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Mensajera del Señor

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    Sola Scriptura (la Biblia sola)

    “La Biblia y la Biblia sola” fue la premisa fundamental de los reformadores protestantes, ya sea Lutero en Alemania, Zuinglio y Calvino en Suiza, o Farel en Francia. En otras palabras, para los reformadores la Biblia reemplazaba a las autoridades humanas. Pero esta insistencia heroica en “la Biblia sola” como la regla de fe y práctica del cristiano requiere tres observaciones: (1) los reformadores tenían dificultad en aceptar toda la Biblia; (2) no comprendían plenamente la continuidad de los dones espirituales que la Biblia enseña expresamente; y (3) diferían ampliamente en cuanto a qué quería decir la Biblia. Claramente, la consigna no era suficiente en sí misma.MDS 377.2

    La primera observación es respaldada por el hecho de que Lutero tenía gran dificultad con los libros de Santiago, Hebreos y Apocalipsis. Calvino descartaba virtualmente el libro de Apocalipsis. Otros reformadores rechazaban el Antiguo Testamento. En realidad, reformadores posteriores que trataron de lograr que los principales reformadores como Lutero viesen la integridad de toda la Biblia, fueron tratados como heréticos.35 En la década de 1520 los anabaptistas sabatistas afirmaron que el Antiguo y el Nuevo Testamento son indivisibles. “En este respecto ellos estaban muy adelantados a su tiempo”. — Gerhard Hasel, “Sabbatarian Anabaptists of the Sixteenth Century: Part II”, Andrews University Seminary Studies, 6 (1968), p. 28.MDS 377.3

    La segunda y tercera observaciones, para nuestros propósitos, se refieren especialmente a Elena de White. ¿Cuál era su comprensión de ese principio protestante vital, “La Biblia y la Biblia sola”? 36El conflicto de los siglos, pp. 284-285. Ella usó la frase a menudo y con precisión. La usó como la usaban los reformadores, como autoridad; esto es, la Biblia permanecía por encima y sola en contraste con los dogmas papales, los concilios y los escritos de los padres de la iglesia. Para ella, al igual que para los reformadores, la verdad de la salvación se encuentra en la Biblia, no en decretos papales o en los votos de los concilios de la iglesia.MDS 377.4

    Ella escribió: “El gran principio que sostenían estos reformadores... era la infalible autoridad de las Santas Escrituras como regla de fe y práctica. Negaban a los papas, a los concilios, a los padres y a los reyes todo derecho para dominar las conciencias en asuntos de religión”. 37Id, p. 291; ver también pp. 95-96, 335,653. “[Lutero] declaraba firmemente que los cristianos no debieran admitir más doctrinas que las que tuviesen apoyo en la autoridad de las Sagradas Escrituras. Estas palabras minaban los cimientos en que descansaba la supremacía papal. Contenían los principios vitales de la Reforma”. — Id, p. 135.MDS 377.5

    Ella también usó este “principio vital” en agudo contraste con los entusiastas de Zwickau en tiempo de Lutero que se permitían guiarse primariamente por sus sentimientos, los que ellos suponían que estaban dirigidos por el Espíritu Santo. Escribió la Sra. White: “Rechazaban el gran principio que era la base misma de la Reforma, es a saber, que la Palabra de Dios es la regla perfecta de fe y práctica; y en lugar de tan infalible guía sustituían la norma variable e insegura de sus propios sentimientos e impresiones. Y así, por haberse despreciado al único medio seguro de descubrir el engaño y la mentira se le abrió camino a Satanás para que a su antojo dominase los espíritus”.38Id, p. 197.MDS 377.6

    Para Elena de White, la Biblia era siempre la piedra de toque de la verdad. Ninguna otra norma era necesaria o legítima: “Recomiendo al amable lector la Palabra de Dios como regla de fe y práctica. Por esa Palabra hemos de ser juzgados”.39Primeros escritos, p. 78 (1851). En 1909, en su última presentación pública en una sesión de la Asociación General, ella dejó el púlpito para ir a su asiento después de haber terminado su sermón. Pero regresó y, levantando la Biblia con la que había estado predicando, la abrió y la sostuvo con manos temblorosas por la edad, diciendo: “Hermanos y hermanas, os recomiendo este libro”.40Bio. , t. 6, p. 197. En 1898, al narrar lo ocurrido en las reuniones evangelísticas de Newcastle en N.S.W., Australia, Elena de White escribió: “No encubrimos en absoluto nuestra bandera de verdad. Les hicimos saber que somos adventistas del séptimo día porque creemos en la Biblia. La Biblia y la Biblia sola es el fundamento de nuestra fe. Antes de que terminen estas reuniones, la gente sabrá en base a las Escrituras por qué somos un pueblo peculiar. La Palabra es el fundamento de nuestra fe”. — Id., t. 4, p. 374.MDS 377.7

    Ella contrastó la frase, “la Biblia y la Biblia sola”, con puntos de vista humanos y cualquier otra forma de expresar “posiciones de tradiciones religiosas no bíblicas, experiencia, posición eclesiástica y razón humana”.41 Damsteegt, “Ellen White on Theology”, Journal of the Adventist Theological Society, otoño, 1993, p. 129.MDS 377.8

