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Testimonios Selectos Tomo 1

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    El gozo de los redimidos

    Hermanos y hermanas, os exhorto a que os preparéis para la venida de Cristo en las nubes del cielo. Día por día desechad de vuestros corazones el amor al mundo. Comprended por experiencia lo que significa tener comunión con Cristo. Preparaos para el juicio, de modo que cuando Cristo venga para admiración de los creyentes, seáis de aquellos que le reciban en paz. En aquel día, los redimidos brillarán con la gloria del Padre y del Hijo. Los ángeles, pulsando sus áureas arpas, darán la bienvenida al Rey y a sus trofeos de victoria, los que hayan sido lavados y emblanquecidos en la sangre del Cordero. Resonará un canto de triunfo que llene todo el cielo. Cristo ha vencido. Entra en la corte celestial acompañado de sus redimidos, que atestiguan que no fué vana su misión de sufrimiento y sacrificio.1TS 231.2

    La resurrección y ascensión de nuestro Señor es una segura prueba del triunfo de los santos de Dios sobre la muerte y el sepulcro, y una garantía de que el cielo está abierto para quienes lavan las ropas de su carácter y las blanquean en la sangre del Cordero. Ascendió Jesús al Padre en representación de la especie humana, y Dios llevará a quienes reflejen su imagen a contemplar y compartir con él su gloria. Hay moradas para los peregrinos de la tierra. Hay vestiduras para los justos, con coronas de gloria y palmas victoriosas. Todo cuanto nos causó perplejidad respecto de las providencias de Dios, se verá claro y explícito en el mundo futuro. Entonces tendrán explicación las cosas ahora difíciles de comprender. Se nos revelarán los misterios de la gracia. Veremos la más hermosa y perfecta armonía en donde nuestras limitadas mentes sólo veían confusión y promesas fragmentarias. Sabremos que el infinito amor ordenó las experiencias que parecían más difíciles. Cuando comprendamos la tierna solicitud del que hizo que todas las cosas cooperasen conjuntamente para nuestro bien, nos alegraremos con indecible gozo rebosante de gloria.1TS 232.1

    El dolor no puede existir en el ambiente del cielo. En la morada de los redimidos no habrá lágrimas ni exequias fúnebres ni vestidos de luto. “No dirá el morador: Estoy enfermo: el pueblo que morare en ella será absuelto de pecado.” Isaías 33:24. Un copioso flujo de felicidad perdurará y acrecentará su abundancia a medida que transcurra la eternidad.1TS 233.1

    Todavía estamos en medio de las sombras y torbellinos de la actividad terrena. Consideremos más ardientemente el bendito porvenir. Que nuestra fe atraviese las nubes de obscuridad y contemple a Aquel que murió por los pecados del mundo. El abrió las puertas del paraíso a cuantos le reciban y crean en él. Les da el poder de llegar a ser hijos e hijas de Dios. Que las aflicciones que tan hondamente nos apenan sean instructivas lecciones que nos enseñen a marchar con mayor ahinco hacia el blanco del premio de nuestra soberana vocación en Cristo. Animémonos al pensar que pronto vendrá el Señor, y alegre nuestros corazones esta esperanza. “Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.” Hebreos 10:37. Benditos aquellos siervos que cuando su Señor venga los halle velando.1TS 233.2

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