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Testimonios para la Iglesia, Tomo 3

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    La causa en Nueva York

    Estando en Vermont, el 10 de diciembre de 1871, se me mostraron algunas cosas respecto a Nueva York. La causa en ese estado parecía hallarse en una condición deplorable. Había pocos obreros, y no eran tan eficientes como su profesión de fe en las verdades sagradas para este tiempo les demandaba que fueran. Algunos de ellos, que ministran en palabra y doctrina, no son obreros cabales. Aunque creen la teoría de la verdad, y han estado predicando por años, nunca serán obreros competentes hasta que trabajen en base a un plan diferente. Han pasado mucho tiempo en las iglesias, sin estar calificados para beneficiarlas. Ellos mismos no están consagrados a Dios. Antes de estar preparados para ayudar a otros, necesitan un espíritu de paciencia para sufrir por causa de Cristo: “para beber la copa”, y “para ser bautizados con el bautismo”. Se necesitan obreros abnegados, devotos, para hacer adelantar las cosas en Nueva York de acuerdo con la norma bíblica. Estos hombres no han estado en la línea de su deber mientras viajaban entre las iglesias. Si Dios los ha llamado a su obra, es para salvar a los pecadores. Debieran probarse ellos mismos yendo a campos nuevos, para conocer personalmente si Dios les ha confiado la obra de salvar almas.3TPI 57.1

    Si los hermanos Taylor, Saunders, Cottrell y Whitney, y el hermano y la hermana Lindsay hubieran trabajado en campos nuevos, estarían mucho más adelantados de lo que están ahora. El hecho de enfrentar la oposición de los adversarios los habría impulsado a acudir a sus Biblias en busca de argumentos para defender su posición, y esto habría aumentado su conocimiento de las Escrituras y los habría hecho conscientes de su capacidad en Dios para enfrentar la resistencia en cualquier forma. Aquellos que se conforman con repetir y repetir los mismos temas en las iglesias serán deficientes en la experiencia que debieran tener. Serán débiles y no fuertes para querer y hacer y sufrir por causa de la verdad. Serán obreros ineficientes.3TPI 57.2

    Aquellos que tienen la causa de Dios en el corazón y sienten amor por las almas preciosas por las cuales Cristo murió, no buscarán su propia comodidad o placer. Harán como Cristo hizo. Saldrán a “buscar y a salvar lo que se había perdido”. Lucas 19:10. Él dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”. Mateo 9:13.3TPI 57.3

    Si los ministros en Nueva York desean ayudar a la iglesia, no hay mejor manera de hacerlo que yendo a campos nuevos y trabajando para traer almas a la verdad. Cuando la iglesia vea que los ministros están inflamados con el espíritu de trabajo, que sienten profundamente la fuerza de la verdad, y que están tratando de traer a otros al conocimiento de la misma, esto les infundirá nueva vida y vigor a los miembros. Sus corazones se sentirán conmovidos para hacer lo que pueden a fin de ayudar en la obra. No hay un grupo de personas en el mundo que estén más dispuestas a sacrificar sus medios para promover la causa que los adventistas del séptimo día. Si los ministros no los desaniman completamente con su indolencia e ineficiencia, y con su falta de espiritualidad, generalmente responderán a cualquier apelación que pueda hacerse que parezca meritoria a su juicio y a sus conciencias. Pero desean ver fruto. Y es correcto que los hermanos de Nueva York demanden fruto de sus ministros. ¿Qué han hecho? ¿Qué están haciendo?3TPI 58.1

