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El Ministerio Pastoral

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    Los miembros y el ministerio personal

    La educación de los miembros es esencial—Nuestro trabajo está incompleto si nosotros no educamos a otros para ser obreros juntamente con Dios, visitando y orando con las familias, mostrando al mundo lo que Jesús ha hecho por nosotros. La Palabra de Dios declara, “la religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo”. Estas palabras son dichas a cada seguidor de Cristo. No solamente el ministro, sino cada alma conectada con él, ha de trabajar en su viña. “En esto es glorificado mi Padre”, dijo Cristo, “que llevéis mucho fruto”. Con su propia vida Cristo ha pagado por su sincera y entusiasta colaboración. Si no trabajan como fieles misioneros, son desleales a su cometido y defraudan a su Salvador.—The Signs of the Times, 27 de diciembre de 1899.MPa 258.2

    El entrenamiento contribuye al crecimiento de la iglesia aparte de las responsabilidades administrativas del pastor—Desde el momento en que los conversos se unen al cuerpo de la iglesia, deberían ser educados para tomar líneas tales de trabajo que beneficien no solamente a sus propias almas, sino a las de otros. “El alma liberal será engordada, y el que saciare, él también será saciado”. El Señor ha dado talentos de intelecto, energía y medios a sus seguidores. Los que son conocidos como hombres de mentes bien equilibradas, quienes tienen el amor y el temor de Dios presente, deben ser nombrados como ancianos y diáconos; y mediante el ejercicio de la capacidad que Dios les ha otorgado, podrán crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Podrán planificar sabiamente, y educar individualmente a los miembros de la iglesia para hacer su parte utilizando los talentos de su Señor. Al hacer un uso correcto de sus talentos pueden aumentar su eficiencia en la causa de Dios. La iglesia puede ser visitada ocasionalmente por un ministro y aún ser una iglesia creciente; pues Jesús es nuestro ministro, y nosotros nunca hemos de pensar que estamos solos. Jesús nunca abandona la manada de sus pastos. “Mas éste [Jesús], por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable”.—The Review and Herald, 17 de enero de 1893.MPa 259.1

    La obra requiere recursos de los ministros y los miembros—La obra de Dios en esta tierra no podrá nunca terminarse antes que los hombres y mujeres abarcados por el total de miembros de nuestra iglesia se unan a la obra, y aúnen sus esfuerzos con los de los pastores y dirigentes de las iglesias. ... Es el entrenamiento, la educación, que se está necesitando. Aquellos que trabajan visitando las iglesias deberán darle a los hermanos y hermanas instrucciones en cuanto a métodos prácticos para hacer obra misionera.—Testimonies for the Church 9:117.MPa 259.2

    Se debe entrenar a los visitadores—Hay algunas personas con cierta experiencia que debieran, en ocasión de todo esfuerzo público que se realiza en las iglesias moribundas, así como en nuevos lugares, seleccionar a hombres y mujeres de edad madura para ayudarlos en la obra. Así obtendrán conocimiento, interesándolos en el esfuerzo personal, y veintenas de ayudantes se están preparando como instructores bíblicos, colportores y visitadores de las familias.—El Evangelismo, 344.MPa 260.1

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