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El Ministerio Pastoral

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    Las ilustraciones de Jesús

    Las ilustraciones de Cristo captaban la atención, usaban la imaginación y repetían sus lecciones—Variaba sus mensajes de misericordia para adaptarlos a su auditorio. Sabía “hablar en sazón palabra al cansado” porque la gracia se derramaba de sus labios, a fin de inculcar a los hombres los tesoros de la verdad de la manera más atrayente. Tenía tacto para tratar con los espíritus llenos de prejuicio, y los sorprendía con ilustraciones que conquistaban su atención. Mediante la imaginación, llegaba al corazón. Sacaba sus ilustraciones de las cosas de la vida diaria, y aunque eran sencillas, tenían una admirable profundidad de significado. Las aves del aire, los lirios del campo, la semilla, el pastor y las ovejas, eran objetos con los cuales Cristo ilustraba la verdad inmortal; y desde entonces, siempre que sus oyentes veían estas cosas de la naturaleza, recordaban sus palabras. Las ilustraciones de Cristo repetían constantemente sus lecciones.—El Deseado de Todas las Gentes, 219.MPa 223.1

    Cristo recogía ilustraciones de las costumbres y experiencias de la vida diaria—Cristo nunca aduló a los hombres; nunca habló de aquello que exaltaría sus fantasías e imaginaciones, o los alabó por sus invenciones ingeniosas. Pero aquellos que eran pensadores profundos, sin prejuicios recibieron sus palabras, y encontraron que su inteligencia se ponía a prueba al tratar de comprender las verdades espirituales que él revelaba en un lenguaje muy sencillo. Los así llamados grandes hombres del mundo son generalmente los más ignorantes en cuanto a lo qué constituye la religión verdadera, y es correcto dirigirse a ellos en el lenguaje más sencillo, pues la elocuencia de la verdad motiva la convicción del alma. Tanto al educado como al ignorante, hay que hablarles en el lenguaje más sencillo y simple. Los defensores de la verdad deben aprender del Redentor del mundo, e imitar al más grande Maestro que el mundo haya conocido, quien habló como ningún hombre jamás habló.MPa 223.2

    Aunque el lenguaje de Cristo era sencillo, los más educados eran fascinados con su manera de enseñar, y los ignorantes sacaban siempre provecho de sus discursos. Empleaba ilustraciones de las costumbres y experiencias de la vida diaria, y siempre que sus oyentes miraban las cosas familiares de la naturaleza, las palabras de Cristo venían a sus mentes. Sacaba ilustraciones de las aves del aire, los lirios del campo, la semilla, el pastor y las ovejas, y diferentes cosas comunes que ocurrían en la vida diaria. Estas eran las lecciones de Cristo hechas simples para la comprensión de la gente. La instrucción de gran importancia estaba ligada al círculo más pequeño, y era tan claramente presentada que nadie necesitaba malentenderla. Sólo los escribas y los fariseos se quejaron de tener dificultad en entender sus enseñanzas; pero la razón era que estaban llenos de prejuicios, y estaban determinados a interpretar mal sus palabras. La gente común lo escuchaba gozosamente, pues para el pobre el Evangelio era predicado, y muchos dieron testimonio de que “jamás hombre alguno habló como este hombre”.—Sabbath-School Worker, 1 de enero de 1895.MPa 223.3

    El propósito de ambas, la ilustración y la encarnación, es enseñar lo desconocido mediante lo conocido—En la enseñanza de Cristo mediante parábolas, se nota el mismo principio que el que lo impulsó en su misión al mundo. A fin de que llegáramos a conocer su divino carácter y su vida, Cristo tomó nuestra naturaleza y vivió entre nosotros. La Divinidad se reveló en la humanidad; la gloria invisible en la visible forma humana. Los hombres podían aprender de lo desconocido mediante lo conocido; las cosas celestiales eran reveladas por medio de las terrenales; Dios se manifestó en la semejanza de los hombres. Tal ocurría en las enseñanzas de Cristo: lo desconocido era ilustrado por lo conocido; las verdades divinas, por las cosas terrenales con las cuales la gente se hallaba más familiarizada.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 8.MPa 224.1

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