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El Ministerio Pastoral

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    El desanimado

    Nada da mayor fortaleza espiritual que ministrar al enfermo y al desalentado—Nada aumentará más la fuerza espiritual y el fervor y profundidad de los sentimientos, como el visitar y servir a los enfermos y abatidos, ayudándoles a ver la luz y a aferrarse de Jesús por la fe. Hay deberes desagradables que alguien debe cumplir, o habrá almas que perecerán. Los cristianos hallarán bendición en hacer estos deberes por desagradables que sean. Cristo asumió la desagradable tarea de bajar de la mansión de pureza y gloria insuperable, para venir a morar como hombre entre los hombres en un mundo mancillado y ennegrecido por el crimen, la violencia y la iniquidad. Lo hizo para salvar almas; y ¿podrán presentar excusas en favor de sus vidas de comodidad egoísta los que fueron objeto de un amor tan asombroso y una condescendencia sin paragón? ¿Preferirán los tales seguir sus propios placeres e inclinaciones, y dejarán que las almas perezcan en las tinieblas porque se arrostran chascos y reproches al trabajar para salvarlas? Cristo pagó un precio infinito por la redención del hombre, y ¿dirá éste: “Señor mío, no quiero trabajar en tu viña; ruégote que me des por excusado?”—Joyas de los Testimonios 1:464, 465.MPa 263.2

    Ministre especialmente a aquellos que se han desalentado por la culpabilidad—El ministerio no consiste solamente en predicar. Ministran aquellos que alivian al enfermo y al que sufre, ayudando al necesitado, hablando palabras de consuelo al desalentado y a los de poca fe. Cerca y lejos, las almas son aplastadas por un sentimiento de culpabilidad. No son las penas, las luchas, o la pobreza lo que rebaja y degrada a la humanidad. Es el sentimiento de culpabilidad; el hacer lo malo. Esto trae intranquilidad e insatisfacción. A Jesús le agradaría que sus hijos ministrasen a las almas enfermas de pecado. Aquellos que son fuertes deben llevar las flaquezas de los débiles hasta que se fortalezcan.—The Review and Herald, 19 de julio de 1898.MPa 263.3

    Al visitar al desanimado, lleve un rostro alegre, palabras de esperanza y un apretón de manos—La misión de Cristo fue sanar a los enfermos, alentar a los desesperanzados, vendar a los quebrantados. Esta labor de restauración debe ser hecha entre los dolientes necesitados de la humanidad. Dios no solamente pide vuestra caridad sino vuestro semblante alegre, vuestras esperanzadas palabras, el apretón de vuestra mano. Aliviad a algunos de los afligidos de Dios. Algunos están enfermos y han perdido la esperanza. Devolvedles la luz del sol. Hay almas que han perdido su valor; habladles, orad por ellas. Hay quienes necesitan el pan de vida. Leedles de la Palabra de Dios. Hay una enfermedad del alma que ningún bálsamo puede alcanzar, ninguna medicina puede curar. Orad por estas [almas] y traedlas a Jesucristo. Y en toda vuestra obra Cristo estará presente para impresionar los corazones humanos.—El Ministerio de la Bondad, 75.MPa 264.1

    La oscuridad de los miembros desalentados puede ser disipada si son guiados a trabajar por aquellos más necesitados que ellos—Nuestros ministros pueden visitar nuestras iglesias, y pueden ofrecer oraciones públicas a Dios para consolar a los acongojados, pidiéndole que disipe las dudas de sus mentes, y vierta luz sobre sus corazones oscurecidos. Pero esto no será tan efectivo en ayudar a estos acongojados, incrédulos, cargados de pecados, como guiarlos a trabajar por aquellos que son más necesitados que ellos. La oscuridad será disipada si pueden ser guiados a ayudar a otros.—The Review and Herald, 5 de mayo de 1904.MPa 264.2

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