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El Ministerio Pastoral

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    La participación de la congregación

    Donde la iglesia ande en la luz, habrá siempre alegres y cordiales respuestas, y palabras de alabanza gozosa—El Señor quiere que sus ministros prediquen la palabra vivificada por su Espíritu Santo; y los hermanos que oyen no deben permanecer sentados en indiferencia soñolienta, o mirar vagamente en el vacío, sin responder a lo dicho. La impresión que ello da al que no es creyente, es desfavorable para la religión de Cristo. Estos profesos cristianos negligentes no están destituidos de ambiciones y celo cuando se dedican a negocios mundanales; pero las cosas de importancia eterna no los mueven profundamente. La voz de Dios, expresada por medio de sus mensajeros, puede parecerles un canto agradable; pero desoyen sus sagradas amonestaciones, reprensiones y estímulos. El espíritu del mundo los ha paralizado. Las verdades de la Palabra de Dios se dirigen a oídos de plomo y corazones duros, sobre los que no pueden hacer impresión. Debiera haber iglesias despiertas y activas para animar y sostener a los ministros de Cristo, y para ayudarles en la obra de salvar almas. Donde la iglesia ande en la luz, habrá siempre alegres y cordiales respuestas, y palabras de alabanza gozosa.—Joyas de los Testimonios 2:111, 112.MPa 203.3

    Los que escuchan no deben ser oidores indiferentes—Por medio del salmista Dios declara, “El que sacrifica alabanza me honrará”. Gran parte del servicio de adoración pública a Dios consiste en cantos y oración, y todo seguidor de Cristo se debe involucrar en esta clase de adoración. Existe también el servicio de predicación, dirigido por aquellos cuyo trabajo es instruir a la congregación en la Palabra de Dios. Aunque no todos sean llamados a ministrar en palabra y doctrina, no deben ser oidores fríos e indiferentes. Cuando la Palabra de Dios fue dirigida antiguamente a los hebreos, el Señor le dijo a Moisés, “Y diga todo el pueblo, Amén”. Esta respuesta, en el fervor de sus almas, era requerida como evidencia de que entendían la palabra hablada y estaban interesados en ella.—The Signs of the Times, 24 de junio de 1886.MPa 203.4

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