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Mensajera del Señor

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    Bajo índice de éxito

    ¿Cuán exitosos fueron los profetas? Sólo en forma mínima, para gran detrimento de aquellos dirigentes nacionales que los rechazaron. Notemos a Joacim (Jer. 36), para quien el profeta Jeremías, por orden divina, debía escribir palabras de condenación y esperanza. Baruc, el ayudante editorial de Jeremías, leyó el mensaje “a oídos del pueblo” (vers. 10). El rollo pronto estuvo en las manos de los consejeros de la corte, quienes también se sintieron grandemente impresionados. Instaron al rey Joacim a que también leyese el mensaje de Jeremías. El rey le pidió a Jehudí que lo leyese en voz alta.MDS 11.8

    Pero cuando el ministro de confianza del rey hubo leído sólo “tres o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego... Y no tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos” (Jer. 36:23-24).MDS 11.9

    Desafortunadamente, Joacim fue un símbolo de muchos dirigentes espirituales, aun de dirigentes cristianos de nuestro tiempo, que si pudiesen, destruirían completamente el mensaje de Dios y a sus mensajeros. Muchos han tratado a través de los años, ya sea con “un cortaplumas de escriba” o mediante el “descuido benigno”, de anular la efectividad de un profeta, pero el mensaje de Dios sobrevive para aquellos que procuran conocer su voluntad.MDS 11.10

    David es otro ejemplo de un dirigente israelita que recibió un mensaje de reproche de parte de un profeta. Pero el resultado fue el opuesto a la experiencia de Joacim. Después que el rey David hubo matado a Urías, de modo que pudiese casarse con Betsabé, la esposa de Urías, Dios le dijo al profeta Natán que enfrentase al rey. Sin tratar de velar sus palabras con “simpatía” o con concesiones, Natán apuntó con su índice a David y pronunció el mensaje de condenación de Dios: “Tú eres aquel hombre” (2 Sam. 12:7). David aceptó la palabra del Señor y capituló: “¡He pecado contra el Señor!” (2 Sam. 12:13, Nueva Biblia Española; ver también Sal. 51). David es uno de los ejemplos más excelentes de aquellos que han prestado atención a las palabras condenatorias del Señor, cambiando de ese modo su futuro para bien. Su ejemplo ha sido repetido muchas veces en la historia de la iglesia.MDS 12.1

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