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El Ministerio Pastoral

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    El llamado al servicio

    Jóvenes competentes deben ser animados a entrar al ministerio—Hay una urgente demanda de obreros en el campo misionero. Hacen falta hombres jóvenes para esta obra; Dios los solicita. Su educación es de primordial importancia en nuestros colegios, y en ningún caso debiera ello ignorarse o considerarse como cosa secundaria. Es una equivocación que los maestros, por el hecho de aconsejar otras ocupaciones, desanimen a los jóvenes que pudieran prepararse para realizar una obra aceptable en el ministerio. Los que presentan obstáculos para impedir a los jóvenes que se preparen para este trabajo están contrarrestando los planes de Dios y tendrán que dar cuenta de su proceder. Hay entre nosotros un elevado promedio de hombres capaces. Si sus aptitudes se pusiesen en uso, tendríamos veinte ministros en donde ahora tenemos uno.—Joyas de los Testimonios 2:416.MPa 50.1

    El llamado a predicar es probado por el ejemplo y el trabajo—Aquellos a quienes Dios ha llamado al ministerio han de dar evidencia por medio de la influencia que ejercen, que son aptos para el santo llamamiento en que se hallan. Pablo escribe “Sed ejemplo de los fieles”. ¿Deben entonces los ministros jóvenes ser excusados por su liviandad y trivialidad? ¿Se debe esperar que la iglesia escuche sus palabras, reciba su testimonio, cuando su ejemplo falsifica el carácter de Cristo, y aleja del camino donde deben andar los redimidos del Señor? ¿Qué podemos pensar de las iglesias que prestarán oído al testimonio de hombres que no tienen poder en la oración, no tienen fervor en su devoción, ni libertad en la labor personal por las almas? El Señor ha ordenado “Sed pues santos en toda vuestra conversación”. “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina. Persiste en ello, pues así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan”. La prueba del llamado de un ministro a predicar el Evangelio es vista en su ejemplo y su trabajo.—The Review and Herald, 5 de abril de 1892.MPa 50.2

    No debemos depender solamente del juicio humano al seleccionar a los ministros—Aquellos que están a punto de entrar en la sagrada obra de la enseñanza de las verdades de la Biblia al mundo deben ser cuidadosamente examinados por personas fieles y de experiencia. Después de que éstos adquieran un poco de experiencia, hay aún otro trabajo que debe ser hecho para ellos; deben ser presentados ante el Señor en oración ferviente para que él indique por su Santo Espíritu si son aceptables a él. El apóstol dice: “No impongáis las manos repentinamente sobre ningún hombre”. En los días de los apóstoles, los ministros de Dios no se atrevían a depender de su propio juicio al seleccionar o aceptar a un hombre para tomar el solemne y sagrado puesto de ser portavoces de Dios. Ellos seleccionaban a los hombres que a su juicio eran aceptables, y después los colocaban ante el Señor para ver si él los aceptaba para ser sus representantes. Nada menos que esto debe hacerse hoy.—Testimonies for the Church 4:406.MPa 50.3

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