    Los profetas bíblicos siempre señalaron a las Escrituras previamente aceptadas como el criterio de fe y práctica. Mucho antes que se previera la existencia del Antiguo Testamento, hombres como el rey Josías (2 Rey. 22), Esdras y Nehemías (Neh. 8), y Daniel (Dan. 9) se refirieron a los profetas previos como portadores de la Palabra de Dios. Nunca ni siquiera entró en la mente de muchos de esos profetas que sus escritos serían eventualmente clasificados con los escritos de Moisés. Cuando Pablo predicó el Evangelio, la Biblia que él usó como autoridad fue el Antiguo Testamento. No tenía idea de que sus cartas constituirían una parte principal de lo que se llamaría el Nuevo Testamento.MDS 378.1

    Cada escritor bíblico fue juzgado posteriormente como digno de confianza por el hecho de que sus escritos satisfacían la prueba de Isaías 8:20: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Además, aquellos que leían estos escritos descubrían la voz de Dios hablando a sus almas. Efectivamente, una de las pruebas principales de un profeta es que armonice con mensajes inspirados previos.42“La Biblia debe ser vuestro consejero. Estudiadla y estudiad los testimonios que Dios ha dado, porque ellos nunca contradicen esta Palabra”. — Mensajes selectos, t. 3, p. 35. “Si los Testimonios no hablan según la Palabra de Dios, rechazadlos. No puede haber unión entre Cristo y Belial”. — Joyas de los testimonios, t. 2, p. 302.MDS 378.2

    De este modo, sola scriptura significa que toda pretensión de autoridad divina debe satisfacer la norma de mensajes proféticos previamente aceptados. Apelaciones al sentimiento personal o a experiencias dramáticas, por un lado, 43“Aun la obra del Espíritu Santo sobre el corazón ha de ser probada por la Palabra de Dios. El Espíritu que inspiró las Escrituras, siempre conduce a las Escrituras”. — General Conference Daily Bulletin, 13 de abril, 1891, citado en Men sajes selectos, t 1, p. 49. o apelaciones a autoridades humanas tales como concilios eclesiásticos o teólogos respetados, por el otro, no son en sí mismas evidencias de que Dios ha hablado.MDS 378.3

    La consigna, “La Biblia y la Biblia sola”, significa que los mensajes de cada profeta posterior tendrían que ser juzgados por su fidelidad a los mensajes anteriores. Además de eso, esta frase significa que debe honrarse todo lo que la Biblia ha enseñado, incluyendo su declaración de que el “don de profecía” continuaría hasta el fin del tiempo. Por lo tanto, sola scriptura no significa que Dios no planee dar más información a hombres y mujeres a través del “don de profecía”, porque eso sería un non sequitur [conclusión errónea]; negaría un principio bíblico. 44“En los tiempos antiguos Dios habló a los hombres por la boca de los profetas y apóstoles. En estos días les habla por los Testimonios de su Espíritu. Nunca hubo un tiempo en que Dios instruyera a su pueblo más fervientemente de lo que lo instruye ahora acerca de su voluntad y de la conducta que quiere que siga”. — Joyas de los testimonios, t. 2, p. 276.MDS 378.4

    Los primeros adventistas sabían que aceptar a Elena de White como una mensajera de Dios conduciría a desacuerdos con otros grupos cristianos. Al comienzo del ministerio de su esposa, Jaime White hizo claro que el cristiano “debería orar fervientemente para ser ayudado por el Espíritu Santo en el escudriñamiento de las Escrituras en busca de toda la verdad y de todo su deber. No está en libertad para apartarse de ellas a fin de aprender su deber mediante cualquiera de los dones. Afirmamos que en el mismo momento que lo hace, coloca los dones en un lugar erróneo, y asume una posición extremadamente peligrosa. La Palabra debiera estar al frente, y el ojo de la iglesia debiera fijarse en ella como la regla por la cual caminar y la fuente de sabiduría”. 45Review and Herald, 21 de abril, 1851; ver también Id, 28 de febrero, 1856.MDS 378.5

    Los primeros adventistas también sabían que otros cristianos sostendrían que el ministerio de Elena de White violaba el principio protestante de “la Biblia y la Biblia sola”. Pero los adventistas respondían “que era a causa de su confianza en las Escrituras que aceptaban el ministerio de Elena de White como vital para ellos”. 46 Roy Graham, “How the Gift of Prophecy Relates to God’s Word”, Adventist Review, 14 de octubre, 1982. “Durante las épocas en que las Escrituras tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento eran entregadas a la circulación, el Espíritu Santo no dejó de comunicar luz a individualidades aisladas, amén de las revelaciones que debían ser incorporadas en el Sagrado Canon. La Biblia misma da cuenta de cómo, por intermedio del Espíritu Santo, ciertos hombres recibieron advertencias, censuras, consejos e instrucción que no se referían en nada a lo dado en las Escrituras. También habla de profetas que vivieron en diferentes épocas, pero sin hacer mención alguna de sus declaraciones. Asimismo, una vez cerrado el canon de las Escrituras, el Espíritu Santo debía llevar adelante su obra de esclarecimiento, de amonestación y consuelo en bien de los hijos de Dios”. — El conflicto de los siglos, pp. 10-11. MDS 378.6

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