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Testimonios Selectos Tomo 1

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    Las reuniones de la sala Beethoven

    A pesar de la oposición de los predicadores y miembros de las otras iglesias cristianas, la sala Beethoven de la ciudad de Portland se llenaba de bote en bote todas las noches y especialmente los domingos era extraordinaria la concurrencia. Personas de toda condición social asistían a estas reuniones. Ricos y pobres, encumbrados y humildes, clérigos y seglares, todos, por uno u otro motivo, estaban deseosos de escuchar la doctrina del segundo advenimiento. Quienes no podían entrar en la sala por estar ésta demasiado llena, se marchaban lamentándolo.1TS 44.2

    El programa de las reuniones era muy sencillo. Se pronunciaba un corto discurso sobre determinado tema, y después se otorgaba completa libertad para la exhortación general. No obstante lo numeroso de la concurrencia, reinaba generalmente el más perfecto orden. porque el Señor detenía el espíritu de hostilidad mientras que sus siervos explicaban las razones de su fe. A veces el que exhortaba era débil, pero el Espíritu de Dios fortalecía poderosamente su verdad. Se notaba en la asamblea la presencia de los santos ángeles, y muchos convertidos se añadían diariamente a la pequeña grey de fieles.1TS 44.3

    En cierta ocasión, mientras que predicaba el Sr. Stockman, el Sr. Brown, el pastor bautista ya nombrado, estaba sentado en el púlpito y escuchaba el sermón con intenso interés. Se conmovió profundamente, y de repente su rostro palideció como el de un muerto, se tambaleó en su silla, y el pastor Stockman le recibió en sus brazos cuando estaba cayendo al suelo. Luego le acostó sobre el sofá que había en la parte trasera del púlpito, donde quedó sin fuerzas hasta terminado el discurso.1TS 45.1

    Se levantó entonces, con el rostro todavía pálido, pero resplandeciente con la luz del Sol de justicia, y dió un testimonio muy impresionante. Parecía recibir unción santa de lo alto. De costumbre, hablaba lentamente y con fervor, pero de un modo enteramente desprovisto de excitación. En esta ocasión, sus palabras solemnes y mesuradas, vibraban con un nuevo poder.1TS 45.2

    Relató él su experiencia con tanta sencillez y candor, que muchos de los que antes sintieran prejuicios fueron movidos a llorar. En sus palabras se sentía la influencia del Espíritu Santo, y se la veía en su semblante. Con santa exaltación, declaró osadamente que había tomado la palabra de Dios como consejera suya; que sus dudas se habían disipado y su fe había quedado confirmada. Con fervor invitó a sus hermanos del ministerio, a los miembros de la iglesia, a los pecadores y a los incrédulos, a que examinasen la Biblia por sí mismos y no dejasen que nadie los apartase del propósito de averiguar la verdad.1TS 45.3

    Cuando dejó de hablar, todos los que deseaban que el pueblo de Dios orase en su favor, fueron invitados a ponerse de pie. Centenares de personas respondieron al llamamiento. El Espíritu de Dios reposó sobre la asamblea. El cielo y la tierra parecieron acercarse, La reunión duró hasta hora avanzada de la noche, y se sintió el poder de Dios sobre jóvenes, adultos y ancianos.1TS 45.4

    El pastor Brown no se separó ni entonces ni más tarde de su iglesia bautista, pero sus correligionarios le tuvieron siempre gran respeto.1TS 46.1

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