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El Ministerio Pastoral

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    Motivando a los voluntarios

    Cuando el poder transformador de Dios venga sobre la gente, llegarán a ser obreros—Esta clase está bien representada por el valle de huesos secos que Ezequiel vio en visión. Aquellos a quienes les han sido encomendados los tesoros de la verdad, y sin embargo están muertos en transgresiones y pecado, necesitan ser creados nuevamente en Cristo. Hay tan poca vitalidad real en la iglesia en este tiempo, que toma una labor constante dar a los hombres la apariencia de vida ante el profeso pueblo de Dios. Cuando el poder transformador de Dios venga sobre las personas, su actividad lo hará manifiesto. Llegarán a ser obreros, y estimarán el reproche de Cristo como mayores riquezas que los tesoros del mundo.—The Review and Herald, 17 de enero de 1893.MPa 180.1

    La verdadera conversión es seguida por un deseo de compartir a Cristo—Tan pronto como el hombre se convierte, nace en su corazón el deseo de dar a conocer a otros cuán precioso amigo ha encontrado en Jesús; la verdad salvadora y santificadora no puede ser ahogada en su corazón. El Espíritu de Cristo, iluminando el alma, es representado por la luz, que disipa toda oscuridad; es comparada con la sal, por sus cualidades preservativas; y a la levadura, que secretamente ejerce su poder transformador.—Testimonies for the Church 4:318, 319.MPa 180.2

    Aquellos que no están cumpliendo su responsabilidad deben ser visitados—Que los ministros y hombres responsables impresionen en los miembros de la iglesia individualmente, que para poder crecer espiritualmente, deben llevar la carga de la obra que el Señor ha puesto sobre ellos, la carga de guiar a las almas a la verdad. Que enseñen a la gente que debe tener un fuerte deseo de ver a los que aún no están en la fe convertirse a la verdad. Aquellos que tengan la oportunidad que hagan la obra encomendada por Dios. A los que no están cumpliendo con sus responsabilidades se les debe visitar, llevarlos a Dios en oración, y trabajar con ellos, para que lleguen a ser fieles mayordomos de la gracia de Cristo. Como ministros, no los guíen a depender de ustedes, sino a todos los que abracen la verdad enséñenles que tienen una obra que hacer usando los talentos que Dios les ha otorgado para salvar las almas que estén cerca. Trabajando de esta manera, estas personas tendrán la colaboración de los ángeles de Dios. Obtendrán una experiencia valiosa que aumentará su fe y les ayudará a asirse fuertemente de Dios.—Manuscrito 21a, 1894; Notebook Leaflets from the Elmshaven Library 1:127, 128.MPa 180.3

    El Salvador se sintió desilusionado por su falta de éxito en reclutar obreros, pero persistió—Si nuestros obreros hubieran sido bautizados con el Espíritu de Cristo, hubieran hecho cincuenta veces más de lo que han hecho por entrenar hombres como obreros. Aunque uno o dos, o quizá muchos, no han pasado la prueba, no debemos cesar en nuestros esfuerzos; pues esta labor debe ser hecha para Cristo. El Salvador se desilusionó; a causa de la perversidad de los corazones humanos, sus esfuerzos no fueron recompensados con el éxito; pero él continuó su obra, y nosotros debemos hacerlo también. Si hubiéramos trabajado con fidelidad, paciencia y amor, tendríamos cien obreros en donde hay uno. Las oportunidades desaprovechadas son escritas en contra nuestra en el mismo libro donde se registra la envidia y la rebelión contra Dios. Hemos perdido años en nuestras misiones extranjeras. Han habido unos pocos obreros fervientes; pero en gran medida, sus energías han sido empleadas en prevenir que los hombres que profesan la verdad echaran a pique la fe. Si estos hombres que necesitaron tanta ayuda para mantenerse a flote, hubieran estado trabajando por la salvación de sus semejantes, se habrían olvidado de sus pruebas, y se habrían fortalecido ayudando a otros. Nosotros podemos lograr mucho más de lo que hemos hecho, si llamamos en nuestra ayuda a todos los que podamos alistar en la labor. Algunos probarán no ser aptos; pero mientras lo descubrimos, debemos seguir trabajando. Un obrero valioso, temeroso de Dios, compensará todo nuestro esfuerzo, cuidado, y gasto.—The Review and Herald, 15 de diciembre de 1885.MPa 181.1

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