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Testimonios Selectos Tomo 1

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    Capítulo 10—El sábado del señor

    Durante mi visita a Nueva Bedford (Massachusetts), en 1846, conocí al pastor José Bates, que había abrazado la fe adventista desde el principio de su propagación, y era un activo obrero en la causa, un verdadero caballero cristiano, cortés y amable.1TS 83.1

    La primera vez que me oyó hablar, manifestó profundo interés, y al concluir yo mi discurso, se levantó diciendo: “Yo dudo como Tomás. No creo en las visiones. Pero si yo pudiese creer que el testimonio relatado esta noche por la Hna. Harmon es verdaderamente la voz de Dios para nosotros, sería el más feliz de los hombres. Mi corazón está hondamente conmovido. Creo en la sinceridad de la persona que acaba de hablar; pero no acierto a explicarme cómo se le han mostrado las maravillas que nos ha referido.”1TS 83.2

    El pastor Bates guardaba el sábado, séptimo día de la semana, y nos lo presentó insistentemente como verdadero día de descanso. Por mi parte, no le daba a esto gran importancia, y me parecía que el pastor Bates se equivocaba al dedicar más consideración al cuarto mandamiento que a los otros nueve.1TS 83.3

    Pero el Señor me dió una visión del santuario celeste. El templo de Dios estaba abierto en el cielo, y se me mostró el arca de Dios cubierta con el propiciatorio. Había dos ángeles, uno a cada lado del arca, con las alas extendidas sobre el propiciatorio y el rostro vuelto hacia él. Esto, según me dijo el ángel que me acompañaba, era una representación de cómo todas las cohortes del cielo miran con reverente temor la ley divina que fué escrita por el dedo de Jehová.1TS 83.4

    Levantó Jesús la cubierta del arca y vi las tablas de piedra en que estaban escritos los diez mandamientos. Me asombré al ver el cuarto mandamiento en el mismo medio de los diez preceptos, con una aureola luminosa que lo circundaba. El ángel dijo: “Este es entre los diez mandamientos, el único que define al Dios vivo, que creó los cielos y la tierra y todas las cosas que en ellos hay.”1TS 83.5

    Cuando Dios asentó los cimientos de la tierra, también asentó el cimiento del sábado. Se me mostró que si se hubiese guardado el verdadero día de descanso, nunca hubiera habido incrédulos ni ateos. La observancia del sábado hubiera preservado al mundo de la idolatría.1TS 84.1

    El cuarto mandamiento ha sido pisoteado, y por lo tanto, estamos nosotros llamados a reparar la brecha abierta en la ley y a abogar por el profanado sábado. El hombre de pecado, que se exaltó sobre Dios y pensó mudar los tiempos y la ley, transfirió el descanso del séptimo al primer día de la semana. Al hacerlo así, abrió brecha en la ley de Dios. Poco antes del gran día de Dios, se ha de enviar un mensaje para exhortar a las gentes a que vuelvan a la obediencia de la ley de Dios quebrantada por el Anticristo. Por el precepto y el ejemplo, hemos de llamar la atención de las gentes hacia la brecha abierta en la ley.1TS 85.1

    Se me dijo que las valiosas promesas de (Isaías 58:12-14) se aplican a quienes trabajan por la restauración del verdadero sábado.1TS 85.2

    Se me mostró también que el tercer ángel, que proclama los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, *Véase Apocalipsis 14:9-12. representa a quienes reciben este mensaje y alzan la voz a fin de amonestar al mundo para que guarde los mandamientos de la ley de Dios como la niña de sus ojos; y que, en respuesta a esta amonestación, muchos abrazarían el sábado del Señor.1TS 85.3

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