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Mensajera del Señor

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    Valor al encontrarse sola

    En 1881 Jaime White estaba declinando rápidamente. Más de cuatro derrames cerebrales lo habían dejado física y emocionalmente débil, y el exceso de trabajo consumía la fuerza que le quedaba. El 6 de enero la Sra. White escribió que estaba perpleja en cuanto a cómo ayudar a su esposo: “Papá se ha encontrado en tal estado mental que temí que peidería la razón. Pero está decidiendo renunciar a las responsabilidades de los asuntos de oficina y dedicarse a escribir. Espero que lo haga... A veces me siento tan perpleja y angustiada que anhelo la jubilación o la muerte, pero luego reúno nuevamente valor”. 46Carta la, 1881.MDS 88.6

    Pero su verdadera prueba de fortaleza provino de un evento inesperado. Hacia el mes de mayo se la estaba criticando tanto en Battle Creek que aun sus amigos más cercanos la trataban con creciente frialdad. ¿La crítica? ¡No se podía confiar en ella porque otros la manipulaban! ¿Cómo podía ser esto? Pronto ella se dio cuenta de la tensión entre su esposo y el Dr. Kellogg.MDS 88.7

    En sus momentos oscuros de depresión y paranoia, Jaime estaba usando los escritos de su esposa para socavar la influencia del presidente y el secretario de la Asociación General (G. I. Butler y S. N. Haskell, respectivamente). Desde otra dirección, J. H. Kellogg estaba atacando a Jaime White, quien a su vez ejercía represalias. ¿Cómo se realizaban todos estos ataques desagradables? Cada uno citaba palabras de Elena de White para sustanciar sus acusaciones mutuas y para alegar que las “citas” usadas por sus oponentes no eran palabras válidas “del Señor”. Cada hombre estaba tratando de destruir la influencia de los otros, pero el verdadero daño estaba siendo inferido a Elena de White.MDS 88.8

    El 14 de junio ella les escribió a Willie y Mary en la Pacific Press, en Oakland, California: “Esta falta de armonía me está matando. Tengo que reservarme mi propio parecer y no confío en nadie [en Battle Creek]... Ahora, Willie, he escrito con toda libertad y en forma confidencial. Espero que el Señor te preservará con un buen equilibrio. Espero que no irás a los extremos en nada... y que no seas moldeado por la influencia de nadie, excepto por el Espíritu de Dios”. 47Carta 5a, 1881.MDS 89.1

    El sábado 16 de julio, Elena de White, con valor y candor, estaba lista para aclarar los malos entendidos. Les pidió a su esposo y al Dr. Kellogg que se reuniesen con ella en privado. Les leyó “una gran cantidad de páginas”. A la tardecita del próximo martes convocó a los dirigentes denominacionales en Battle Creek y les leyó las mismas páginas que les había leído a Jaime y al Dr. Kellogg.MDS 89.2

    Los resultados fueron muy positivos. Su próxima carta a Willie y Mary era alegre, iluminadora y útil para otros que han enfrentado circunstancias similares: “¿Por qué los hombres llevan siempre las cosas a los extremos? No pueden detenerse cuando han llegado a un límite correcto, pero si la conducta de uno es cuestionada, no se sentirán satisfechos hasta que lo aplasten...MDS 89.3

    “Los mismos hombres que lo condenarían [a Jaime White] por la acritud de sus palabras y por ser dictatorial y dominante, lo son diez veces más, cuando se atreven a serlo, que lo que él lo ha sido jamás... Me he sentido abrumada y transida de dolor durante meses, pero le he entregado mi carga a mi Salvador y ya no seré más como una caña cascada. En la fuerza de Jesús afirmo mi libertad...”MDS 89.4

    La carta continuaba, haciendo notar que su mayor preocupación era de que las peleas internas entre dirigentes claves proyectarían una sombra sobre la validez de su ministerio profético: “He temido constantemente que las equivocaciones y errores de mi esposo serían relacionados con los testimonios del Espíritu de Dios y que mi influencia se vería grandemente afectada. Si presento un testimonio sencillo sobre errores existentes, ellos dirán, ‘Ella está moldeada por el punto de vista y los sentimientos de su esposo’. Si repruebo a mi esposo, él sentirá que he sido severa y que otros me han instilado prejuicios contra él”.MDS 89.5

    Entonces resumió su evaluación de estas dos reuniones: “Me he sentido inválida [en espíritu], pero no debiera estarlo por más tiempo. Debiera actuar con perfecta libertad. Ellos podrán pensar de mí lo que quieran. Yo les daré reprensiones, advertencias o aliento según el Señor me lo comunique. Sus preguntas y dudas no debieran afligirme más ni cerrar mis labios. Debo cumplir con mi deber en el temor de Dios y si ellos se sienten inquietos [por dudas acerca de “influencias” que yo pudiera ejercer sobre ellos], no debiera sentirme responsable por ello. Seguiré adelante en el temor de Dios”. 48Carta 8a, 1881.MDS 89.6

    Uriah Smith, un colaborador de Jaime White por treinta años, resumió la extraordinaria ocasión con un informe optimista: “¡Oh, que todos pudiesen ser facultados para prestar atención a las buenas palabras de consejo y admonición! Entonces el espíritu religioso se reavivaría en todos nuestros corazones y la causa de Cristo prosperaría en nuestro medio”. 49Review and Herald, 19 de julio, 1881.MDS 89.7

    Sólo aquellos que estén seguros en cuanto a la misión de su vida y que sean suficientemente transparentes en su conducta como para que todos sus contemporáneos confíen en sus motivos, podrán enfrentar situaciones problemáticas con tanto valor como lo hizo Elena de White en Battle Creek, en julio de 1881.MDS 89.8

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