    Los ministros en Nueva York debieran estar mucho más adelantados de lo que están. Pero no se han ocupado en esa clase de trabajo que requiere esfuerzo ferviente y fuerte oposición. Si lo hubieran hecho, se habrían sentido impulsados a acudir a sus Biblias y a la oración a fin de poder responder a sus oponentes; y al ejercitar sus talentos éstos se habrían duplicado. Hay ministros en Nueva York que han estado predicando por años, pero de quienes no puede dependerse para dar una serie de conferencias. Se han empequeñecido. No han ejercitado sus mentes estudiando la Palabra y enfrentando oposición, como para que pudieran llegar a ser fuertes en Dios. Si como fieles soldados de la cruz de Cristo, hubieran ido “fuera del campamento”, dependiendo de Dios y de sus propias energías, antes que apoyándose tan marcadamente en sus hermanos, habrían obtenido experiencia, y ahora estarían capacitados para ocuparse en la obra doquiera su ayuda fuera más necesaria. Si en términos generales los ministros en Nueva York hubieran permitido que las iglesias trabajaran por su propia cuenta, y no se hubieran interpuesto, tanto las iglesias como los ministros habrían progresado en espiritualidad y en el conocimiento de la verdad.3TPI 58.2

    Muchos de nuestros hermanos y hermanas en Nueva York han sido negligentes en cuanto a la reforma pro salud. No hay sino un número pequeño de genuinos reformadores de la salud en el estado. Los hermanos en Nueva York han recibido luz y discernimiento espiritual. Pero la verdad que ha llegado al entendimiento, la luz que ha brillado sobre el alma, que no ha sido apreciada ni estimada, testificará contra ellos en el día de Dios. Se ha dado la verdad para salvar a aquellos que crean y obedezcan. Serán condenados, no porque no tuvieran la luz, sino porque la tuvieron y no caminaron en ella.3TPI 59.1

    Dios ha provisto al hombre de abundantes medios para satisfacer el apetito natural. Ha esparcido ante él, en los productos de la tierra, una abundante variedad de alimentos agradables al paladar y nutritivos para el sistema. Nuestro bondadoso Padre celestial ha dicho que de tales alimentos podemos “comer abundantemente”. Podemos disfrutar de las frutas, los vegetales, los granos, sin hacer violencia a las leyes de nuestro ser. Estos artículos, preparados en la manera más sencilla y natural, nutrirán el cuerpo y preservarán su vigor natural sin el uso de la carne.3TPI 59.2

    Dios creó al hombre un poco menor que los ángeles y le otorgó atributos que si se usan debidamente, lo harán una bendición para el mundo y harán que glorifique al Dador. Pero aunque hecho a la imagen de Dios, el hombre, por su intemperancia, ha violado los principios y la ley de Dios en su naturaleza física. La intemperancia de cualquier tipo entorpece los órganos perceptivos y debilita tanto el poder del cerebro y los nervios que no se aprecian las cosas eternas, sino que se las coloca sobre el mismo nivel que las comunes. Las facultades superiores de la mente ideadas para propósitos elevados, son puestas en cautiverio de las pasiones más bajas. Si nuestros hábitos físicos no son correctos, nuestras facultades mentales y morales no pueden ser fuertes; porque existe una gran compatibilidad entre lo físico y lo moral. El apóstol Pedro comprendió esto y levantó su voz de advertencia a sus hermanos: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma”. 1 Pedro 2:11.3TPI 59.3

    No hay sino poco poder moral en el profeso mundo cristiano. Se ha cedido a hábitos incorrectos y se han descuidado leyes físicas y morales, hasta que la norma general de virtud y piedad se ha vuelto excesivamente baja. Los hábitos que rebajan la norma de salud física debilitan la fuerza mental y moral. La complacencia de apetitos y pasiones antinaturales tiene una influencia dominante sobre los nervios del cerebro. Los órganos animales son fortalecidos, mientras que el aspecto moral se debilita. Es imposible que un hombre intemperante sea cristiano, porque las facultades superiores son puestas en esclavitud de las pasiones.3TPI 60.1

    Aquellos que han tenido luz sobre el tema de comer y vestir con sencillez en obediencia a las leyes físicas y morales, y que se apartan de la luz que señala su deber, rehuirán el deber en otras cosas. Si embotan sus conciencias para evitar la cruz que tendrán que llevar para estar en armonía con la ley natural, violarán los Diez Mandamientos a fin de rehuir la censura. Algunos, decididamente, no quieren soportar la cruz y menospreciar la vergüenza. Hay quienes se reirán de sus principios. La conformidad con el mundo está ganando terreno entre el pueblo de Dios, que profesan ser peregrinos y extranjeros, que esperan y velan por la aparición del Señor. Entre los profesos observadores del sábado en Nueva York hay muchos que están más firmemente aferrados a las modas y concupiscencias mundanales que a cuerpos sanos, mentes íntegras o corazones santificados.3TPI 60.2

