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Testimonios para la Iglesia, Tomo 3

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    Adulación y falsa simpatía

    No hay nada que agrade más a la gente que ser alabada y adulada cuando están en tinieblas y equivocados, y merecen reproche. Coré atrajo la atención de la gente, y luego sus simpatías, al representar a Moisés como un dirigente dominante. Dijo que él era demasiado duro, demasiado exigente, demasiado dictatorial, y que reprobaba a la gente como si fueran pecadores cuando eran un pueblo santo, santificados al Señor, y el Señor estaba entre ellos. Coré repasó los incidentes en la experiencia de ellos en los viajes por el desierto, donde habían sido llevados a lugares difíciles, y donde muchos de ellos habían muerto a causa de su murmuración y desobediencia, y con sus sentidos pervertidos pensaban que veían muy claramente que todos sus problemas podrían haberse evitado si Moisés hubiera seguido un curso diferente de acción. Era demasiado inflexible, demasiado exigente, y llegaron a la conclusión de que todos sus desastres en el desierto eran imputables a él. Coré, el espíritu dirigente, profesaba tener gran sabiduría para discernir la verdadera razón de sus pruebas y aflicciones.3TPI 380.1

    En esta obra de deslealtad había mayor armonía y unión de puntos de vista y de sentimientos entre estos elementos discordantes que las que jamás se había conocido que existieran antes. El éxito de Coré en ganar para su lado a la mayor parte de la congregación de Israel lo indujo a estar seguro de que era sabio y correcto en su juicio, y que Moisés ciertamente estaba usurpando autoridad, lo que amenazaba la prosperidad y la salvación de Israel. Él sostenía que Dios le había revelado el asunto a él y le había impuesto la carga de cambiar el gobierno de Israel antes que fuera demasiado tarde. Declaró que la congregación no estaba en falta; ellos eran justos. Sostuvo que este gran clamor en cuanto a la murmuración de Israel que trajo sobre ellos la ira de Dios fue toda una equivocación; y que el pueblo sólo quería tener sus derechos; querían independencia individual.3TPI 380.2

    Cuando se imponían a su memoria los recuerdos de la paciencia abnegada de Moisés, y se les presentaban sus esfuerzos desinteresados en su favor cuando estaban en la cautividad de la esclavitud, sus conciencias de algún modo se sentían perturbadas. Algunos no estaban enteramente del lado de Coré en sus puntos de vista sobre Moisés y trataron de hablar en su favor. Coré, Datán y Abiram debían dar alguna razón ante el pueblo de por qué Moisés había mostrado desde el principio un interés tan grande por la congregación de Israel. Sus mentes egoístas, que habían sido degradadas como instrumentos de Satanás, sugirieron que ellos finalmente habían encontrado el propósito del aparente interés de Moisés. Había planeado mantenerlos vagando en el desierto hasta que todos, o casi todos, perecieran y él tomara posesión de sus bienes.3TPI 380.3

    Coré, Datán y Abiram, y los doscientos cincuenta príncipes que se les habían unido, primero se volvieron celosos, luego envidiosos y después rebeldes. Habían hablado en cuanto al cargo de Moisés como gobernante del pueblo hasta que imaginaron que era un puesto muy envidiable que cualquiera de ellos podía ocupar tan bien como él. Y se entregaron al descontento hasta que realmente se engañaron y pensaron que Moisés y Aarón se habían colocado en la posición que ocupaban en Israel. Dijeron que Moisés y Aarón se exaltaron por encima de la congregación del Señor al tomar sobre ellos el sacerdocio y el gobierno, y que este oficio no debía conferirse sólo a su casa. Dijeron que era suficiente para ellos si estaban en un mismo nivel con sus hermanos, porque no eran más santos que el pueblo, quienes estaban igualmente favorecidos con la presencia y la protección peculiar de Dios.3TPI 381.1

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