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El Ministerio Pastoral

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    El enfermo

    Ministrar a los afligidos es parte del trabajo del ministro—Llegar a la gente donde esté, cualquiera que sea su posición, y condición y ayudarla en toda forma posible, esto es ministerio evangélico. Los que tienen enfermedades corporales, casi siempre están enfermos mentalmente, y cuando el alma está enferma, el cuerpo también está afectado. Los ministros deben sentir que es parte de su trabajo ministrar al enfermo y al afligido siempre que se presente la oportunidad. El ministro del Evangelio debe presentar el mensaje, el cual debe ser recibido si la gente espera ser santificada y preparada para la venida del Señor. Esta obra ha de abarcar todo lo que Cristo abarcó en su ministerio.—Testimonies for the Church 6:301.MPa 264.3

    Se debe enseñar a los miembros a visitar a los enfermos—Las iglesias han sido enseñadas de tal forma que no sienten una responsabilidad especial de visitar, hablar la verdad, orar los unos por los otros, visitar a los enfermos, alentarlos, darles simpatía y amor, y hacer manifiesto que en Cristo ellos son miembros los unos de los otros.—Manuscript Releases 6:69.MPa 264.4

    Cuando los ministros de mucha fe oran por el enfermo, la humanidad es puesta en contacto con la divinidad—Con una conciencia despierta, más de un alma afligida, que sufre dolencias corporales como resultado de la continua transgresión, clama: “Señor, ten misericordia de mí, pecador; hazme tu hijo”. Entonces es cuando el predicador, fuerte en fe, debe estar listo para decir al que sufre que hay esperanza para el arrepentido, que en Jesús todo aquel que anhela recibir ayuda y aceptación puede recibir libramiento y paz. Aquel que con mansedumbre y amor lleva así el Evangelio al alma afligida que tanto necesita de su mensaje de esperanza, es portavoz de Aquel que se dio a si mismo por la humanidad. Mientras él habla las palabras de ayuda apropiadas, y mientras eleva oración por la persona que está postrada en el lecho de dolor, Jesús hace la aplicación. Dios habla por labios humanos. El corazón se conmueve. La humanidad es puesta en contacto con la divinidad.—Obreros Evangélicos, 225, 226.MPa 265.1

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