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El Ministerio Pastoral

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    Los Testimonios

    La reunión de oración puede ser considerada la más preciosa de todas las reuniones—¡Cuán profunda y seria importancia se adjudica a estas pequeñas asambleas! Jesucristo pagó el dinero del rescate con su propia sangre, por sus almas, y está en medio de ellos cuando se reúnen para adorar a Dios. La majestad del cielo identifica sus intereses con aquellos creyentes, y por humildes que sean las circunstancias y dondequiera tengan el privilegio de reunirse, es conveniente que a menudo se hablen unos a otros, dando expresión a la gratitud y al amor que resultan de pensar en el nombre del Señor. Así Dios será glorificado cuando escuche, y la reunión de testimonios será considerada la más preciosa de todas las reuniones.—Nuestra Elavada Vocacion, 170.MPa 213.1

    Las reuniones son interesantes cuando todos tienen algo que decir del Señor—El Señor me ha mostrado que los observadores del sábado deben prestar mucha atención a sus reuniones y hacerlas interesantes. Hay gran necesidad de manifestar más interés y energía en esta dirección. Todos deben tener algo que decir en favor del Señor, porque al hacerlo serán bendecidos. En un libro de memorias se escribe lo referente a aquellos que no abandonan sus asambleas, sino que hablan a menudo unos con otros. El pueblo remanente ha de vencer por la sangre del Cordero y la palabra de su testimonio. Algunos esperan vencer solamente por la sangre del Cordero, sin hacer ningún esfuerzo especial por su cuenta. Vi que Dios ha sido misericordioso al darnos la facultad del habla. Nos ha dado una lengua, y somos responsables ante él por el uso que le demos. Debemos glorificar a Dios con nuestra boca, hablando en honor de la verdad y de su misericordia ilimitada, y vencer por la palabra de nuestro testimonio mediante la sangre del Cordero.—Primeros Escritos, 114.MPa 213.2

    Los testimonios deben ser cortos y de naturaleza tal que ayuden a otros—La reunión de oración y de testimonios debe ser una ocasión de ayuda y estímulo especiales. Todos deben considerar como privilegio el participar de ella. Tenga cada uno de los que llevan el nombre de Cristo algo que decir en la reunión de testimonios. Estos deben ser cortos, y de naturaleza tal que ayuden a otros. Nada destruirá más seguramente el espíritu de devoción como que una persona dedique veinte o treinta minutos a un largo testimonio. Esto significa la muerte de la espiritualidad de la reunión.—Obreros Evangélicos, 180.MPa 213.3

    Las oraciones heladas y los testimonios largos arrojan una sombra sobre la reunión de oración—Temo que algunos no presenten sus dificultades a Dios en oración particular, sino que las reserven para la reunión de oración, y allí elevan sus oraciones de varios días. A los tales se los puede llamar asesinos de reuniones públicas y de oración. No emiten luz; no edifican a nadie. Sus oraciones heladas y sus largos testimonios de apóstatas arrojan una sombra. Todos se alegran cuando han terminado, y es casi imposible desechar el enfriamiento y las tinieblas que sus oraciones y exhortaciones imparten a la reunión. Por la luz que he recibido, entiendo que nuestras reuniones deben ser espirituales, sociales y no demasiado largas. La reserva, el orgullo, la vanidad y el temor del hombre deben quedar en casa. Las pequeñas diferencias y los prejuicios no deben de ir con nosotros a estas reuniones. Como en una familia unida, la sencillez, la mansedumbre, la confianza y el amor deben reinar en el corazón de los hermanos y las hermanas que se reúnen para ser refrigerados y vigorizados al juntar sus luces.—Joyas de los Testimonios 1:271, 272.MPa 214.1

    No se traiga un espíritu tedioso y quejumbroso a las reuniones de oración—Muchas oraciones y testimonios son tan carentes del Espíritu de Dios como una esponja seca sin humedad; porque no tienen a Jesús morando en sus corazones. Esto hace que la reunión de oración sea fría y sin vida, y no es sorprendente que los niños odien tales reuniones. No traiga un espíritu tedioso y quejumbroso a las reuniones de oración. No intercambie ideas para ver si puede contar la historia más triste. Hay suficiente de que hablar sin tener que levantar un sentimiento doloroso. Cuando estamos dispuestos a venir como niños, conscientes de nuestras propias debilidades, y deseosos de ser instruidos por el Divino Maestro, nuestros corazones serán llenos del amor de Jesús, y anhelaremos hablar de su incomparable valor. Cesaremos de hablar de nosotros mismos. Nuestras pruebas parecerán tan insignificantes que olvidaremos mencionarlas. Gozamos de muchas bendiciones. Cultivemos la gratitud, y hablemos de las bondades de Dios.—The Signs of the Times, 4 de diciembre de 1884.MPa 214.2

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