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El Ministerio Pastoral

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    Los debates doctrinales

    Algunos ministros dependen tanto de la excitación de los debates como el borracho del vino—Los ministros a quienes les gusta debatir son los menos confiables entre nosotros, porque no se puede depender de ellos cuando el trabajo aumenta. Póngaselos en un lugar en donde hay muy poco interés, y ellos manifestarán una falta de valor, ardor y un interés real. Ellos dependen tanto en ser despertados y excitados por la emoción creada por el debate y la oposición como lo hace el borracho por un trago. Estos ministros necesitan ser convertidos de nuevo. Necesitan beber mucho de las corrientes incesantes que proceden de la Roca eterna.—Testimonies for the Church 3:217.MPa 33.1

    Hay peligro en extenderse demasiado en las doctrinas—Somos uno en la fe de las verdades fundamentales de la Palabra de Dios. Y un objetivo debe mantenerse en mente constantemente, esto es, la armonía y cooperación que deben ser mantenidos sin comprometer un solo principio de la verdad. Mientras estemos constantemente excavando por la verdad como por un tesoro escondido, tengamos cuidado de cómo descubrimos nuevas y conflictivas opiniones. Tenemos un mensaje mundial. Los mandamientos de Dios y los testimonios de Jesucristo son la carga de nuestro trabajo. Tener unidad y amor los unos por los otros es la gran obra que hay que desempeñar ahora. Hay peligro de que nuestros ministros se extiendan demasiado en las doctrinas, predicando demasiados discursos sobre asuntos de disensión, cuando sus almas necesitan una santidad práctica.—Manuscript Releases 15:23.MPa 33.2

    Predicar una verdad irrefutable puede tornar al predicador demasiado autosuficiente y muy engreído—Tenemos el más solemne mensaje de verdad que jamás haya sido enviado al mundo. Esta verdad es más y más respetada por los inconversos porque no puede ser refutada. En vista de este hecho, nuestros jóvenes llegan a ser autosuficientes y muy ingreídos. Ellos toman las verdades que han sido descubiertas por otras mentes, y sin estudio u oración ferviente se enfrentan con oponentes y se meten en disputas, participando con discursos sagaces e ingeniosos, haciéndose ilusiones de que están haciendo el trabajo de un ministro del Evangelio. A fin de estar capacitados para la obra de Dios, estos hombres necesitan una conversión tan cabal como la que Pablo experimentó. Los ministros necesitan ser verdaderos representantes de la verdad que predican. Ellos deben tener una vida espiritual más profunda, caracterizada por una mayor simpleza.—Testimonies for the Church 4:446.MPa 33.3

    Aquellos que proclaman que la iglesia es Babilonia desvían dinero de un canal de utilidad hacia un canal del mal—Los que defienden el error dirán: “El Señor dice”, “cuando el Señor no ha hablado”. Testifican una falsedad, y no la verdad. Si los que han estado proclamando el mensaje de que la iglesia es Babilonia hubieran usado el dinero gastado para publicar y hacer circular este error, en edificar en lugar de destruir, habrían hecho evidente que son el pueblo al cual Dios dirige. ... Si los que han hecho esta clase de trabajo hubieran sentido la necesidad de contestar la oración que Cristo ofreció a su Padre inmediatamente antes de su crucifixión, de que los discípulos de Cristo fueran uno como él y el Padre lo son, no estarían gastando medios que le son confiados y que tanto se necesitan para hacer progresar la verdad. No estarían gastando precioso tiempo y capacidad para diseminar el error, haciendo necesario que los obreros dediquen su tiempo para contrarrestar y anular su influencia. Una obra de este carácter es inspirada, no de lo alto sino de abajo.—Testimonios para los Ministros, 39, 41.MPa 34.1

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