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El Ministerio Pastoral

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    La oración

    Grandes resultados acompañan la labor de los ministros que oran—Sea presto en la oración. Usted es sabor de vida para vida, o de muerte para muerte. Usted ocupa un puesto tremendamente responsable. Yo le insto a redimir el tiempo. Acérquese a Dios en súplica, y será como un árbol plantado junto a arroyos de agua, cuyas hojas están siempre verdes, y cuyo fruto aparece a su tiempo. Ministros de Cristo, necesitáis poder divino, el cual Dios está dispuesto a conceder sin límite, cuando se le pida. Solamente id a Dios, y aceptad su Palabra, y permitid que sus obras sean sostenidas por una fe viva en sus promesas. Dios no exige de vosotros oraciones elocuentes y razonamiento lógico; sino sólo un corazón humilde y contrito, deseoso y listo a aprender de él. El ministro que ora, que tiene una fe viva, manifestará obras correspondientes, y grandes resultados acompañarán su trabajo, a pesar de los obstáculos combinados de la tierra y el infierno.—The Review and Herald, 8 de agosto de 1878.MPa 24.1

    Ningún trabajo para la iglesia debe tomar precedencia sobre la comunión con Dios—En nuestra obra no hay nada más necesario que los resultados prácticos de la comunión con Dios. Debemos demostrar por nuestra vida diaria que tenemos paz y reposo en el Salvador. Su paz, abrigada en el corazón, resplandecerá en el rostro. Dará a la voz una fuerza persuasiva. La comunión con Dios ennoblecerá el carácter y la vida. Los hombres sabrán que hemos estado con Jesús, así como lo supieron de los primeros discípulos. Esto impartirá al obrero un poder que ninguna otra cosa le podría dar. Y no debe permitir que se lo prive de este poder. La comunión con Dios a través de la oración y el estudio de su Palabra no debe ser descuidado, pues aquí está la fuente de su fuerza. Ningún trabajo para la iglesia debe tomar precedencia ante la comunión con Dios.—Obreros Evangélicos, 526, 527.MPa 24.2

    Las oraciones de los ministros no son escuchadas si se aferran a la iniquidad—Dios nos ha escogido del mundo para que seamos un pueblo peculiar y santo. Quien se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Los obreros de Dios deben ser hombres de oración, diligentes estudiantes de las Escrituras, que tengan hambre y sed de justicia, a fin de que sean una luz y fortaleza para otros. Nuestro Dios es un Dios celoso; y requiere que le adoremos en espíritu y en verdad, en la hermosura de su santidad. El salmista dice: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me oyera.” Como obreros, debemos prestar atención a nuestros caminos. Si el salmista no podría haber sido oído si en su corazón hubiese mirado a la iniquidad, ¿cómo pueden ser oídas las oraciones de los ministros ahora, mientras conservan la iniquidad? Hay peligros a los cuales estamos continuamente expuestos. Es el plan estudiado de Satanás hacer que los obreros sean débiles en la oración, débiles en poder, y débiles en su influencia ante el mundo debido a sus defectos de carácter; defectos que en ninguna forma armonizan con la verdad.—The Review and Herald, 10 de noviembre de 1885.MPa 24.3

    Las dudas destruyen el ministerio—Algunos no tienden naturalmente a la devoción, y por lo tanto debieran fomentar y cultivar el hábito de examinar detalladamente sus propias vidas y motivos y debieran fomentar de un modo especial el amor por los ejercicios religiosos y por la oración secreta. Frecuentemente se los escucha hablar de dudas y descreimiento, y se espacían en las tremendas luchas que han tenido que librar con sentimientos ateos. Se detienen en las influencias desalentadoras que afectan de tal modo su fe, esperanza y valor en relación con la verdad y el éxito final de la obra y la causa a la que están entregados, que la duda se transforma en una virtud especial. A veces parece que realmente se complacieran en insistir en la posición del infiel y fortalecer su descreimiento con cada caso que puedan encontrar como excusa de sus tinieblas. A los tales les diría: Sería mejor que bajaran y dejaran los muros de Sión hasta que lleguen a ser hombres convertidos y buenos cristianos. Antes que toméis la responsabilidad de ser ministros, Dios requiere que os separéis del amor por este mundo. La recompensa de los que continúan en esta posición dudosa será la que reciban los temerosos e incrédulos.—Testimonios para la Iglesia 2:455, 456.MPa 25.1

    Cristo unió la oración con el trabajo—Cuando el pastor está sobrecargado de trabajo, con frecuencia tiene su tiempo tan ocupado que a duras penas encuentra la ocasión de examinarse a sí mismo para ver si está en la fe. Tiene poquísimo tiempo para meditar y orar. Cristo unió en su ministerio la oración con el trabajo. Dedicó noches enteras a la oración. Los ministros deben buscar a Dios para recibir su Espíritu Santo, a fin de presentar correctamente la verdad.—El Evangelismo, 71.MPa 25.2

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