre el altar. Dios llama a hombres voluntarios para que proclamen la verdad a otras naciones, lenguas y pueblos. No es nuestro número ni nuestras riquezas lo que nos dará una victoria señalada, sino la devoción al trabajo, el valor moral, el ardiente amor por las almas y un celo incansable e invariable.3TPI 444.1

    Son muchos los que han considerado a la nación judía como un pueblo digno de lástima, porque se le hacía contribuir constantemente al sostén de su religión. Pero Dios, quien creó al hombre y le proveyó todas las bendiciones de que goza, sabía lo que era mejor para él. Y por su bendición hacía que las nueve décimas fueran para los judíos de más valor que la cantidad entera sin su bendición. Si algunos, por egoísmo, robaban a Dios o le traían una ofrenda que no fuera perfecta, lo seguro era que seguía a ello el desastre y la pérdida. Dios lee los motivos del corazón. Conoce los propósitos de los hombres, y los recompensará a su debido tiempo según lo hayan merecido.3TPI 444.2

    El sistema especial del diezmo se fundaba en un principio que es tan duradero como la ley de Dios. Este sistema del diezmo era una bendición para los judíos; de lo contrario, Dios no se lo hubiera dado. Así también será una bendición para los que lo practiquen hasta el fin del tiempo. Nuestro Padre celestial no creó el plan de la benevolencia sistemática para enriquecerse, sino para que fuese una gran bendición para el hombre. Vio que este sistema de beneficencia era precisamente lo que el hombre necesitaba.3TPI 444.3

    Aquellas iglesias que son más sistemáticas y generosas en sostener la causa de Dios, son las más prósperas espiritualmente. La verdadera generosidad del que sigue a Cristo identifica su interés con el Maestro. En el trato de Dios con los judíos y con su pueblo hasta el fin del tiempo, él requiere una benevolencia sistemática en proporción a las entradas. El plan de salvación fue basado en el infinito sacrificio del Hijo de Dios. La luz del Evangelio, que irradia de la cruz de Cristo, reprende el egoísmo y estimula la generosidad. No es de lamentar que aumenten los pedidos de recursos. En su providencia, Dios invita a su pueblo a que salga de su limitada esfera de acción para emprender mayores cosas. En este tiempo, en que las tinieblas morales están cubriendo el mundo, se necesitan esfuerzos ilimitados. La mundanalidad y la avaricia están royendo las vísceras de los hijos de Dios. Deben comprender que su misericordia es la que multiplica las demandas de recursos. El ángel de Dios coloca los actos generosos al lado de la oración. Le dijo a Cornelio: “Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios”. Hechos 10:4.3TPI 444.4

    En sus enseñanzas, Cristo dijo: “Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?” Lucas 16:11. La salud y la prosperidad espiritual de la iglesia dependen en extenso grado de su benevolencia sistemática. Es como la corriente sanguínea que debe fluir por todo el ser, vivificando todo miembro del cuerpo. Aumenta el amor por las almas de nuestros semejantes, porque por la abnegación y el sacrificio propio somos puestos en más estrecha relación con Cristo, quien por nosotros se hizo pobre. Cuanto más invirtamos en la causa de Dios para ayudar en la salvación de las almas, tanto más se les acercará nuestro corazón. Si nuestro número fuera reducido a la mitad de lo que es, pero todos trabajaran con devoción, tendríamos un poder que haría temblar al mundo. A los que trabajan activamente, Cristo ha dirigido estas palabras: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:20.3TPI 445.1

    Encontraremos oposición proveniente de motivos egoístas, del fanatismo y del prejuicio; pero con valor indómito y fe viva debemos sembrar junto a todas las aguas. Los agentes de Satanás son formidables; debemos hacerles frente y combatirlos. Nuestras labores no se han de limitar a nuestro propio país. El campo es el mundo; la mies está madura. La orden dada por Cristo a los discípulos antes de ascender fue: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Marcos 16:15.3TPI 445.2

    Nos sentimos profundamente apenados al ver a algunos de nuestros predicadores que se limitan a trabajar por las iglesias, haciendo aparentemente algunos esfuerzos, pero casi sin obtener resultado por sus labores. El campo es el mundo. Salgan a un mundo incrédulo, y trabajen para convertir las almas a la verdad. Indicamos a nuestros hermanos y hermanas el ejemplo de Abraham, quien subió al monte Moria para ofrecer a su único hijo, a la orden de Dios. Esto era obediencia y sacrificio. Moisés se encontraba en las cortes reales y tenía delante de sí la perspectiva de una corona. Pero se apartó de este soborno tentador, y “rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios”. Hebreos 11:24-26.3TPI 446.1

    Los apóstoles no contaban su vida por preciosa y se regocijaban de ser tenidos por dignos de sufrir oprobio por el nombre de Cristo. Pablo y Silas sufrieron la pérdida de todo. Fueron azotados y arrojados brutalmente al piso frío de una mazmorra, en una posición muy dolorosa, con los pies elevados y sujetos en el cepo. ¿Llegaron protestas y quejas a los oídos del carcelero? ¡Oh, no! Desde el interior de la cárcel, se elevaron voces que rompían el silencio de la noche con cantos de gozo y alabanza a Dios. Animaban a estos discípulos un profundo y ferviente amor por la causa de su Redentor, a favor de la cual sufrían.3TPI 446.2

    En la medida en que la verdad de Dios llene nuestro corazón, absorba nuestros afectos y rija nuestra vida, tendremos por gozo el sufrir por la verdad. Ni las paredes de la cárcel, ni la hoguera del martirio, podrán entonces dominarnos ni poner obstáculo a la gran obra.3TPI 446.3

    “Ven, oh alma mía, al Calvario”.

