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Testimonios Selectos Tomo 1

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    Dando testimonio

    La noche después de recibir tan grande bendición, asistí a la reunión adventista. Cuando a los seguidores de Cristo les llegó la vez de hablar en su favor, no pude permanecer en silencio, sino que me levanté para referir mi experiencia. Ni un solo pensamiento acudió a mi mente acerca de lo que debía decir; pero el sencillo relato del amor de Jesús hacia mí fluyó libremente de mis labios, y sintióse mi corazón tan dichoso de verse libre de sus ataduras de tenebrosa desesperación, que perdí de vista a las personas que me rodeaban y parecióme estar sola con Dios. No encontré dificultad alguna en expresar mis sentimientos de paz y felicidad, sino por las lágrimas de gratitud que entrecortaban mis palabras.1TS 31.1

    El pastor Stockman estaba presente. Me había visto poco antes en profunda desesperación, y al ver ahora subvertida mi cautividad, lloraba de alegría conmigo y alababa a Dios por esta prueba de su misericordiosa ternura y cariñoso amor.1TS 31.2

    No mucho después de recibir tan señalada bendición, asistí a una reunión en la iglesia de que era pastor el Sr. Brown. Se me invitó a referir mi experiencia, y no sólo sentí gran facilidad de expresión, sino también dicha, al relatar mi sencilla historia del amor de Jesús y el gozo de verme aceptada por Dios. Según iba hablando con el corazón subyugado y los ojos arrasados en lágrimas, mi alma parecía impelida hacia el cielo en acción de gracias. El enternecedor poder de Dios descendió sobre los circunstantes. Muchos lloraban y otros alababan a Dios. Se invitó a los pecadores a que se levantaran a orar, y no pocos respondieron al llamamiento. Mi corazón estaba tan agradecido a Dios por la bendición que me había otorgado, que deseaba que otros compartieran este sagrado gozo. Mi ánimo se interesaba profundamente por quienes pudiesen creerse en desgracia del Señor y bajo la pesadumbre del pecado. Mientras refería mis experiencias, me parecía que nadie podría negar la evidente prueba del misericordioso amor de Dios, que tan maravillosa mudanza había efectuado en mí. La realidad de la verdadera conversión me parecía tan notoria, que procuré aprovechar toda oportunidad de ejercer mi influencia en mis amigas para guiarlas hacia la luz.1TS 31.3

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