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El Ministerio Pastoral

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    Los minusválidos

    Las iglesias traerán esperanza a los desesperanzados—Hay una labor que deben realizar nuestras iglesias de la que pocos tienen idea. ... Debemos dar de nuestros medios para sostener obreros en el campo de cosecha y regocijarnos al recoger las gavillas. Pero, si bien es cierto que esto es bueno, hay una obra, hasta ahora intacta, que debe ser realizada. La misión de Cristo fue sanar a los enfermos, alentar a los desesperanzados, vendar a los quebrantados. Esta labor de restauración debe ser hecha entre los dolientes necesitados de la humanidad. Dios no solamente pide vuestra caridad sino vuestro semblante alegre, vuestras esperanzadas palabras, el apretón de vuestra mano. Aliviad a algunos de los afligidos de Dios. Algunos están enfermos y han perdido la esperanza. Devolvedles la luz del sol. Hay almas que han perdido su valor; habladles, orad por ellas. Hay quienes necesitan el pan de vida. Leedles de la Palabra de Dios. Hay una enfermedad del alma que ningún bálsamo puede alcanzar, ninguna medicina puede curar. Orad por estas [almas] y traedlas a Jesucristo. Y en toda vuestra obra Cristo estará presente para impresionar los corazones humanos.—El Ministerio de la Bondad, 75.MPa 163.3

    Ministrar como Jesús es servir a los afligidos—Qué escena vieron sus ojos al entrar de nuevo en los atrios del templo. Cristo estaba ministrando a los pobres, a los sufrientes y afligidos. Ellos habían clamado en su angustia porque no podían encontrar alivio para su aflicción y su pecado. Habían oído de este hombre Jesús, habían escuchado un rumor en cuanto a su compasión y amor. Habían oído cómo había sanado a los enfermos, cómo había hecho ver a los ciegos, y cómo había hecho andar a los cojos; y un clamor lastimero y suplicante se escapó de sus labios. Uno tras otro comenzaron a relatar la historia de su aflicción, y él se inclinó sobre ellos como una madre tierna se inclina sobre su doliente criatura. Invitó a los enfermos y afligidos a venir a él en busca de salud y paz. Dio tierno consuelo al sufriente. Tomó a los pequeños en sus brazos, y los libertó de la enfermedad y el sufrimiento. Dio vista a los ciegos, hizo oír a los sordos, dio salud a los enfermos y consuelo a los afligidos.—The Review and Herald, 27 de agosto de 1895.MPa 164.1

    Tenemos el deber de ministrar al pobre, al paralítico, al lisiado, y al ciego—En su conversación en la mesa, el Señor no estaba hablando de una verdad nueva, ni exponiendo nuevas doctrinas o explicando nuevos principios. Estaba repitiendo el antiguo mandamiento que le había dado previamente a Moisés para que se los diera. Deseaba que ellos entendiesen que sus enseñanzas de ninguna manera restaban fuerza a los mandamientos dados previamente. Las fiestas y cenas dadas por los sacerdotes, fariseos y gobernantes, eran celebradas únicamente para complacencia propia. Invitaban a sus favoritos, a sus parientes y amigos ricos, quienes a su vez los invitaban a ellos a sus fiestas en sus casas, para, de ser posible, exhibir ante ellos sus más abundantes provisiones. Jesús buscaba extender su visión, mostrarles que tenían un deber, que era obligatorio para ellos en todo tiempo, y éste era ministrar a los pobres, a los paralíticos, a los lisiados y a los ciegos. También los haría considerar el hecho que ninguna obra hecha a los necesitados, los afligidos, y sufrientes, perdería su recompensa.—The Signs of the Times, 14 de mayo de 1896.MPa 164.2

    Cristo contesta las oraciones de los afligidos enviando a sus seguidores—No obra un milagro enviando maná del cielo, no envía cuervos para llevarles alimento; pero obra un milagro en los corazones humanos. Ahuyenta el egoísmo del alma; destapa la fuente de la benevolencia. Pone a prueba el amor de sus profesos seguidores al confiarles los afligidos y angustiados, los pobres y los huérfanos, a sus tiernas misericordias. En un sentido especial, estos son los pequeños a quienes Cristo estima, y descuidarlos es ofenderlo a él. Los que los descuidan están descuidando a Cristo en la persona de sus afligidos. Cada acto de bondad hecho a ellos en el nombre de Cristo es aceptado por él como si hubiera sido hecho a él mismo, pues identifica su intereses con los de la humanidad doliente, y ha confiado a su iglesia la gran obra de socorrer a Jesús al ayudar y bendecir a los necesitados y dolientes. La bendición del Señor descansará sobre todos los que los ayuden con corazones dispuestos.—El Ministerio de la Bondad, 224.MPa 164.3

    Enseñe a los afligidos a ayudarse a sí mismos—Esto significa enseñar al imprevisor la necesidad de la economía. Hay miles de viudas y huérfanos, jóvenes y ancianos, afligidos y lisiados, que deben ser enseñados cómo ayudarse a sí mismos. Muchos que guardan cama, no están capacitados para trabajar. Pero a los que pueden trabajar se les debe hacer notar que si no trabajan, no serán alimentados. Todo el que es capaz de tomar una comida completa es capaz de trabajar para pagar por su alimento. Si se le hace pagar por su comida, apreciará el valor del dinero, de la fuerza y del tiempo. Tal beneficencia conlleva lecciones de gran valor. No solamente ministra a las necesidades del pobre, sino les enseña a cuidar de sí mismos.—Manuscrito 156a, 1901; Battle Creek Letters, 46.MPa 165.1

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