    Observa la humilde vida del Hijo de Dios. Él fue “varón de dolores, experimentado en quebranto”. Isaías 53:3. Contempla su ignominia, su agonía en el Getsemaní, y aprende lo que es abnegación. ¿Estamos padeciendo necesidad? También la padeció Cristo, la Majestad del cielo. Pero su pobreza era por causa nuestra. ¿Nos contamos entre los ricos? Así se contaba él también. Pero consintió por causa nuestra en hacerse pobre, para que por su pobreza pudiésemos ser hechos ricos. En Cristo tenemos la abnegación ejemplificada. Su sacrificio consistió no meramente en abandonar los atrios reales del cielo, en ser juzgado por los hombres perversos como un criminal y declarado culpable, en ser entregado a la muerte como malhechor, sino en llevar el peso de los pecados del mundo. La vida de Cristo reprende nuestra indiferencia y frialdad. Estamos cerca del tiempo del fin, cuando Satanás ha bajado con grande ira, sabiendo que le queda poco tiempo. Está trabajando con todo engaño de injusticia en aquellos que perecen. Nuestro gran Jefe ha dejado la guerra en nuestras manos para que la prosigamos con vigor. No estamos haciendo una vigésima parte de lo que podríamos hacer si estuviéramos despiertos. La obra se demora porque hay amor a la comodidad y falta el espíritu abnegado del cual Cristo nos dio ejemplo en su vida.3TPI 446.4

    Se necesitan colaboradores de Cristo, hombres que sientan la necesidad de ensanchar los esfuerzos. La obra de nuestras prensas no debe disminuir sino duplicarse. Deben establecerse escuelas en diferentes lugares, para educar a nuestra juventud y prepararla para trabajar a fin de que la verdad progrese.3TPI 447.1

    Ya se ha malgastado muchísimo tiempo, y los ángeles llevan al cielo el registro de nuestra negligencia. Nuestra condición letárgica y nuestra falta de consagración nos han hecho perder preciosas oportunidades que Dios nos envió en las personas que estaban capacitadas para ayudarnos en nuestra necesidad actual. ¡Oh, cuánto necesitamos a nuestra Ana More*Ana More, misionera de experiencia en África, al hacerse adventista del séptimo día mientras se hallaba en servicio misionero, perdió el sostén de la junta misionera que la había enviado, de manera que regresó a los Estados Unidos. En Battle Creek encontró que su capacidad y sus talentos no fueron plenamente apreciados ni utilizados. para ayudarnos en este tiempo a alcanzar otras naciones! Su extenso conocimiento de los campos misioneros nos daría acceso a los que hablan otros idiomas y a quienes no podemos acercarnos ahora. Dios trajo este don a nuestro medio para hacer frente a nuestra emergencia actual; pero no apreciamos el don, y nos lo quitó. Ella descansa de sus labores, pero sus obras de abnegación la siguen. Es deplorable que nuestra obra misionera quede rezagada por falta del conocimiento necesario para lograr acceso a las diferentes naciones y localidades de la gran mies mundial.3TPI 447.2

    Sentimos angustia de espíritu porque hemos perdido algunos de los dones que podríamos tener ahora si hubiéramos estado despiertos. Se ha impedido a los obreros que penetraran en la mies ya blanca. Incumbe a los hijos de Dios humillar su corazón delante de él, y en la más profunda humillación rogar al Señor que perdone nuestra apatía y complacencia egoísta y borre el vergonzoso registro de los deberes descuidados y privilegios no aprovechados. En la contemplación de la cruz del Calvario, el verdadero cristiano abandonará la idea de restringir sus ofrendas a lo que no le cuesta nada y oirá en sonidos como de trompeta:3TPI 448.1

    “Ve, trabaja en mi viña;
    pronto podrás descansar”.

    Cuando Jesús estaba por ascender al cielo, señaló los campos de la mies y dijo a sus seguidores: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio”. Marcos 16:15. “De gracia recibisteis, dad de gracia”. Mateo 10:8. ¿Nos negaremos a nosotros mismos para que se pueda recoger la mies que se pierde?3TPI 448.2

    Dios pide talentos de influencia y recursos. ¿Nos negaremos a obedecer? Nuestro Padre celestial concede dones y solicita que le sea devuelta una porción para probarnos si somos dignos de recibir el don de la vida eterna.3TPI 448.3

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