    Dios está probando a distintos individuos en Nueva York. Ha permitido que algunos tengan un grado de prosperidad, para mostrar lo que está en sus corazones. El orgullo y el amor al mundo los han separado de Dios. Los principios de la verdad son virtualmente sacrificados, mientras que profesan amar la verdad. Los cristianos debieran despertar y actuar. Su influencia es reveladora, y moldea las opiniones y hábitos de otros. Tendrán que llevar la pesada responsabilidad de decidir por su influencia el destino de otras almas.3TPI 60.3

    El Señor, mediante verdades precisas y directas para estos últimos días, está separando a un pueblo del mundo y purificándolo para sí. Las modas orgullosas y malsanas, el amor a la ostentación y a ser aprobados, todo debe ser dejado con el mundo si es que hemos de ser renovados en conocimiento a la imagen de Aquel que nos creó. “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. Tito 2:11-14.3TPI 61.1

    La iglesia en _____ necesita el zarandeo. Es necesaria una conversión completa antes que puedan estar en condiciones de trabajar. El egoísmo, el orgullo, la envidia, la malicia, conjeturas malignas, calumnias, murmuraciones y chismografía han sido albergados entre ellos, hasta el punto de que el Espíritu de Dios tiene poco que ver con ellos. Mientras que algunos que profesan conocer a Dios permanezcan en su estado actual, sus oraciones son una abominación a la vista de Dios. No respaldan su fe con sus obras, y habría sido mejor para algunos que nunca hubieran profesado la verdad, antes que haber deshonrado su profesión como lo están haciendo. Aunque profesan ser siervos de Cristo, son siervos del enemigo de la justicia; y sus obras testifican de ellos que no están relacionados con Dios y que sus corazones no están en obediencia a la voluntad de Cristo. Hacen de la religión un juego de niños; actúan como niños quisquillosos.3TPI 61.2

    Los hijos de Dios, en todo el mundo, son una gran fraternidad. Nuestro Salvador ha definido claramente el espíritu y los principios que debieran gobernar las acciones de aquellos que, por sus vidas consecuentes y santas, se distinguen del mundo. El amor mutuo y el amor supremo a su Padre celestial, debieran ejemplificarse en su conversación y obras. La condición actual de muchos de los hijos de Dios es como la de una familia de hijos ingratos y pendencieros.3TPI 61.3

    Hay peligro de que incluso ministros en Nueva York sean de esa clase que está siempre aprendiendo y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. No practican lo que aprenden. Son oidores, pero no hacedores. Estos ministros necesitan una experiencia en la verdad que los capacitará para comprender el carácter elevado de la obra.3TPI 62.1

    Estamos viviendo en un tiempo sumamente solemne e importante, de la historia de esta tierra. Estamos en medio de los peligros de los últimos días. Ante nosotros hay eventos graves y temibles. Cuán necesario es que todos los que temen a Dios y aman su ley se humillen ante él, y se aflijan y lamenten, y confiesen los pecados que han separado a Dios de su pueblo. Lo que debiera despertar la mayor alarma es que no sentimos ni comprendemos nuestra condición, nuestro estado pecaminoso, y que estamos satisfechos de permanecer como somos. Debiéramos acudir a la Palabra de Dios y a la oración, buscando al Señor en forma individual y ferviente, para que podamos encontrarlo. Debiéramos hacer de esto nuestra primera ocupación.3TPI 62.2

    Los miembros de la iglesia son responsables por los talentos que se les han confiado, y es imposible para los cristianos enfrentar sus responsabilidades a menos que ocupen esa elevada posición que está en armonía con las verdades sagradas que ellos profesan. La luz que brilla en nuestro sendero nos hace responsables de permitir que también brille para otros de tal manera que glorifiquen a Dios.3TPI 62.3

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