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Mensajera del Señor

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    Los fenómenos físicos a menudo proveen evidencia coercitiva

    Antes de que hubiese pasado suficiente tiempo como para ser juzgado por el “fruto” de su ministerio, Jesús le señaló a Juan el Bautista las manifestaciones físicas que acompañaban su ministerio. Juan, en prisión, estaba al borde de la duda, y envió un mensaje a su primo, Jesús: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” (Mat. 11:3).MDS 35.12

    Jesús no envió de vuelta un simple, “Yo soy”. El Bautista necesitaba más que palabras. Jesús instruyó a los discípulos de Juan: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí” (vers. 4-6).MDS 36.1

    Unos pocos años más tarde, después de la ascensión de Cristo, llegó otro momento crucial en el plan de Dios: ¿Cómo las buenas nuevas de Jesucristo podrían conseguir una atención justa y favorable? ¿Podría lograrse eso mediante debates frontales o se necesitaría algo más? Dios llegó a la conclusión de que se necesitaría algo más que eso.MDS 36.2

    En el día de Pentecostés, los discípulos se reunieron para orar como había sido su costumbre desde que Cristo ascendiera al cielo (Hech. 1:14; 2:1). Aunque no eran conscientes de ello, el Señor estaba listo para darle inicio a la iglesia cristiana. ¿Cómo lo haría? Enviando fenómenos físicos junto con la palabra profética: “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hech. 2:2-4),MDS 36.3

    Con el transcurso del tiempo, los fenómenos físicos llegaron a ser menos y menos comunes porque había quedado demostrado que se le había dado a la iglesia cristiana un comienzo dramático. Estas manifestaciones maravillosas habían confirmado [las credenciales de la iglesia] a aquellos que vieron y oyeron. Los fenómenos públicos cesaron cuando hubo pasado suficiente tiempo como para que se estableciese el fruto del mensaje cristiano.MDS 36.4

    De muchas maneras los primeros días del Movimiento Adventista repitieron los primeros días de la iglesia cristiana. ¿De qué otro modo un grupo relativamente pequeño de creyentes podría obtener la atención de suficiente gente como para lanzar un movimiento destinado a abarcar el mundo? ¿De qué otra manera podría un profeta conseguir el reconocimiento que su mensaje merecía a menos que Dios acompañase las visiones con fenómenos físicos?MDS 36.5

    Los fenómenos físicos que atrajeron la atención en el día de Pentecostés no fueron el mensaje cristiano, pero indujeron a la gente a escuchar atentamente ese mensaje. De la misma manera, los fenómenos visibles (curaciones divinas, fenómenos asociados con visiones públicas, etc.) asociados con el ministerio inicial de Elena de White, no fueron, y no son, su mensaje. Ni necesariamente son una prueba de sus credenciales divinas. Pero los fenómenos físicos atrajeron la atención de sus contemporáneos, y ella retuvo esa atención hasta que muchos se convencieron de que su mensaje era una palabra que provenía de Dios. Con el transcurso del tiempo, después de que miles se convencieron del fruto de sus mensajes, las visiones públicas, acompañadas de fenómenos físicos, se volvieron menos frecuentes. Sin embargo, Dios continuó hablando a su profetisa mediante visiones nocturnas. La calidad del consejo continuó siendo la misma, pero sin los fenómenos físicos. 13Escribiendo más tarde, Elena de White se refirió a los fenómenos físicos que jugaron una parte importante en conexión con su temprano ministerio: “Algunas de las instrucciones encontradas en estas páginas fueron dadas bajo circunstancias tan notables como para evidenciar el poder de Dios, hacedor de maravillas, en favor de su verdad... Estos mensajes fueron así dados para sustanciar la fe de todos, para que en estos últimos días podamos confiar en el Espíritu de profecía”.— Review and Herald, 14 de junio, 1906. Ver p.28.MDS 36.6

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