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Testimonios Selectos Tomo 1

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    Pasa el tiempo fijado

    El expectante pueblo de Dios se acercaba a la hora en que ansiosamente esperaba que su gozo quedase completo en el advenimiento del Salvador. Pero tampoco esta vez vino Jesús cuando se le esperaba. Amarguísimo desengaño sobrecogió a la pequeña grey que había tenido una fe tan firme y esperanzas tan altas; pero, no obstante, nos sorprendimos de sentirnos libres en el Señor y poderosamente sostenidos por su gracia y fortaleza.1TS 52.2

    Se repitió, sin embargo, en grado aun más extenso, la experiencia del año anterior. Gran número de personas renunció a su fe. Algunos de los que habían abrigado mucha confianza, se sintieron tan hondamente heridos en su orgullo, que deseaban huir del mundo. Como Jonás, se quejaban de Dios, y preferían la muerte a la vida. Los que habían fundado su fe en las pruebas ajenas, y no en la palabra de Dios, estaban otra vez igualmente dispuestos a cambiar de opinión. Esta segunda gran prueba reveló una masa de inútiles despojos que habían sido atraídos al seno de la fuerte corriente de la fe adventista, y arrastrados por un tiempo juntamente con quienes creían de veras y obraban fervorosamente.1TS 52.3

    Quedamos de nuevo chasqueados, pero no descorazonados. Resolvimos evitar toda murmuración en la probatoria experiencia con que el Señor eliminaba de nosotros las escorias y nos afinaba como oro en crisol; someternos pacientemente al proceso de purificación que Dios consideraba necesario para nosotros; y aguardar con paciente esperanza que el Señor viniese a redimir a sus probados fieles.1TS 53.1

    Estábamos firmes en la creencia de que la predicación del tiempo señalado era de Dios. Fué esto lo que movió a muchos a escudriñar diligentemente la Biblia, con lo cual descubrieron en ella verdades no advertidas por ellos hasta entonces. Jonás fué enviado por Dios a proclamar en las calles de Nínive que a los cuarenta días la ciudad sería destruída; pero Dios aceptó la humillación de los ninivitas y extendió su plazo de probación. Sin embargo, el mensaje que dió Jonás había sido enviado por Dios, y Nínive fué probada conforme a su voluntad. El mundo calificó de ilusión nuestra esperanza y de fracaso nuestro desengaño; pero si bien nos habíamos equivocado en cuanto al acontecimiento, no había tal fracaso en la veracidad de la visión que parecía tardar en realizarse.1TS 53.2

    Quienes habían esperado el advenimiento del Señor no quedaron sin consuelo. Habían obtenido valiosos conocimientos de la investigación de la Palabra. Comprendían más claramente el plan de salvación, y cada día iban descubriendo en las sagradas páginas nuevas bellezas, de modo que ninguna palabra estaba de más, pues un pasaje daba explicación de otro y una maravillosa armonía los concertaba todos.1TS 53.3

    Nuestra desilusión no fué tan grande como la de los primeros discípulos. Cuando el Hijo del hombre entró triunfalmente en Jerusalén, ellos esperaban que fuese coronado rey. La gente acudió de toda la comarca circunvecina, y clamaba: “¡Hosanna al Hijo de David!” Mateo 21:9. Y cuando los sacerdotes y ancianos rogaron a Jesús que hiciese callar la multitud, él declaró que si ésta callase, las piedras mismas clamarían, pues la profecía se había de cumplir. Sin embargo, a los pocos días, estos mismos discípulos vieron a su amado Maestro, acerca de quien ellos creían que iba a reinar sobre el trono de David, pendiente de la cruenta cruz por encima de los fariseos que le escarnecían y denostaban. Sus elevadas esperanzas quedaron chasqueadas, y los envolvieron las tinieblas de la muerte. Sin embargo, Cristo fué fiel a sus promesas. Dulce fué el consuelo que dió a los suyos, rica la recompensa de los veraces y fieles.1TS 54.1

    El Sr. Guillermo Miller y los que con él iban, supusieron que la purificación del santuario de que habla (Daniel 8:14), significaba la purificación de la tierra por el fuego antes de quedar dispuesta para morada de los santos. Esto había de suceder cuando viniese Cristo por segunda vez; y por lo tanto, esperábamos este acontecimiento al fin de los 2.300 días o años. Pero el desengaño nos movió a escudriñar cuidadosamente las Escrituras, con oración y seria reflexión, y tras un período de incertidumbre, penetró la luz en nuestra obscuridad y quedaron disipadas todas las dudas.1TS 54.2

    Quedó evidente para nosotros que la profecía de (Daniel 8:14), en vez de significar la purificación de la tierra, se refería al término de la obra de nuestro sumo Sacerdote en el cielo, o sea el fin de la expiación, y la preparación de las gentes para el día de su venida.1TS 54.3

    Así como los discípulos se equivocaron en cuanto al reino que debía establecerse al fin de los setenta semanas, así también los adventistas se equivocaron en cuanto al acontecimiento que debía verificarse al fin de los 2.300 días. En ambos casos la circunstancia de haber aceptado errores populares, o mejor dicho la adhesión a ellos fué lo que cerró el espíritu a la verdad. Ambas escuelas cumplieron la voluntad de Dios, proclamando el mensaje que él deseaba fuese proclamado, y ambas, debido a su mala comprensión del mensaje, sufrieron desengaños.1TS 55.1

    Sin embargo Dios cumplió su propósito misericordioso permitiendo que el juicio fuese proclamado precisamente como lo fué. El gran día estaba inminente, y en la providencia de Dios el pueblo fué puesto a prueba tocante a la cuestión de un tiempo fijo a fin de que fuese revelado lo que había en sus corazones. El mensaje tenía por objeto probar y purificar la iglesia. Los hombres debían ser inducidos a ver si sus afecciones pendían de las cosas de este mundo o de Cristo y del cielo. Ellos profesaban amar al Salvador; debían pues probar su amor. ¿Estarían listos para renunciar a sus esperanzas y ambiciones mundanas y para saludar con gozo el advenimiento de su Señor? El mensaje tenía por objeto hacerles ver su verdadero estado espiritual; fué enviado misericordiosamente para despertarlos.1TS 55.2

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