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El Ministerio Pastoral - Contents
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    Los hijos

    El primer deber de los ministros es hacia sus hijos—Los deberes propios del predicador lo rodean, lejos y cerca; pero su primer deber es para con sus hijos. No debe dejarse embargar por sus deberes exteriores hasta el punto de descuidar la instrucción que sus hijos necesitan. Puede atribuir poca importancia a sus deberes en el hogar; pero en realidad, sobre ellos descansa el bienestar de los individuos y de la sociedad. En extenso grado, la felicidad de los hombres y mujeres y el éxito de la iglesia dependen de la influencia ejercida en el hogar. Hay intereses eternos implicados en el debido desempeño de los deberes diarios de la vida. El mundo no necesita tanto a grandes intelectos como a hombres buenos, que sean una bendición en sus hogares.—Obreros Evangélicos, 215.MPa 102.1

    No importa cuan talentoso sea, si está descuidando a sus propios hijos no está sirviendo mejor a Dios—Quienes se dan cuenta de su deficiencia en un asunto que concierne a la felicidad y la utilidad de generaciones futuras, deberían hacer del tema del gobierno de la familia su estudio más diligente. Como una objeción a esto, muchos señalan a los hijos de los ministros, de los profesores, y de otros hombres de alta reputación por su saber y piedad, y alegan que si estos hombres, con ventajas superiores, fracasan en el gobierno de sus familias, aquellos que están en una situación menos favorable no pueden tener esperanza de triunfar. El asunto a considerarse es, ¿le han dado estos hombres a sus hijos aquello a que tienen derecho, esto es, un buen ejemplo, instrucción fiel, y restricción adecuada? Es por la negligencia de estas normas esenciales, que tales padres dan a la sociedad niños con desequilibrio mental, impacientes con las restricciones, e ignorantes de los deberes de la vida práctica. En ésto le están haciendo un daño al mundo que excede a todo lo bueno que puedan realizar. Esos niños transmiten la depravación de su carácter como una herencia a sus descendientes, y a la misma vez su ejemplo perverso y su influencia corrompen la sociedad y causan estragos en la iglesia. Nosotros no podemos pensar que ningún hombre, sin importar cuan grande sea su capacidad o utilidad, está sirviendo mejor a Dios o al mundo, mientras su tiempo es dedicado a otros intereses en menoscabo de sus propios hijos.—The Signs of the Times, 9 de febrero de 1882.MPa 102.2

    La influencia negativa de la familia del ministro puede hacer más daño que el bien que hace su ministerio—Hermano B, como ministro de Dios, usted tenía la doble obligación de gobernar bien su propia casa y de tener a sus hijos en sujeción. Pero se ha complacido con su capacidad y ha excusado sus faltas. El pecado de ellos no parecía muy pecaminoso. Usted ha desagradado a Dios y casi arruinado a sus hijos al descuidar su deber, y se ha seguido comportando irresponsablemente después que el Señor lo ha reprendido y aconsejado. El daño que su familia ha ocasionado a la causa de Dios por su influencia en los distintos lugares donde han vivido, ha sido mayor que el bien que han realizado. Usted ha sido enceguecido y engañado por Satanás acerca de su familia. Usted y su esposa han colocado a sus hijos en un pie de igualdad con ustedes. Ellos han hecho lo que han querido. Esa ha sido una gran desventaja en su trabajo de ministro de Cristo, y el descuido de su deber de tener a sus hijos en sujeción ha conducido a un mal todavía mayor, que amenaza destruir su utilidad.—Testimonios para la Iglesia 2:549.MPa 103.1

    Los pastores que fracasan en el hogar, fracasarán en la iglesia—Quien está comprometido en la obra del ministerio del Evangelio, debe ser fiel en su vida familiar. Es tan esencial que un padre mejore los talentos que Dios le ha otorgado para hacer del hogar un símbolo de la familia celestial, como usar en la obra del ministerio el poder que Dios le ha dado para la ganancia de almas en la iglesia. Como sacerdote del hogar y embajador de Cristo en la iglesia, deberá ejemplificar en su vida el carácter de Cristo. Debe ser fiel en velar por las almas sabiendo que tendrá que rendir cuentas. No debe haber en su servicio ninguna negligencia o trabajo desatendido. Dios no podrá usar a hombres pecadores que no tienen una clara visión de la responsabilidad sagrada involucrada al aceptar un puesto como pastor de iglesia. El que fracasa en ser un pastor fiel y juicioso en el hogar, seguramente fracasará en ser un pastor fiel del rebaño del Señor en la iglesia.—Manuscript Releases 6:49.MPa 103.2

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