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El Ministerio Pastoral

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    La meditación

    Casi todos descuidan examinar su propia vida—Me fue mostrado que muchos corren el gran peligro de fracasar en el logro de la perfecta santidad en el temor del Señor. Los ministros están en peligro de perder sus propias almas. Algunos de los que han predicado a otros serán ellos mismos rechazados porque no han perfeccionado un carácter cristiano. A pesar de su esfuerzo no salvan almas, ni aun salvan la suya propia. No ven la importancia del conocimiento y del control propios. No velan y oran, para no entrar en tentación. Si velaran, reconocerían sus puntos débiles, donde seguramente la tentación los atacará. Al velar y orar pueden proteger de tal modo sus puntos más débiles que se transformarán en los más fuertes, y pueden enfrentar la tentación sin ser vencidos. Cada seguidor de Cristo debiera examinarse diariamente, para que pueda conocer perfectamente su propia conducta. Casi todos descuidan el examen propio. Este descuido es por cierto peligroso en el que profesa ser un portavoz de Dios, ocupando la tremenda posición de responsabilidad de recibir la Palabra de Dios para darla a su pueblo. La conducta diaria de una persona que actúa de tal modo tiene gran influencia en los demás. Si tiene éxito en su trabajo, rebaja a sus conversos a su nivel, y muy rara vez se elevan a un nivel más alto. La conducta del ministro, sus palabras, sus gestos y modales, su fe y su piedad se consideran como ejemplo de estos adventistas observadores del sábado; y si imitan al que les ha enseñado la verdad, piensan que están cumpliendo con su obligación.—Testimonios para la Iglesia 2:453, 454.MPa 25.3

    Los ministros deben repasar deliberadamente sus actos diarios—Hay mucho en la conducta de un ministro que él puede mejorar. Muchos ven y sienten sus carencias, pero parecen desconocer la influencia que ejercen. Tienen conciencia de sus acciones en el momento de realizarlas pero las dejan caer en el olvido y por lo tanto no se reforman. Si los ministros meditaran con atención en las acciones de cada día y las revisaran con cuidado, con el fin de llegar a conocer sus propios hábitos de vida, se conocerían a sí mismos mejor. Al hacer un recuento de su vida diaria en todas las circunstancias conocerían sus propios motivos, los principios que los impulsan. Esta revisión diaria de nuestros actos, para ver si la conciencia aprueba o condena, es necesaria para todos los que desean llegar a la perfección del carácter cristiano. Muchos actos que son considerados buenas obras, aun actos de benevolencia, cuando se los investiga detalladamente, se encontrará que están impulsados por motivos equivocados. Muchos reciben aplausos por virtudes que no poseen. El que escudriña los corazones examina los motivos,y a menudo los actos que son muy aplaudidos por los hombres, Dios los registra como hechos que tienen su origen en motivos egoístas y en una deshonesta hipocresía. El que escudriña los corazones juzga cada acto de nuestras vidas, ya sea digno de encomio o de censura, de acuerdo con los motivos que lo impulsaron.—Testimonios para la Iglesia 2:454.MPa 26.1

    Una hora de meditación es de más valor que los días empleados en estudiar a los autores más capaces—Hno. Hull, Dios desea que se acerque más a él, en donde se pueda asir de su fortaleza, y por medio de una fe viva clamar su salvación, y ser un hombre fuerte. Si usted fuera un hombre devoto y pío en el púlpito y fuera de él, una poderosa influencia le asistiría en su predicación. Usted no escudriña su corazón a fondo. Ha estudiado muchas obras para hacer sus discursos cabales, competentes y agradables. Pero ha descuidado el estudio mayor y más necesario, el estudio de Ud. mismo. Un conocimiento completo de usted mismo, la meditación y la oración, han sido muy descuidados por usted. Estas han llegado a ser un asunto secundario. Su éxito como ministro depende en guardar su propio corazón. Recibirá más fortaleza pasando una hora diaria en la meditación, y llorando por sus fracasos y las corrupciones del corazón, y rogando a Dios por su amor perdonador, y la certeza del perdón de sus pecados, que lo que haría pasando muchas horas y días en estudiar a los autores más capaces, y familiarizándose con cada objeción de nuestra fe, y las evidencias más poderosas en favor de nuestra fe.—The Review and Herald, 19 de enero de 1864.MPa 27.1

    Una gran parte del tiempo que está siendo usada en el estudio debería ser usada en la oración y la meditación—Se me mostró que el tiempo que se dedica a tanta lectura y estudio, es a veces peor que desperdiciado. Una gran parte del tiempo empleado en los libros y el estudio debiera emplearse en la oración, pidiéndole a Dios sabiduría celestial, para tener fuerza y poder para que la verdad, que ellos entienden bien, brille ante la gente en su claridad y belleza armoniosa. Se dedica muy poco tiempo a la oración secreta y a la meditación en las cosas sagradas. El anhelo de los siervos de Dios debiera ser recibir la santa unción, y estar revestidos con la salvación, para que lo que predican pueda alcanzar los corazones. El tiempo es tan corto y son tan pocos los ministros de estos últimos días, que debieran poner todas sus energías en la obra, y mantenerse en estrecha relación con Dios y los santos ángeles, para que su predicación sea poderosa, un poder apremiante, que atraiga a toda alma honesta que ama la verdad hasta que la acepte.—La Voz: Su Educación y Uso Correcto, 239.MPa 27.2

    Medite especialmente en la obra mediadora de Cristo—Los ministros del Evangelio serían hombres poderosos si colocaran siempre al Señor ante ellos y dedicaran su tiempo al estudio de su adorable carácter. Si hicieran esto, no habrían apostasías, y nadie sería separado de la asociación [hermandad] por haber acarreado desgracia a la causa de Dios y puesto a Jesús en una condición de pública vergüenza, debido a sus prácticas licenciosas. Las facultades de todo ministro del evangelio debe ser empleadas para educar a la iglesias de creyentes a recibir a Cristo por fe como su Salvador personal, a incorporarlo en sus mismas vidas y hacer de él su Modelo, para aprender de Jesús, creer en Jesús y exaltar a Jesús. El ministro mismo debe espaciarse en el carácter de Cristo. Debe ponderar la verdad, y meditar en los misterios de la redención, especialmente la obra mediadora de Cristo para este tiempo.—Mensajes Selectos 3:212.MPa 27.3

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