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Mensajera del Señor

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    Primer adventista preocupado por la salud

    Parece que José Bates, ese infatigable ex capitán de barco, fue el primero y, por algún tiempo, el único dirigente adventista que había comprendido y aceptado los principios de la salud y la causa de la enfermedad. Sobre la base de la observación y la experiencia personal, en 1824 (a la edad de 32 años) había decidido abstenerse “de todas las bebidas intoxicantes”. Anteriormente había renunciado al tabaco en todas sus formas. Después de otros siete años, decidió no beber té o café. Probablemente las conferencias de Sylvester Graham, que había escrito que “tanto el té como el café están entre los venenos más poderosos del reino vegetal”, confirmaron sus observaciones. 25 José Bates, The Autobiography of Elder Joseph Bates (Battle Creek, MI: Steam Press of the Seventh-Adventist Publishing Association, 1868), pp. 168,234. Por 1843 Bates había renunciado a alimentos con carne. 26“Respecto a los puntos menores de la reforma [de la dieta], él [Bates] ejerció una influencia callada, pero no urgió a otros a que adoptasen sus prácticas. A veces sus amigos le preguntaban por qué no participaba de carne, o grasa, o alimentos altamente condimentados, y él replicaba calmadamente, ‘Ya he comido bastante de ellos’. Ni en público ni en privado hizo prominente su punto de vista sobre la dieta adecuada a menos que se le preguntase al respecto”.—Robinson. Our Health Message, p. 59.MDS 280.3

    Sin embargo, aunque fue un mil lenta leal y más tarde un apóstol enérgico del séptimo día como día de reposo, Bates aparentemente no era un evangelista de la reforma pro salud. No expresó por escrito sus creencias firmes en la reforma pro salud ni trató de persuadir personalmente a sus asociados. 27“Respecto a los puntos menores de la reforma [de la dieta], él [Bates] ejerció una influencia callada, pero no urgió a otros a que adoptasen sus prácticas. A veces sus amigos le preguntaban por qué no participaba de carne, o grasa, o alimentos altamente condimentados, y él replicaba calmadamente, ‘Ya he comido bastante de ellos’. Ni en público ni en privado hizo prominente su punto de vista sobre la dieta adecuada a menos que se le preguntase al respecto”.—Robinson. Our Health Message, p. 59. Pero tuvo mucho éxito, mediante su folleto sobre el sábado, en convencer a Jaime y Elena White en 1846 que el séptimo día es el día de reposo del cuarto mandamiento. De allí en adelante, Bates y los White fueron dirigentes intrépidos del “rebaño esparcido”.MDS 280.4

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