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El Ministerio Pastoral

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    Capítulo 33—La predicación

    Si el ministro está entregado a Dios, el Espíritu Santo habla a través de cada uno de sus discursos y los torna efectivos—Es la eficiencia impartida por el Espíritu Santo la que hace eficaz el ministerio de la palabra. Cuando Cristo habla por medio del predicador, el Espíritu Santo prepara los corazones de los oyentes para recibir la palabra. El Espíritu Santo no es un siervo, sino un poder que dirige. Hace resplandecer la verdad en la mente, y habla en todo discurso cuando el predicador se entrega a la operación divina. El Espíritu es lo que rodea al alma de una atmósfera santa, y habla a los impenitentes palabras de amonestación, para enseñarles a Aquel que quita el pecado del mundo.—Obreros Evangélicos, 162, 163.MPa 215.1

    No presente a otros lo que su propia alma no ha experimentado—Existe el peligro de que los ministros que profesan creer la verdad presente se sientan satisfechos con presentar solamente la teoría, mientras que sus propias almas no sienten su poder santificador. Algunos no tienen el amor de Dios en su corazón, para ablandar, moldear y ennoblecer sus vidas.—Testimonies for the Church 4:526.MPa 215.2

    No debemos sentirnos satisfechos predicando los mismos discursos vez tras vez—Hermanos, no debemos presentarnos ante el púlpito a menos que hayamos dedicado algún tiempo luchando con Dios en oración. Nosotros no debemos sentirnos satisfechos usando los mismos discursos que hemos predicado vez tras vez durante los últimos diez, quince o veinte años. Debemos sacar nuevo material fresco de la fuente inagotable de la Palabra de Dios. Estamos deseosos que los ángeles de Dios estén a nuestro lado cuando estemos ante el púlpito sagrado, para que Dios impresione la mente; para que halla un glorioso despliegue de la verdad; para que sea presentado con la demostración del Espíritu; para que sea alimento a su debido tiempo para el rebaño del Señor.—The Review and Herald, 4 de junio de 1889.MPa 215.3

    El cielo se avergüenza de los predicadores que distan mucho de hacer lo mejor en el púlpito sagrado—El cielo se avergüenza de muchos que trabajan en todos los ramos de la obra, y especialmente se avergüenza el cielo de aquellos que son llamados al sagrado púlpito, y que sin embargo no intentan hacer lo mejor. Muchos leen los periódicos, revistas y libros, y descuidan el estudio de su Biblia. No luchan con Dios en su cámara secreta, pidiendo la ayuda que sólo él puede conceder. Van a sus trabajos sin el Espíritu y sin Cristo. Los ministros se presentan ante sus congregaciones, predicando fragmentos de un trillado y largo discurso, en vez de presentar a la gente una porción fresca de alimento a su debido tiempo. Entran en temas áridos o controversiales, y el rebaño del Señor no es alimentado.—The Review and Herald, 20 de mayo de 1890.MPa 216.1

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